viernes, abril 4

Dith Pran, fotógrafo de prensa


Hace ya muchos años vi en el cine la película "Los Gritos del Silencio". Me impactó. No recuerdo si fue en el Cine Robledo o en el María Cristina, convertidos hoy en una grotesca hamburguesería, uno; y en una ridícula exhibición de mala pornografía inmobiliaria el otro. El caso es que tengo asociada esa película a los cines de la Calle Corrida, en Gijón, y a una etapa ya lejana de mi vida que hoy ha vuelto a aparecer al enterarme del fallecimiento de este hombre, que podía haber sido un personaje de ficción pero que, desgraciadamente, como les ha sucedido a tantos otros, fue una de esas sufridas víctimas que quedaron para contarlo y decirnos que, además de las grandes cosas, de la larga enumeración de nobles principios, también somos capaces de eso que todos ya conocemos por haber inundado con horror cada uno de los segundos de nuestra historia.
No hace tanto Pol Pot moría en la selva. Creo que eran sus leales los que le incineraban haciendo una hoguera; y también los que le exhibieron para confirmarle al mundo que el carnicero había dejado de respirar. La imagen del fotógrafo de ficción vino a mi mente cuando retransmitieron esa instantánea...

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Testigo del genocidio camboyano, su drama inspiró la película 'Los gritos del silencio'
DIEGO A. MANRIQUE 03/04/2008

Era un fotógrafo valiente. Persiguiendo las noticias por Nueva York, esquivaba coches e ignoraba gritos hostiles. No le iba a asustar cualquier bocazas callejero cuando él había salido del infierno. En su caso, el infierno fueron los campos de exterminio del Jemer Rojo. Su epopeya fue narrada en Los gritos del silencio, la película de Roland Joffé que triunfó en 1984: Haing S. Ngor, el médico camboyano que encarnó su personaje, conquistó un Oscar como mejor actor secundario.
Dith Pran, de 65 años, murió el domingo en New Brunswick (Nueva Jersey), víctima de un cáncer de páncreas. En su Camboya natal, Pran había trabajado de traductor para los militares estadounidenses y en un hotel, hasta que conoció a Sydney H. Schanberg, corresponsal de The New York Times. Formaron un buen equipo: el estadounidense le invitó a convertirse en su fotógrafo y Pran le evitó peligros mortales.
Con la conquista de Phnom Penh en 1975, Camboya quedó a merced del nuevo Gobierno comunista de Pol Pot. Tras rebautizar el país como República Popular de Kampuchea, se inició el monstruoso experimento de ingeniería social que acabaría aproximadamente con la tercera parte de la población. Pran no pudo escapar y debió camuflar su identidad: se hizo pasar por un pueblerino que ejercía de taxista. Enviado al campo para su "reeducación", sufrió palizas y sobrevivió comiendo ratas e incluso carne de cadáveres.

En 1978, los vietnamitas invadieron el país y derrocaron al Jemer Rojo, que retomó la lucha de guerrillas. Pran pudo volver a su pueblo y comprobó que la mayoría de su familia había sido exterminada. Cuando supo que las nuevas autoridades se habían enterado de su relación con estadounidenses, huyó hacia Tailandia a finales de 1979.
Allí le rescató su amigo Schanberg, que le creía muerto. Se ocupó de conseguirle papeles para que emigrara a Estados Unidos (el periodista había hecho lo mismo con su mujer e hijos, antes de que comenzaran las masacres). Schanberg contó sus terribles aventuras en Muerte y vida de Dith Pran, un artículo para The New York Times que en 1985 se convirtió en libro de éxito y, nueve años después, en película.
Pran rehízo su vida como fotógrafo con el mismo The New York Times, pero consagró el resto de sus energías a la denuncia del holocausto camboyano, contando sus experiencias ante todo tipo de públicos y trabajando en organizaciones de ayuda a las víctimas. Se negaba a la trivialización de su biografía y advertía que en la vida real no había un "happy end": él se divorció de su esposa y tuvo que superar la muerte en 1996 de su álter ego cinematográfico, el doctor Ngor, que fue asesinado en Los Ángeles por un pandillero.