domingo, noviembre 30

Crucifijos en las aulas


Ayer Javier Arenas, ex Ministro de Trabajo, eterno candidato a la Presidencia de la Junta de Andalucía y soporte del maltrecho liderazgo de Mariano Rajoy, ponía en su boca la palabra "cruzada", para acusar de emprender tal empresa a quienes pretenden la retirada de los crucifijos de las aulas públicas o financiadas con dinero público. Javier Arenas hacía referencia una vez más al tan manido argumento de "respeto al credo mayoritario de los españoles" olvidando que tal criterio no es aplicable en materia de libertad de conciencia y de derechos fundamentales.
Un país como el nuestro, con un millón de habitantes que profesan el credo islámico, y dos ciudades autónomas en las que la religión verdadera no es la mayoritariamente seguida, y donde no existe según el texto constitucional una religión oficial del Estado, no puede andar jugando con esto de los credos mayoritarios. Pero no vamos a pedirle peras al olmo: Si la ministra de educación tuvo que cambiar el discurso en apenas unas horas y de forma desafortunada, no podemos esperar que acierten en su discurso aquellos que echan de menos la cobertura de los palios.
Ahora, los tolerantes, los respetuosos, los que ponen la otra mejilla y se dejan prender, los aprendices de mártir, los eternos perseguidos, se dedican a acosar a la hija del diabólico padre que acudió, en Valladolid, a la vía contencioso administrativa para defender sus derechos constitucionales... Vivir para seguir viendo.

Os dejo con Javier Pérez Royo, que lo cuenta muy bien en un artículo aparecido en el diario El País el pasado día 28 de noviembre. Como siempre, buena lectura.

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Crucifijos en las aulas.-

La decisión acerca de si se puede admitir o no la presencia de crucifijos en las aulas está tomada. Es una decisión que adoptó el constituyente de 1978 al redactar el artículo 16 de la Constitución en los términos en que lo hizo. El Estado español es un Estado aconfesional y, en consecuencia, "nadie podrá ser obligado a declarar sobre su (...) religión o creencias" (art. 16.2 CE) y ninguna "confesión tendrá carácter estatal" (art. 16.3).

No nos encontramos ante una decisión que tengan que tomar los consejos escolares, o las consejerías de educación de las comunidades autónomas o el Ministerio de Educación, porque la decisión ya la tomó el constituyente. Desde el 29 de diciembre de 1978 cada ciudadano, y subrayo lo de cada ciudadano, es titular del derecho fundamental a la libertad religiosa y ese derecho tiene que serle respetado por los poderes públicos y por los demás ciudadanos sin excepción, ya que, como dice el artículo 9.1 CE: "Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución". Ni siquiera las Cortes Generales podrían tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas, pues, en el supuesto de que aprobaran una ley en ese sentido, la ley sería anticonstitucional. En mi opinión, ni siquiera mediante la revisión de la Constitución contemplada en el artículo 168, que sería la vía apropiada para reformar el artículo 16 CE, se podría tomar esa decisión, ya que la no confesionalidad del Estado pertenece al núcleo esencial del Estado constitucional, que dejaría de serlo en el caso de que se convirtiera en un Estado confesional. Estado constitucional y Estado confesional es una contradicción en los términos. Pero, en todo caso, para tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas, habría previamente que revisar la Constitución, esto es, adoptar la decisión por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras en dos legislaturas consecutivas y someter la decisión después a referéndum.

Desde el 29 de diciembre de 1978 debería haberse procedido de oficio a la retirada de todos los crucifijos de las escuelas. La retirada o no retirada de los crucifijos no es asunto que pueda ser sometido a discusión, ya que ello obligaría a que quienes participan en la discusión tengan que hacer públicas "su religión o sus creencias" y esto es algo que está expresamente vedado por la Constitución. La simple formulación de la pregunta ya sería anticonstitucional.

Lo que, a su vez, quiere decir que a nadie tendría que ponérsele en la tesitura de tener que hacer una reclamación para que se retiren los crucifijos y, menos todavía, que tenga que interponer un recurso ante los tribunales de justicia para que se ordene la retirada. Esto ya supone una vulneración del derecho a la libertad religiosa de la persona que reclama o recurre.

Los derechos fundamentales son derechos de los individuos. Los consejos escolares no son titulares del derecho a la libertad religiosa y, en consecuencia, no pueden decidir ni por mayoría ni por unanimidad si quieren mantener o no los crucifijos en las escuelas. Mantener esa postura es desconocer de la manera más completa qué son los derechos fundamentales y qué lugar ocupan en nuestro ordenamiento constitucional. De ahí que no pueda entender las declaraciones de la ministra de Educación en la Cadena SER acerca de que la retirada o no de los crucifijos dependería de lo que decidieran en cada centro los consejos escolares. A los 30 años de la entrada en vigor de la Constitución resulta increíble que todavía andemos con disputas de esta naturaleza. También la Junta de Andalucía tendría que corregir su posición que resulta constitucionalmente insostenible.

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