jueves, febrero 5

Eluana Englaro

En Italia se defiende la existencia humana por encima de todo y con independencia de la calidad con que ésta vaya a desarrollarse. Así, una persona puede llevar 17 años en coma vegetativo y el Tribunal Supremo haber autorizado su "desconexión". Da lo mismo: El Primer Ministro se sacará repentinamente de la manga un Decreto Ley que convertirá en papel mojado cualquier pronunciamiento judicial. Es lo que acaba de suceder en el caso de Eluana Englaro, la joven italiana que ni es ni existe, y es mantenida artificialmente "con vida".
La opinión pública del país mediterráneo asiste un tanto atónita al espectáculo, y hasta algún mandatario eclesiástico ha llegado a pedir que la desconecten y la dejen morir tranquila.
Este es otro pequeño ejemplo más de cómo se nos impone eso que algunos llaman "moral", y que no me parece más que un vulgar encarnizamiento fundado en unos valores que podrán ser muy absolutos para alguno o para muchos, pero no para mí. Y no para otros tantos y otros muchos. Sucede en Italia y ha sucedido en más lugares del mundo entre los cuales nuestro solar no ha quedado al margen: El valor de la vida a sangre y fuego. El valor de la existencia humana por encima de todo. Discutir eso es defender la cultura de la muerte, el hedonismo, el relativismo, el laicismo radical, alejar al hombre de Dios...
Recuerdo ahora, mientras escribo, que el Gran Oriente de Francia ha puesto un empeño desde hace ya mucho tiempo y a través de su Comisión de Bioética, en pergeñar las líneas maestras que ha de tener el contorno de una hipotética normativa sobre el final de la existencia humana y las situaciones de dependencia. Y queda claro que la preocupación no es ni artificial, ni infundada. Porque el día menos pensado llega el Berlusconi de turno, se pasa a Montesquieu por el forro de las entretelas y te dice que, o eres muy guapa y te pueden violar los rumanos, o te tienes que aguantar con una sonda en algún orificio practicable, enfriando en la cama de un hospital hasta el final de los tiempos.
Vergonzoso lo que de Italia llega en el día de hoy, cuando nos ha visitado el vicepapa Bertone para marcharse aparentemente feliz, pero con envidia del modelo morado de María Teresa Fernández de la Vega; y afirmando nada menos, después de tanta manifestación, que aquí no se ataca a la familia ni a la educación, y que Zapatero le ha prometido que se tendrá en cuenta lo de que somos una unidad de destino en lo universal a la hora de reformar la Ley de Libertad Religiosa... ¿Acabaremos como los italianos, con un chulo lleno de injertos capilares y lamentado el vuelo de las sotanas? Todo es posible. De momento ya nos hemos quedado sin eutanasia y con la Iglesia católica, la única y verdadera, bien tranquila por una buena temporada. La crisis.

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