martes, marzo 4

Eráse una vez un lobito bueno


No sé si me lo esperaba. No tenía, ni tengo, ni tendré un conocimiento tan profundo de lo que ocurre en los pasillos de la Conferencia Episcopal Española como para llegar a saber cuál puede ser el resultado de unas elecciones tan apretadas como éstas que se acaban de disputar.
Al delicado Blázquez le acaba de pasar por encima Rouco Varela, Arzobispo de Madrid y comandante en jefe de las fuerzas invasoras. El gallego se merendó al vasco por dos votos, y dicen que eso ha sido un paso atrás.
No lo tengo yo tan claro. Podría decir que desconozco en qué momento preciso se empezó a caminar hacia adelante; pero no quiero ser mal intencionado y prefiero entender que en esa santa casa siempre han caminado fijando los ojos en un punto imaginario -quizá no tan imaginario- en el horizonte y dirigiéndose hacia él. Porque quien se viste y desayuna todos los días con el don de la infalibilidad, no tiene más camino que el que le lleva hacia un dorado amanecer y, más allá, al paraíso.
Ayer Blázquez comparecía ante los medios recordando que la Iglesia nunca quiere imponer su doctrina. Todo ha sido un mal sueño. Y hoy Rouco Varela afirmaba sin empacho que su voluntad era la de trabajar por el bien común ¡Quién podía dudar tal cosa!
Desde hacía meses se venía jugando esta enrevesada partida de ajedrez entre sotanas, unas más acartonadas que otras, según dicen. Manifestaciones, proyectos de santuarios, mártires por España, peregrinaciones, familias modélicas... Todo ha formado parte de un tablero en el que a muchos -afortunadamente- se nos mezclan los colores de las casillas y no terminamos por saber ni dónde empieza lo blanco ni dónde acaba lo negro.
Pero que nadie se preocupe. El uno no quería imponer. Lo vivido durante su mandato no ha sido nada. Indudablemente algunos hemos interpretado mal las buenas intenciones que albergaba el obispado nacional para con este desagradecido rebaño español del que formamos parte. Y el otro ¡qué decir del otro!:Es la imagen de la moderación pura y dura. Pura y dura, pero moderación al fin y al cabo; un hombre progresista, abierto a la evolución y a los cambios, tolerante con las posiciones de otros, respetuoso con cuanta diversidad vital le rodea.
Que nadie tema, pues no va a pasar absolutamente nada. Todo el mundo ha de ser feliz y exhibir radiante una sonrisa nacarada. Tomen ejemplo de los magistrados de la Sala de lo Contencioso de Andalucía, que han querido darle la bienvenida a don Rouco Varela reconociendo el derecho de objeción de conciencia de un alumno de Bollullos Par del Condado frente a "Educación para la Ciudadanía". La algarada continúa.
No me digan que no vivimos en un país maravilloso.

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