lunes, marzo 17

Laucling Sonko, versiones contradictorias


Leo en el periódico de hoy algo que en un primer momento me ha producido pavor, sonrojo e indignación. Hace seis meses un grupo de cuatro personas intentaba llegar a Ceuta desde Marruecos de forma ilegal, a través de la zona marítima. Parece que se valían de un artefacto hinchable capaz de soportar su peso en un trayecto que se supone es corto. Llegado un momento determinado fueron sorprendidos por la Guardia Civil. Según entiendo, ya habían conseguido los cuatro alcanzar aguas jurisdiccionales españolas y los agentes de la Benemérita les condujeron de nuevo hacia aguas marroquíes.
Para evitar que el flotador que utilizaban sirviera de nuevo para alcanzar este paraíso en el que las mafias chinas podrían ponerles a vender copias pirateadas de algún gran éxito, los eficientes guardianes se lo pincharon valiéndose de un cuchillo.
Sucedió lo que tenía que suceder: Uno de los subsaharianos gritó e hizo esfuerzos para no hundirse. Los otros tres gritaron e intentaron adevertir que el que braceaba no sabía nadar. Los guardias civiles se rieron.
Cuando el ahogo dejó de ser una broma, un agente se arrojó al agua. El cadáver fue trasladado al paraíso, a Ceuta. Allí no pudieron reanimarle: Ya no hay finales felices en este tipo de historias desde hace mucho tiempo, porque son los humildes, los más débiles, los que acaban siempre hechos diana delante de un muro; o humo y ceniza de chimenea; o despojo empapado, hijo de la miseria en una playa sucia o en medio del frío de la mar.
A Laucling Sonko le han enterrado en suelo español. No se sabía quién era cuando la fría maquinaria tramitó su sepultura. Hoy, sin embargo sabemos su nombre, su edad, 29 años, su nacionalidad, senegalés. Y también conocemos cuál ha sido su delito, su terrible crimen, la falta inexcusable.
Cada cual que lea esto pondrá en su fuero interno un nombre al pecado, una calificación expresiva de la desaprobación que le causa saber que estas cosas suceden en nuestro civilizado cuadrilátero. Pero del mismo modo en que se pondrá una etiqueta a los hechos caracterizada por el horror, no estará de más reflexionar una vez más sobre este mundo de desequilibrios que entre todos apuntalamos cada instante, y que desembocan, día sí y día también, en una tragedia que nos deja helados ante los periódicos, tal vez, sólo tal vez, durante unos instantes.
Dicho lo anterior aparece luego en los medios, a lo largo de la tarde, la reacción de la Asociación Profesional de Guardias Civiles, que ofrece sus servicios jurídicos a los tres agentes sobre los que la Fiscalía está investigando. Se desmienten los hechos tal y como se han contado y cuyo relato yo recojo en los primeros párrafos de esta nota. Se habla de una pluralidad de testigos que pueden corroborar que todo fue un accidente; se cita entre tales testigos presenciales a los propios gendarmes marroquíes; y se dice que hasta se acudió rápidamente ante la autoridad judicial para evitar toda mala interpretación y sospecha.
Confiemos en la presunción de inocencia una vez que aparecen versiones contradictorias de los hechos; pero confiemos también en que la verdad se abra camino y en que seamos capaces algún día repartir algo más que el fruto de la miseria con todas sus consecuencias.

4 comentarios:

Rosa Mutábilis dijo...

Las tragedias cuando suceden lejos o a personas desconocidas parecen afectarnos poco; es terrible.
Si la versión cierta es la del asesinato esperemos que no quede impune, es como que no se tiene capacidad de creerla porque parece imposible que haya alguien capaz de tamaña crueldad.
Siempre que miro a los ojos a un subsahariano me pregunto qué verá él en los míos.

andabao dijo...

Hola Doña Rosa

no hace falta con mirar a los ojos a sun subsahariano, solo hace falta que miremos y vemos eb los ojos de nuiestro vecino de escalera.

si hiciesemos esto dejariamos a Ricardo sin el 80% de sus clientes

gilber dijo...

Cuando me miran ven: Complicidad con los causantes de sus carencias.
Ven donde han ido a parar los recursos que se les niegan a todo un poblado concentrados en una sola persona.
Ven opulencia.
Ven ostentacion.
Ven miedo a perder privilegios.
Ven silencio complice ante la sangria que se permite a diario con Africa.
Ven su sueño materializado.
Ven el paraiso que el profeta promete, preñado de agua y miel. Donde los rios corren tranquilos por jardines limpios.
Ven todo lo que les negamos y aquello que tarde o temprano deberan arrebatarnos, por las buenas o por las malas.
Eso ven.
Y en mi caso lo ven a diario porque a diario tengo que trabajar con ellos.
Y no encuentran explicacion razonable.
Y yo,.... Tampoco.Para que vamos a engañarnos.

Rosa Mutábilis dijo...

Gilber, gracias; creo que es imposible explicarlo mejor.