viernes, noviembre 14

Ácido


Ayer, la historia comenzó en forma de una leve noticia de apenas unas líneas; pero suficiente para llamar mi atención una vez más -pues no es la primera vez que esto sucede-. Después el monolito parlante del telediario dedicó sus comentarios e imágenes a la misma noticia: unas adolescentes habían sido atacadas en Kandahar, Afganistán, cuando se dirigían a la escuela.
Gentes que concluyen que en determinados espacios las mujeres no pueden entrar -en este caso hablamos de la escuela- consideraron como buena medida disuasoria ante la desobediencia lanzar ácido a la cara de las chicas, proyectándolo con una pistola de juguete y huyendo seguidamente en una motocicleta. El escándalo en la comunidad internacional viene durando, con mayor o menor intensidad, unos dos días.
Mañana todo estará calmado, unas cuantas mujeres más habrán dejado de formarse a mayor gloria del jefe del profeta; habrá unas cuantas esclavas más para otra recua de sátrapas domésticos; unas cuantas mujeres más se enfundarán en esa gigantesca caperuza a la que no deberíamos reconocerle otro nombre que el de jaula. Mañana, entre el silecioso ruido de la calma, el miedo habrá dado otro pequeño paso y con ello, otra pequeña victoria del segregacionismo y de la dominación de unos seres humanos por otros. La libertad sigue muriéndose cada día, si bien es cierto que el petróleo comienza a cotizar a la baja en los mercados de crudo internacionales.