sábado, julio 12

Masonería y comunicación


Empecé a escribir esta reflexión anteayer, sábado, ya casi agotado el día. La casualidad quiso que ayer, cuando iba a continuar desgranando las palabras hasta terminar el apunte, recibiera un correo en el que se me avisaba de la publicación de una noticia relacionada con una Tenida Blanca Abierta celebrada hace pocos días en Málaga. Aparte de alegrarme por el hecho en sí al ser la protagonista de la noticia la Logia Heracles, perteneciente al Gran Oriente de Francia, no pude menos que sorprenderme por la coincidencia del evento y del tema sobre el que estaba escribiendo: esa particular relación que existe entre los masones y los medios o instrumentos de comunicación.
En efecto, a poco que se examine puede comprobarse que hay contactos muy particulares entre eso que genéricamente se denomina "masonería" y los medios de comunicación masivos en general. Y hablo de una "masonería" con minúsculas como término bajo el que se agrupan concepciones y organizaciones muy diversas, con una ideología a veces próxima pero diferente, y que al destinatario de las noticias le sirve para identificar en torno a un término que es a la vez cajón de sastre, toda una amalgama de entidades que tienen un origen común pero una larga evolución en el tiempo que las aleja.
Poco aclaran en la mayor parte de las ocasiones las noticias. Para los profesionales que redactan los textos es toda una experiencia misteriosa adentrarse en el mundo de las obediencias y ritos; en las antiguas tradiciones; en las formas percibidas como un anacronismo y una contradicción con una organización que se dice heredera del Siglo de las Luces y del racionalismo.
Y luego estamos los propios protagonistas, incapaces de darnos cuenta muchas veces de que el mensaje no llega al público del siglo XXI como no llegaba ya al del siglo pasado; de que para la sociedad actual, tan hecha por y para el materialismo, es difícil comprender eso de la espiritualidad, del conocimiento interior y de las posibilidades que ofrece la reflexión; y que la tradición se identifica ya con una cosa antigua e inútil.
Cierto es que a consecuencia de la militancia en las organizaciones masónicas se han soportado todo tipo de persecuciones y de interdicciones en el pasado, y que esto ha dificultado enormemente la posibiliad de ejercer una labor de comunicación capaz de desmitificar y de destruir una imagen nefasta, elaborada desde las sombras del poder para atormentar y eliminar a uno de los agentes de ese enemigo invisible de la opresión que es el pensamiento. Esa masonería de letras pequñeas, genérica, cajón de sastre de la que hablaba unos párrafos atrás, ha sido el ariete del que, frente al absolutismo, el totalitarismo, el dogmatismo imperante en otros tiempos, hábil en el manejo de modos autoritarios y de sangre, se ha servido la libertad de pensamiento para enfrentar todos esos fantasmas que han atenazado siempre al ser humano y que, recordando a Hobbes, no han sido otra cosa que la plasmación de la sentencia que nos enseñaban cuando estudiábamos filosofía: el hombre convertido en lobo para el hombre.
Terminadas las persecuciones visibles vivimos hoy una realidad diferente en la que la censura convive disimulada con los abrumadores bombardeos de información contradictoria; con el embotamiento cerebral de una población teóricamente instruída desde la infancia (en nuestro mágico y maravilloso paraíso del libre mercado occidental; y con la aparición en escena de un nuevo analfabetismo ilustrado donde el individuo se convierte en un mero receptor de las imágenes, los sonidos y las palabras, sin procesar de forma crítica la información que se le suministra.
Ante este panorama, sin un enemigo exterior que la combata a sangre y fuego, y que a su vez tenga la utilidad de servir de chivo expiatorio al que atribuirle la culpa de toda desgracia e incomunicación, la "masonería", pequeña, entrecomillada y genérica tiene grandes dificultades para comunicar con el exterior, siendo incapaz de centrarse muchas veces en su vocación humanista y democrática, verdadera tradición que queda anegada por la incapacidad del comunicador. Las diferentes organizaciones tienen unos comportamientos muy dispares a la hora de afrontar su contacto con los medios de comunicación. Concretar actitudes me valdría seguramente una respuesta iracunda a pesar de que mi intención no sea la de ofender, pero lo anterior no impide que me entretenga en observar las apariciones de algunas Logias en los periódicos, haciendo gala de bondad, confundiendo a la par justicia social y solidaridad con caridad, entregando un cheque y dejándose fotografiar en el preciso instante en el que una agraciada monja recibe el preciado don de manos del acaudalado masón, ataviado sin rabo ni cuernos para la ocasión, su piel dorada por el sol del retiro veraniego, y el acento de su pronunciación marcadamente británico.
Hay también quien se pierde a la hora de hilar su discurso y de localizar el medio de comunicación, y que recurre a todo aquello que le pueda servir de caja de resonancia aunque el efecto resulte a la larga contraproducente. Así, los misterios acaban siendo protagonistas de algunas entrevistas en las que, si hay imágenes, acaban apareciendo vapores y nieblas que pretenden por así decirlo hacer más atractiva "la cosa" logrando, por contra, una imagen deplorable y un ridículo merecedor de una gran distinción.
Los propios instrumentos, periódicos, televisiones, radios, unos más modestos por su carácter local y otros con notable capacidad de influencia y repercusión, no escapan al pequeño desastre y fotografían en sus portadas, o anuncian en sus cuñas publicitarias, a imponentes masones de elvadísimos grados, con su existencia plenamente realizada, y que siempre son los jefes de algo y los máximos responsables de algún elevado entresijo. Así, de este modo, encontrándose en el camino desgracia y calamidad surge una verdadera incapacidad para, en pleno Siglo XXI, comunicar para qué sirve la Francmasonería en nuestro tiempo; qué hace; qué hacemos.
Podría decir traicionando a la modestia que otros ponemos el acento precisamente en esas fuentes de la tradición en las que debemos beber: humanismo e ideales democráticos, pensando en cada individuo y en el entramado social en el que éste se encuentra anclado y al que también pertenece la propia organización masónica. Y es cierto que hacemos hincapié y que incluso a veces también caemos en el exceso de exteriorizar nuestros actos hasta la extenuación. Pero -todo hay que decirlo- los titulares y anuncios, la presentación que en los medios de comunicación se hace de esta antigua y joven organización, no permiten que el destinatario final pueda diferenciar entre unos y otros, saber quiénes son los liberales, quiénes los regulares, quiénes los laicistas... A la larga, esa "masonería" genérica y pequeña acaba convirtiéndose en un escollo más para quienes ensayan otra fórmula diferente de comunicar nuestra existencia a la ciudadanía del siglo presente.
Hace ya tiempo escribía aquí un artículo que podría ser complemento de estas letras de hoy. Se titulaba "La Caja de Cristal". Y expresaba entre otras cosas el deseo, el anhelo, la necesidad de trabajar en las logias también hacia "afuera". Lo que hoy vengo a decir es que, una vez convertidos en un receptáculo capaz de combinar lo hermético y la transparencia, no todo sirve al tiempo de exponer lo que somos y lo que queremos ser. Cada vez que alguien yerra en este punto el sufrimiento es compartido aunque no seamos responsables de él: Es algo con lo que tenemos que aprender a convivir si queremos persistir en una línea de trabajo que nos permita acabar, poco a poco, con las sombras del pasado y normalizar el fruto de nuestro esfuerzo, desvelos e intenciones.

4 comentarios:

Rosa Mutábilis dijo...

Ricardo, discúlpame una pequeña frivolidad: leí hace unos meses, en un foro sobre masonería, un comentario muy divertido que me gustaría compartir; creo que todos (y todas -¡ay que cansancio!-) los que estamos interesados e interesadas (¡buf!) en el tema masónico tenemos que oír algunos comentarios... que mejor ni comentar; así que dejo aquí el que yo leí, más que nada porque es ya verano y aunque algunos (y algunas) estamos trabajando más que nunca se supone que es un tiempo para "desestresar"; a lo que iba, en aquel foro leí un comentario de un masón que había cometido la imprudencia de comunicarle a la familia su pertenencia a la masonería y que asistió muerto de la risa a una conversación telefónica entre su madre y su suegra, ésta le decía a la madre: "he visto a tu hijo en el periódico, en una foto, al lado de esos "masoquistas" con los que anda... puede que tuviese razón... perdóname Ricardo, es verano (no para tod@s).

Ricardo Fernández dijo...

Querida Rosa:
Al masoquita lo conozco, pues es miembro de mi taller.
;-)

Anónimo dijo...

¡Qué fina cirugía! Qué buen carnicero tienen los franceses en España. Don Ricardo, Ud. le rebana la barriga a uno con tanto estilo que hasta acaban dándole dan las gracias.

Rosa Mutábilis dijo...

Querido Ricardo:

¿Y qué tiene él que no tenga yo?