lunes, abril 14

Otro 14 de abril


LLegado un día tan señalado en mi calendario íntimo y particular, he de confesar que desde hace ya un buen tiempo alguien me hace reflexionar sobre la importancia del ayer, la del hoy y la del mañana; y la conveniencia de no mezclar tiempos tan diferentes hasta el punto de confundir -con la inevitable ayuda sentimental- lo que pudo haber sido y no fue con el tiempo que vivimos. Quizá sea un producto modesto y particular que he obtenido de alguna charla informal o de una reflexión expresada en un lugar mucho más trascendente. Pero la cuestión es que el resultado está ahí y que, me parece, he aprendido a combinar con acierto la importancia de las cosas que existieron un día con aquellas otras que se muestran hoy ante nosotros, además de todas esas que soñamos para un día de mañana siempre incierto.
Con independencia de todo ello; de que creo que importa más ya construir nuestro propio presente y alumbrar un futuro nuevo, no puedo dejar pasar este día sin unirme al pensamiento de Félix Santos: El 14 de abril y el patriotismo del recuerdo

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Setenta y siete años después de la proclamación de la Segunda República en la tarde soleada del 14 de abril de 1931, aquel régimen sigue siendo objeto de controversias. Es sorprendente, para empezar, que se sigan produciendo burdas desfiguraciones de lo que pasó en aquellos años, a pesar de que la historiografía solvente ha puesto las cosas en su sitio, desmintiendo las falsificaciones prodigadas durante cuarenta años por la dictadura franquista. Citemos algunas de las tergiversaciones más gruesas: que la quema de conventos de mayo de 1931 se realizó con el beneplácito del Gobierno republicano; que la "Revolución de Asturias", de octubre de 1934, fue un alzamiento contra el resultado de las elecciones de otoño de 1933; que los comicios que dieron el triunfo al Frente Popular, en febrero de 1936, fueron trucados, o que el asesinato de Calvo-Sotelo decidió a los militares a dar el golpe de Estado.

No hay patriotismo constitucional si se niega o tergiversa la historia española
Esas falsificaciones las han reavivado estos últimos años algunos autores de nulo prestigio pero cuyos libros han tenido éxito de ventas. Y perviven en ciertos grupúsculos, como se puso de manifiesto a comienzos del pasado enero cuando un coronel del Ejército, comandante militar de La Coruña y Lugo, cargos de los que fue fulminantemente destituido, firmó un escrito en el que, entre descalificaciones de la entonces recién aprobada Ley de Memoria Histórica, sostenía que "la Segunda República no fue otra cosa que un golpe de Estado civil". Tamaña barbaridad, y otras semejantes, han rebrotado al calor de las resistencias suscitadas por las iniciativas de la sociedad civil para rescatar de fosas comunes a familiares y amigos asesinados en la Guerra Civil y por la iniciativa del Gobierno de Rodríguez Zapatero que culminó con la aprobación por el Parlamento de la Ley de Memoria Histórica.

A pesar de las décadas transcurridas desde la Segunda República y la Guerra Civil, la reacción destemplada y visceral de significados sectores de la actual derecha social, política y eclesiástica contra la Ley de Memoria Histórica, pone de manifiesto que la verdad de lo ocurrido en aquellos años cruciales de la historia de nuestro país no es todavía aceptada ni digerida por un sector de la sociedad española. Éste sigue aferrado a las versiones de la propaganda franquista.

Frente a los intentos de seguir denigrando un periodo que alumbró una de las mayores esperanzas colectivas vividas por el pueblo español, se impone un esfuerzo adicional para que las generaciones jóvenes sepan lo que verdaderamente pasó. La Segunda República fue un serio intento de modernizar y democratizar España. Recibida con alborozo por la población en un ambiente de orden y fiesta, revolucionó la enseñanza y combatió eficazmente el analfabetismo, dando un inédito protagonismo a maestros y docentes; llevó el saber a los rincones más escondidos de la España rural a través de las Misiones Pedagógicas; favoreció el que la vida cultural del país alcanzara niveles de vanguardia; hizo una ambiciosa política de obras públicas; intentó una reforma agraria que terminara con el hambre y las flagrantes injusticias de las zonas latifundistas; llevó a cabo una necesaria reforma militar, e implantó el laicismo, tal vez de manera demasiado radical dadas las circunstancias.

Con el recuerdo de la República, combatida desde sus inicios por los sectores reaccionarios del país y liquidada por una feroz guerra civil alentada por Hitler y Mussolini, no se trata de abrir viejas heridas, sino, al contrario, de cerrarlas, pero no en falso, y de asumir el pasado para seguir construyendo un futuro bien cimentado y acorde con el espíritu de nuestra Constitución

En 1999, durante una polémica suscitada en Alemania por una exposición sobre Los crímenes de la Wermacht, el entonces ministro de Exteriores Joschka Fischer afirmó: "Todas las democracias tienen una base, un hecho fundador, un Boden. En Francia es 1789. En Estados Unidos, la Declaración de Independencia. En España es la guerra civil. Y en Alemania es Auschwitz. Es el recuerdo de Auschwitz, el nunca más Auschwitz, el fundamento de la actual república alemana". Y proseguía Fischer: "Es bueno hablar de patriotismo constitucional, pero hay que saber en qué se basa la Constitución. Si Auschwitz no es el cimiento, la raíz, el radical de la Constitución, no hay Constitución que valga ni patriotismo constitucional posible. Sólo se puede ser patriota de la Constitución alemana si ese patriotismo es también, indisolublemente, un patriotismo del recuerdo de Auschwitz".

Creo que los españoles debemos aplicarnos también esas consideraciones de Joschka Fischer. El nunca más a las dos Españas enfrentadas, el nunca más a una guerra civil, fundamenta nuestra Constitución. Es lo que determinó el célebre consenso. De ahí que fomentar el patriotismo del recuerdo sea tan necesario. Y que sea oportuno hacerlo en esta fecha, el 14 de abril, que conmemora la implantación de la Segunda República.

La memoria histórica no es un entretenimiento o una ocurrencia, como lo calificó, con desdén, el líder conservador Mariano Rajoy en el primer debate televisivo con Rodríguez Zapatero días antes de las elecciones del 9 de marzo. Es una necesidad ineludible conocer y recordar sin falsificaciones un pasado que, guste o no guste, sigue proyectando sus luces y sus sombras sobre el presente y sobre el porvenir.


Félix Santos, periodista, es autor del libro Marcado por la República. Guerra y exilio de Francisco Carvajal.

2 comentarios:

siria dijo...

Que fuerte, imaginate que la Republica hubiera ganado la Guerra, ahora quiza nos separarian muros o quiza hubieramos lanzado hombres a la luna... saludos

Al Kaffir dijo...

Es dificil saber que hubiera pasado si la república hubiera ganado la guerra. Los que están más a favor de ella opinan que se establecería un estado democrático, libre y laico. Los que están en contra creen que hubiera sido una dictadura comunista, opresora y atea. Yo sinceramente creo que una hija tan bastarda de ideologias no se podria haber mantenido por mucho tiempo. Cada facción que la componía, socialistas, comunistas ,anarquistas, catalanistas...cada uno con el tiempo exigiría sus reivindicaciones y se rompería esa unión, proclamarían cada uno el estado a su manera y acabarían con el sistema democrático ,asi que los grupos más moderados pactarían con la derecha y expulsarían a los más extremistas del gobierno que , a su vez, les acusarían de traidores a la república y vuelta a empezar. Como sea demostraron no poder sofocar una rebelión interna que acabó con ella por pura incapacidad, desunión y tozudez de ciertos dirigentes. Militarmente incompetente (Franco hizo una campaña militar bastante mediocre, aunque organizada y fue suficiente) no le hubiera durado a la wermach de Hitler un asalto, que instalaría un gobierno títere que a su vez sería derrocado por los aliados con las consiguientes ocupaciones de unos y otros. Quizá luego se estableciera un gobierno democrático de los que les gustaban a los yankis sin socialismo ni comunismo, quizá instauraran la monarquía otra vez y pasariamos una alegre guerra fria mucho más involucrados por los favores recibidos. No se, es posible que lo vea muy pesimista pero me parece que sería algo asi, o no.