sábado, marzo 15

La bajada del ángel


Entramos ya en la Semana Santa. El país comienza a celebrar la llegada de la primavera, disfrazando el regocijo ante el final de los rigores invernales con el luto que la confesión religiosa aparentemente mayoritaria imprime a estos días.
Mañana será domingo de Ramos. Luego vienen los días santos, el sábado de Gloria, el domingo de Resurrección y, finalmente, el lunes de Pascua con sus tartas y premios de padrinos y madrinas. Me recuerdo de pequeño llevando por las calles del Llano de Arriba en Gijón una gigantesca rama de palmera; y luego, al domingo siguiente, el mismo paseo para recoger "el bollu" y los mil duros indispensables que iban a parar a la hucha.
Son las tradiciones de estos días. Las conductas mecánicas que se repiten una y otra vez y de las que muchos pretenden sacar conclusiones precipitadas, viéndose favorecidos por un fervor del que quieren extraer un privilegiado estatuto frente a todos los demás.
Pero si ahora me acuerdo de todo esto es porque, en medio del trajín, una noticia recogida en los periódicos me ha llevado a realizar no sé qué extraña conexión mental: En Tudela, Navarra, se va a celebrar el domingo de Resurrección un año más. Una multitud se concentrará en la Plaza de los Fueros para ver descender a un niño atado a una cuerda que baja como un muñeco simulando el vuelo de un ángel. El angelito le quita el velo negro a la Virgen porque los días luto llegan a su fin: "Alégrate, María; tu Hijo ha resucitado". La criatura aletea prendida de la cuerda y el gentío en la plaza estalla en un gran aplauso.
Un año más volverá a suceder lo mismo que el anterior. Y el año próximo, muy probablemente, la fiesta se celebrará otra vez con gran alegría. Pero el domingo sucederá algo diferente a la hora de realizar esta curiosa ceremonia que tiene su origen en el siglo XVII y que se celebró por primera vez en 1851 en el mismo escenario en el que tiene lugar en la actualidad: El domingo, por primera vez en la larga historia, el ángel, que siempre ha sido un niño, se llamará Amaya. Benditas tradiciones cuando se visten las alas y plumas utilizando el sentido común.
Como siempre, a buen entendedor pocas palabras bastan. Ahora leedlo, id rápido y contadlo.

2 comentarios:

andabao dijo...

si hubiese sentido común no sew mantendrían el 97% de las tradiciones.

francamente me da exactamente lo mismo quien es el que se disfrace de angelito.

Ricardo Fernández dijo...

Pues créeme, Andabao, lo del angelito tiene su importancia. Mejor habría que decir lo de la angelita...