domingo, marzo 1

Cotilleos, los justos y necesarios

Me preguntaba el otro día alguien con quien comparto afiliación al Gran Oriente por qué hablo tan poco de la Obediencia en el blog. La razón es sencilla: No tengo mucho que decir ni soy ninguna voz autorizada sobre el particular. El Gran Oriente de Francia tiene sus cauces para hablar; lo mismo sucede con la Logia a la que pertenezco y ahí se acaba todo. Cierto es que no dejo de tener opinión propia sobre las cosas que pasan, sobre el lugar en el que se ha de celebrar el próximo Convento de 2010, o sobre la polémica que no debería existir en torno a las prácticas rituales de la Obediencia. Tengo también opinión sobre la mecánica de implantación en España o sobre las buenas, malas o peores relaciones que pueda haber en cada momento con instituciones de todo tipo, incluídas otras obediencias masónicas. Pero no me corresponde a mí expandir a los cuatro vientos aquello que en la mayor parte de los casos considero asuntos internos, en torno a los cuales tejer malestar y discordancia suele revelarse como una práctica bastante inútil a la par que nociva.
Quienes sigan el blog observarán que cuando me meto en harina es fundamentalmente porque la cuestión de que se trate ha rebasado los muros de la patria mía y ya aparece publicada en los periódicos. Ejemplo: el derecho de todos los seres humanos a ser iniciados en el seno del Gran Oriente de Francia. De todos modos mi posición es muy clara: Consolidar la masonería adogmática y liberal en el lugar en el que vivo.
Ahora habrá quien se pregunte si subo o bajo la escalera. Y hace muy bien en interrogarse. No en vano uno tiene muy cercanos y presentes sus orígenes en la tierra de Castelao.

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