miércoles, julio 30

Yoduro de plata


Lo leía el otro día: los chinos van a bombardear el cielo de Pekín con yoduro de plata para provocar artificialmente una lluvia preolímpica que se lleve toda la mierda del gran salto adelante que flota en el cielo de la gran ciudad.
Recuerdo los amaneceres de Pekín: Apenas sí se veía algo a lo lejos. Los rascacielos y el horizonte aparecían siempre envueltos en una neblina espesa y grisácea en la que los primeros rayos del sol se reflejaban cegando la vista. Fue en un pasado no tan lejano; era cuando yo estaba de vacaciones allí; y es ahora el precio inevitable del desarrollo, del progreso, de la conquista imparable de los mercados mundiales, inundados de morralla y mercancía clonada. Es el gato que caza ratones, blanco o negro, pero sin guantes.
Lo que son las cosas. Un poco de yoduro de plata y todos tan contentos. Los fornidos atletas occidentales, patrocinados cando no ofician un servicio patriótico por una fábrica de teléfonos o una relojería suíza, podrán participar sin miedo al asma y a las alergias en los Juegos Olímpicos. Lástima de derechos humanos, esa cosa incómoda que sirve para hacer informes; lástima de ejecuciones, venta y compraventa de riñones y lo que se tercie en los mataderos de hombres y mujeres asiáticos. Pena de tibetanos, protestando siempre desde que los liberaron allá por los años cincuenta. Dolor de periodistas, letras y palabras que no se escribirán y que, como decia Alberti en otras dolorosas circunstancias, ha de barrer el viento. Horror de niñas, abandonadas por ser niñas en esos horribles orfanatos, supermercados modernos de la adopción internacional.
Occidente se indigna con estas cosas ¡Pobre Occidente! ¡Cuánto sufre Occidente!
Los chinos, esforzándose por agradarnos, bienpensantes. Y nosotros sufriendo un insoportable dolor de pequeña conciencia, una incómoda diarrea ética: Los chinos dejarán de dar perro para comer; no servirán a negros ni a mongoles; no dejarán que los periodistas accedan libremente a internet: Libertad ¿para qué? Y seguirán recurriendo a los centros de reeducación "a partir del trabajo", como le acaba de suceder al profesor Liu, que colgó un vídeo en youtube o algo similar, mostrando al mundo los verdaderos desastres y nulos frutos de la "disciplinada" gestión de la vanguardia proletaria china tras el terremoto de hace unos meses.
¡Pobre Occidene! ¡Cuántos disgustos le dan a este pequeño ombligo del mundo!
Parece que hay quien pensaba ingenuamente que las Olimpiadas traerían un soplo de aire fresco a la China Popular. Un viento suave capaz de resquebrajar el encapotado cielo del gigante dormido, que cobra ya conocimiento y vida asumiendo lo peor de dos sistemas en principio contrapuestos y adversos; pero no, lo del yoduro de plata parece toda una premonición de lo que sucederá en los próximos días.
Larga vida a la momia del Presidente Mao: es lo que dicen los chinitos de la foto.

No hay comentarios: