domingo, febrero 8

La verdadera enfermedad


Acabo de escuchar al Jefe del Estado Vaticano hablar otra vez del asunto de Eluana Englaro, la mujer italiana que lleva los últimos diecisiete años siendo alimentada artificialmente, y centrando en este momento un debate social en torno al final de la existencia humana.
Ya el otro día contaba algo sobre el propósito del gobierno italiano actual de sacarse una ley de la manga para incumplir la sentencia del Tribunal Supremo italiano, que había autorizado tras una enconada batalla en los tribunales que el proceso de alimentación fuera suspendido, permitiendo a Eluana morir por fin.
Se da la particularidad en este caso de que consta que la voluntad de Eluana Englaro no era precisamente la que se ha llevado en esos diecisiete años de los que hablaba antes. Su deseo era el de morirse y no permanecer enchufada a ninguna maquinaria que prolongara su existencia inutilmente. Esa ha sido, quizás, una de las razones que han mantenido los ánimos de su padre para aguantar entero -o al menos de pie como un árbol- este vaivén de cámaras y micrófonos, unidos a los despropósitos del honrado empresario metido a jefe del gobierno italiano y de la ultraderecha que le sostiene en la silla.
Pero cuando se es infalible y además se está en posesión de la verdad ¿a quién coño le importa lo que piensen los demás? Lo ha dejado muy claro el Papa esta mañana. Para él la verdadera enfermedad es la ausencia de Dios. Lo demás deben ser daños colaterales que tienen solución en el otro mundo. Y esto, como son valores absolutos, es aplicable a todo el mundo sin excepciones de ninguna indole.
Las cadenas de televisión y radio de la Iglesia, y también los medios controlados por el honrado empresario metido a jefe de gobierno, han machacado hoy sin descanso sosteniendo la versión oficial, que asaltará mañana el Parlamento de la República Italaiana para cosolidar la "defensa de la vida" como uno de sus valores fundamentales. Peregrinaciones, misas... Todo un alarde de fuerza que quiere llevarse por delante en Italia la leve idea de que la Iglesia y el Estado son dos cosas diferentes y separadas.
Ahora que me cuenten en qué se diferencia este planteamiento en el que lo religioso está por encima de todo, incluso por encima de la voluntad de quien no comparte tal criterio, del que se sostiene en países como Irán o Arabia Saudí, donde te pueden colgar de una grúa por ser homosexual o apedrearte por ser una adúltera (todos sabemos ya que a las divinidades les interesa mucho lo que suceden en las alcobas).
No me daba cuenta mientras escribía el último párrafo de que sí hay una diferencia fundamental: La creencia en la que se basa el Jefe del Estado Vaticano y el honrado empresario metido a jefe de gobierno es la verdadera. La auténtica. La fetén. Lo de Irán y Arabia Saudí son, a buen seguro, suposiciones erróneas inspiradas por el maligno o, simplificando, pura falsedad, que de los moros ya se sabe que no nos podemos fiar nunca.
Me pregunto con cierta amargura para qué queremos parlamentos, elecciones, textos legales, abogados, jueces, funcionarios de correos y maestros... Sólo necesitamos escuchar al hombre de los sombreros, porque la verdadera enfermedad debe consistir también en haber incurrido en todos estos excesos de personal y medios, tras siglos de guerras religiosas, de resistencia frente a los dogmatismos confesionales y políticos, y haber alumbrado aquello que se vino en llamar "el espíritu de las lueces". Ahí fue cuando debió empezar a joderse el Perú, pensará don Benedicto y compañía.
Qué fácil sería todo, sin embargo, si dejáramos que cada uno actuara en el mundo de acuerdo con sus creencias íntimas y particulares, y respetara a la vez las de los demás no pretendiendo imponerlas. Pero claro, ése sería el fin de muchas cosas tal y como las conocemos desde hace miles de años.
A pesar de todo, Vive la France! Vive la democracie! (para quien desconozca el significado de estas palabras, son las que grita una rubia entre sollozos en la famosa escena de "La Marseillaise", de la película "Casablanca". Y es que, con estos tiempos que corren hay que sollozar mucho, pero también conservar la capacidad para dar cuatro voces a tiempo y formar nuestros batallones.

9 comentarios:

Al Kaffir dijo...

¡Ay, ay!¡Que barbaridad!Y luego los de enfrente dicen que "¡España se rompe!" o "¡Quieren acabar con la iglesia!" con el mismo desarraigo y amargura que escucho aquí. El problema es que no se puede actuar con tus creencias sin influir a los demas, por ejemplo cuando quieres poner una república no pueden seguir existiendo una monarquía y el que sea monarquico que se...chinche. Puede seguir así toda la vida, quejandose de los que usted considera que son unos retrogrados y unos "carcas". Ellos se quejarán de que usted es un sabiondo y un "progre". Usted piensa que su ideario, aunque alguna idea la hay que tragar porque viene en el pack, es la mejor para el mundo. Ellos piensan que las suyas, aunque haya que comulgar con alguna rueda de molino, son "lo normal" ¿Y que? ¿Se siente poseedor de la verdad absoluta? ¿Puede entender que quizá alguien conciba la vida de otra manera, aunque sea contraria a la suya?.
Al final, usted tampoco respeta las creencias de los otros y quiere que se impongan las suyas. ¡Y es que es así! O a Eulana se la deja de alímentar para que pueda morir dignamente o no porque la vida es un bien muy valioso y se ha de defender a toda costa. Se impone la educación para la cuidadanía para que la formación social y moral no sea solo exclusiva de familia e iglesia o no se impone por ser un instrumento de aleccionamiento político de un partido. Y así con mil cosas.
Así que le recomiendo que deje esa moralina de "buen rollismo" de vivir como quieras y respetar al otro cuando sus posiciones son diametralmente opuestas y ahorrenos el espectaculo de la alegria desbordante cuando consigue colarles una y la plañidera cuando se la dan a usted.
¿Quien va a ganar al final? Ni idea. A mi no me pregunte, yo solo soy un kaffir, un descreido, un hereje que ve la pelea desde la barrera y piensa "Vaya banda".

Ricardo Fernández dijo...

¿Cree Ud. que yo quiero que se impongan mis creencias?
¿Cree que yo quiero que se imponga, por ejemplo el aborto a todo el mundo, o simplemente que se pueda abortar con garantías? ¿Cree que quiero que todo el mundo se case por lo civil o que las personas puedan casarse por lo civil? ¿O que llegado determinado momento nos "eutanasien" a todos o que a uno no se le pueda imponer una determinada concepción de la vida?
Perdone, pero creo que me he explicado muy mal si piensa que yo quiero imponer mi voluntad. Más bien creo que se trata de que no podamos imponernos voluntades unos a otros.
En todo caso no debemos mezclar las cosas: A mí puede gustarme más una República, pero acepto que mi padre, mi madre o mis abuelos hayan votado un "dejadlo como está". Pensaba que en lo de las urnas habíamos encontrado cierto consenso. Acepto, lo aceptamos la gran mayoría, que un proceso electoral decida cómo nos gestionamos y quién va a hacerlo.
Pero eso no tiene nada que ver con las creencias íntimas de cada uno, con los credos religiosos...
Mezclar lo de la Educación para la Ciudadanía tampoco tiene mucho sentido a mi modo de ver: ya ha pasado casi todos los filtros el asunto. Es el fruto de un proceso legislativo y ya le han echado el ojo los tribunales. Lo siento, pero no es el caso italiano, donde el poder ejecutivo va a intentar promulgar una norma de urgencia para burlar una decisión judicial.
Créame, yo pienso así. No es cosa de "buen rollo". Yendo de "mal rollo" ya sabemos lo que sucede; en todo caso, espectáculos pocos. Me pongo contento escasas veces. Muy escasa veces. Y de plañidera actúo muy mal.
Lo dicho, yo no estoy en posesión de la verdad, pero confío en que el hombre del blanco y quienes le siguen no me obliguen a tragar su "verdad". Lo único que yo quiero es que me dejen tranquilo y para eso no pueden verse los toros desde la barrera ¡Pero respeto al respetable!

Anónimo dijo...

Hola

Al kaffir, como puede decir que esta viendo la pelea desde la barrera, si ha entrado como un Miura.

Andabao

Al Kaffir dijo...

Quizá el Sr. Andabao tenga razón y he entrado un poco fuerte, disculpen si alguien se sintió ofendido. Todo lo que el Sr. Ricardo cuenta está muy bien, es comprensible y compartible, pero quizá veo una diferencia, al menos con la iglesia, ya que con ella hemos dado, que decía Quijote a Sancho, y es que cuando se trata de la vida humana no está dispuesta a retroceder un ápice. Podríamos decir que consideran el hecho de quitar la vida solo corresponde a ese Dios tan abstracto al que adoran y del que hacen tan diversas lecturas. El hecho de que pueda alguien, por voluntad propia, acabar con una vida es para ellos anatema y están dispuestos a luchar contra eso por todos los medios, no les vale que se tenga el derecho a hacerlo, no pueden consentir que se haga, no es negociable.
No me interpreten mal, no les quiero disculpar, pero estoy seguro que ustedes también estarían dispuestos a luchar a brazo partido contra algo que consideran una injusticia, un abuso o un crimen. Y quizá ellos deberían mirar mas donde de verdad se están produciendo mas “arrebatamientos” de vidas que en los contados casos de la eutanasia, la cual yo comprendo y comparto, o del aborto, que reconozco que me cuesta un poco (bastante) más.
Se preguntarán que a que viene toda esta diatriba. Pues viene a que llevo un tiempo viendo en este blog, al que me gusta venir a desintoxicarme después de ver otros, que empieza a verse demasiadas mitras y sotanas como ilustración a lo que se expone, miren sino la cantidad de clérigos que se muestran en efigie en las últimas entradas. Me parece correcto que se denuncie, se critique e incluso se ironice cada vez que algún tonsurado hace de las suyas, me parece sano y hay que darle en todo lo alto y bien fuerte, pero me parece que están apareciendo casos de una cierta gratuidad, como el caso de la entrada del 28 de Diciembre titulada “Concentración” en la que se utilizaba bastante sorna para informar de cierta reunión en la plaza de Colón de Madrid. Yo no pido que se tenga que llevar un tratado de buenas maneras y menos con ellos que no son precisamente el colmo de la compostura, pero me temo que esto se está haciendo algo personal y de ahí al odio no hay mucho trecho. Centrémonos en los hechos y no en las personas, creo que así mantendremos la cordura que tanto desprecian algunos.
También se preguntaran por que este “kaffir”, este hereje, se ruca tanto con el tema religioso. Es porque la religión, como otras creencias personales, son demasiado íntimas como para que una opinión, una crítica o la evidencia de un clérigo malhechor las pueda cambiar, y no están regidas por el cerebro sino por el corazón, así que, como con las cosas de comer, prefiero no tocar.

Anónimo dijo...

Querido Al kaffir

Estoy deacuero en que este blog ultimamente abunda demasiada sotana (aunque creo que por distintos motivos). Tiene toda la razón, que se manifiesten todo lo que quieran, mientras los pulpitos no los pague el alcalde de turno.

Atentamente
Andabao

Ricardo Fernández dijo...

Estoy de acuerdo, Sr. Al Kaffir con lo que dice y a lo que ya aludía el otro día en algo que escribí por ahí: Una creencia religiosa tiene sus desventajas y sus ventajas -supongo-. Entre las desventajas está el hecho de que uno no puede cuestionarse nada. Si la vida es un valor que hay que defender a capa y espada, pues eso: hay que defenderlo a capa y espada. Pero seguimos teniendo el problema de que religiones y creencias hay muchas, y no podemos hacerle caso a todas. Yo veo muy bien que cada católico o cada musulmán pretenda defender las consecuencias de su credo ¡Pero aplicadas sobre sus respectivos creyentes, no sobre los que no lo son o los que piensan otra cosa! Por eso la insistencia en los planteamientos laicistas que, creo, no tienen nada que ver con anticlericalismos ni persecuciones.
En lo del exceso de casullas tiene toda la razón del mundo, pero es que los días se han prestado a ello. El sábado me di cuenta de que no había más que mitras en la página principal. Y ya me cansaba. Luego surgió lo de Eluana... En fin, no lo tome por odio, que no lo es: más una legítima defensa que otra cosa.
Fíjese que hoy iba a dedicarle un guiño a Saramago, que quería tirarle un zapato a algún cardenal (parece que lo de los zapatos está de moda ¡Hasta un Fiscal amenazó con uno en el Campoamor a una soprano el otro día!), pero creo que lo dejaré para otro día porque ya me cansé por unos días de tanto dogma.

Ricardo Fernández dijo...

Don Andabao: Los púlpitos los pagamos todos ¡Y hasta dos y tres veces!
Y no lo olvide, el que calla otorga, y además no existe.

Al Kaffir dijo...

Bueno, pues zanjemos la cuestión. Y ponga a Saramago, que me cae bien. Y ¿Tan mal cantaba la soprano como para merecer tal amenaza zapatuna?

Ricardo Fernández dijo...

Bueno, pues vamos a buscar a Saramago y luego dejaremos al clero descansando unos días.
Y en cuanto a lo del zapato me imagino que estará al corriente. Yo no me lo podía creer, pero lo confirmó el propio fiscal el otro día en un artículo en La Nueva España. Según él era la única forma que tenía de ejercer su derecho a la libertad de expresión: No podía vociferar poque tenía una afonía y tampoco patalear porque tenía un fuerte dolor en la rodilla. Así que no le quedó, al pobre, más remedio que blandir un zapato desde la primera fila.
Creo que se trataba de la primera representación de "Un ballo in maschera" y la escenografía resultaba un tanto "rompedora". A la primera representación -por lo que me han contado- va un público muy especial y hubo un tremendo pataleo. En la segunda representación -también por lo que me han contado- se cosecharon aplausos. El que me dijeron que había estado un poco flojo fue el tenor...