domingo, noviembre 9

Cristales rotos


Setenta años después de aquella noche, la civilizada Europa recuerda el horror de sus acciones y omisiones. El alemán vuelve a ser un idioma para expresar admiración y respeto hacia los demás, judíos o gentiles, y no un arma de destrucción masiva (aunque siga habiendo ultraortodoxos a los que les produzca urticaria escuchar a la señora Merkel hablando en su lengua madre en la Knéset -Parlamento de Israel-). Sí, setenta años después miramos hacia atrás conjurándonos para que no vuelva a pasar lo que sigue sucediendo todos los días en un sitio o en otro pero, parece, no en la buena, noble y leal Europa. Al menos, si es que sigue ocurriendo algo parecido, ya no se hace tanto ruido como en los viejos tiempos.
Al hablar de la noche de los cristales rotos me resulta imposible no ver la sombra de los machetes azuzados en algún que otro continente; o los niños bomba colándose con las señales horarias de los informativos de la radio; o los paramilitares de todas esas democracias americanas, tan bien cobijadas en otros tiempos por el vecino del norte.
Pensando en el hecho histórico, repugnante de por sí, me llama la atención esa fijación germánica con la que se aborda el Holocausto. Nazis y alemanes se confunden en la narración de la pesadilla olvidando que pocos fueron inocentes en la perpetración de este crimen.
Me gustaría que un día, no tardando mucho y sin necesidad de que intervengan jueces de ninguna audiencia o congéneres similares, comience a investigarse muy a fondo cuál fue el papel de los bloques enfrentados durante la Segunda Guerra Mundial en la persecución y eliminación sistemática de la población judía. No hace tanto visitaba en Francia lo que queda de un campo de prisioneros desde el que partían vagones y vagones con destino a Auschwitz, Dachau... En Vernet Arriège, que así se llama el lugar, todavía se conserva uno de aquellos vagones pintados de un color rojizo y que servían originariamente para el transporte de ganado. Un vagón modelo K probablemente construído en la civilizada Francia, que aprobó en octubre de 1940 su particular estatuto contra la población judía y los masones haciendo así un guiño de amistad a los nuevos amigos arios que ni siquiera habían solicitado tal gesto.
Nada de aquello hubiera sido posible sin la sonrisa cómplice de tantos pequeños piojos resucitados en uno y otro lugar. Y es que como bien me decía un amigo hoy, los grandes sastres no son nada si no les asiste un pequeño ejército de alfayates en la confección de la capa. Son los cristales que han roto todos estos minúsculos hilanderos los que siempre pasan desapercibidos en las grandes celebraciones del horror, y es sobre ellos sobre los que me gustaría que de vez en cuando también se dirigiera algo más que un hondo silencio: Esto no es incompatible con el ansia saludable de soñar un futuro diferente y pretender un mundo mejor; más bien al contrario, resulta indispensable para que tales anhelos lleguen a ser en algún momento, para alguna generación, una sólida y palpable realidad.

2 comentarios:

Al Kaffir dijo...

No hay que ir tan lejos, para atisvar el humo de las hogueras de la intolerancia y la persecución. Solo hay que asomarse a esas comunidades de este pais donde tienen la desgracia o la fortuna de haber caído en manos de grupos nacionalistas. Sin entrar en el tema del derecho legítimo que tienen los ciudadanos de usar solo un idioma vernáculo o compartirlo con otro más ámplio me estoy refiriendo a los metodos absolutistas de imposición de los idiomas: Despido en la administración autonómica o incapacidad de inclusión de aquellos que no usen el idioma regional, comisariados que entran en un comercio para ver en que idioma saludan y multarles si no es el adecuado, la educación...mejor no entrar en ese tema porque no cabría en este blog.
Lo último, denunciado por comerciantes gallegos: Los "gallegzales" marcan con señales los comercios que no utilizan el gallego como idioma vehicular. Supongo que no pintarán una estrella de David junto a "Auszug der juden" sino algo mas discreto...de momento. Y hay gente que les rie las gracias, siempre hay gente dispuesta a disfrutar de un buen espectaculo en el que se masacra a alguien pensando "bueno... no es de los mios" hasta que descubre que se han pasado tres pueblos y se escudan en el miedo o la ignorancia, pero piensan "Bueno...fue divertido mientras duró".

Ricardo Fernández dijo...

Algo de razón no te falta.