lunes, julio 21

Cumbres borrascosas

Andaban el jefe del Estado y el presidente del Gobierno ejerciendo el pasado miércoles de anfitriones de una cumbre de religiones que se celebraba en Madrid.
Creo que la había promovido el sátrapa de Arabia Saudí y que el Vaticano envió también su propia delegación. Antes de continuar he de confesar que no me he molestado mucho en seguir el evento, pues me pareció más de lo mismo: un quedabienes para feligresías y un poco de política a cuenta de los altísimos respectivos y de tanto "mi reino no es de este mundo, haz el bien y no mires a quién". Sí alcancé a escuchar al Sr. Borbón referirse a las infinitas ansias de paz, a eso del respeto y la comprensión mutuas y a la tolerancia. Afloró también a la superficie el horror hacia el terror en los distintos discursos oficiales. Y todo hubiera podido quedar muy bonito y presentable en los telediarios si no fuera porque ese mismo día las autoridades religiosas saudíes, esto es, las autoridades en el más largo y ancho sentido que la expresión pueda tener en una dictadura religiosa, confirmaban la condena a muerte de un joven, Hadi Saeed al Mutif, al que no se le ocurrió mejor cosa que bromear a costa del génito urinario de Mahoma cuando se disponía a atender una plegaria. Parece que estas cosas, aunque se digan en voz baja, siempre las escucha alguien. Y en este caso los colegas del muchacho tuvieron la oreja fina y, lo adivina, fueron corriendo a contar a la autoridad competente que, por lo que se ve, no tenía otra cosa mejor que hacer. Así comenzó la pesadilla del blasfemo que, tras varios años en prisión, va a ser ajusticiado. De esto no habló Don Juan Carlos de Borbón, Rey, en su discurso oficial.
Siguiendo con las cumbres y las borrascas, no he podido evitar enterarme del inmenso clamor levantado por esa congestión de neocatecumenales interrumpiendo el tráfico en la ciudad de Sidney para asistir a una misa. Siendo más serios habrá que contar algo de la versión oficial y decir que se trató de un encuentro de las nuevas generaciones (no las de la gaviota sino las de la paloma) con el jefe del Estado Vaticano que, para cerrar el acto, anunció a los cuatro vientos que el próximo mitin fiesta tendrá lugar en la Villa y Corte de Madrid. Prepárense, pues, los ateos españoles para pagar de su bolsillo y a mayor gloria de la aconfesionalidad del Estado este nuevo ejercicio de libertad religiosa. Y preparémonos todos, pues el evento en cuestión va a sorprendernos en un período electoralmente interesante, justo cuando, a tenor de los resultados del último congreso del Partido en el que milito, vamos a encontrarnos en pleno avance hacia la laicidad de nuestra sociedad.
No me quiero distraer: el otro día alguien entraba muy disgustado en este blog acusándome de ser un agente del Gobierno de la Nación y de sembrar odio y discordia; y todo ello a cuenta de unas notas escritas hace ya mucho tiempo sobre el difunto Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y que, en otros tiempos, acariciaba seminaristas hasta desgastarlos. Parece que el Papa le impuso un extraño castigo: enviarle a rezar, apartado del mundanal ruido y, suponemos, de monaguillos y similares para que así pudiera meditar sin interrupción sobre su torcido proceder.
La mala fortuna quiso que cuando el comentario llegó a mi buzón, Ratzinger anunciara al mundo su dolor por el sufrimiento de tanto abuso y violación. En efecto, en Sidney, justo una semana después de que un sacerdote fuera detenido acusado de ser el presunto autor de un delito de pederastia, el Papa de Roma ponía el dedo en la llaga y entonaba el mea culpa. Lástima que todo quedara en una queja y no se anunciara algo más lógico, sencillo y efectivo: la colaboración con las autoridades de cada país y el sometimiento a la jurisdicción y a la legalidad vigente. Mucho pedir. Si es difícil una España laica imaginemos un mundo en el que las religiones se circunscribieran al ámbito privado y dejaran de mangonear en la esfera pública. Imposible.
Y encima esta tarde acabo de enterarme de que Francia ha pedido disculpas a Austria por haber guillotinado a María Antonieta ¡A dónde vamos a ir a parar!

No hay comentarios: