sábado, febrero 16

Casualidad


No hace mucho tiempo colaboraba en la redacción de un pequeño informe jurídico en el que se hacía referencia a la discriminación que sufren las mujeres a manos de algunas organizaciones masónicas. Quiso la casualidad que en ese texto hiciera referencia a la tradición ancestral puesta en marcha por el rey Pedro de Aragón que sólo permitía a los hombres e hijos de hombres pescar en la Albufera valenciana.
El conflicto jurídico que se desató a raíz de las primeras decisiones de los socios de la entidad que regentaba el derecho de pesca, se reprodujo ante el Ayuntamiento de Valencia, el Consejo Consultivo de la Comunidad Valenciana y el Tribunal Superior de Justicia.
En el presente caso, ni la ley ni el sentido común conducen al absurdo, sino al hecho inevitable que concluye con que el principio de igualdad de los seres humanos no admite discusión; no se permite que este valor pueda ser puesto en duda; y mucho menos en esta casa de las ideas de la que formo parte.
Y ha querido la casualidad que hoy, recién levantado, me llegara por la mañana un aviso a mi móvil en el que se me decía que la página 16 de El País contenía una sorpresa que haría mi día un poco más feliz. En efecto, así ha sido.
Como siempre, buena lectura.

--------------------

REPORTAJE
Fin de una discriminación medieval en La Albufera
La Comunidad de Pescadores abre sus puertas a las mujeres
IGNACIO ZAFRA - Valencia - 16/02/2008


Una discriminación de 750 años acabó el jueves en El Palmar, la pedanía de Valencia cuya Comunidad de Pescadores ostenta el monopolio de pesca en el lago de La Albufera desde la Edad Media. Entrada la madrugada, el 80% de los socios votó a favor de dar por terminada una batalla legal que ha durado 11 años y que ha tenido como trasfondo la resistencia de la entidad privada a que las mujeres pudieran formar parte de ella y salir de pesca en las mismas condiciones que los hombres.
"Estamos satisfechas por la decisión, la valoramos", decía ayer Carmen Serrano, una de las luchadoras por la igualdad de trato, "pero no puedes evitar pensar que llega a destiempo. Que si se hubiese producido hace 10 años se habrían evitado tantas discordias familiares, tanto cansancio y tanto gasto económico". Su compañera de fatigas, Teresa Chardí, añadía: "El proceso nos ha desgastado mucho, a todos. Nosotras lo único que queremos es que haya paz. Que todo se arregle y que haya paz".
La batalla judicial que iniciaron en 1997 para que las hijas de los pescadores tuvieran los mismos derechos que los descendientes varones a la hora de ingresar en la Comunidad de Pescadores corrió en paralelo a un enfrentamiento que rompió en dos El Palmar. Un pueblo de 900 habitantes, enclavado en los canales de La Albufera y considerada una reserva de la valencianidad en el que casi todo el mundo es familia o al menos se conoce de siempre.
La Comunidad de Pescadores aceptó en 2000, tras las primeras sentencias condenatorias, abrir la puerta a las mujeres. Pero impuso nuevas condiciones de entrada (presentación de avales y votación posterior del pleno) que las denunciantes consideraron obstruccionistas. El jueves, la entidad decidió no recurrir el último fallo judicial, que se produjo en enero, y renunciar a seguir poniendo trabas a las mujeres. "Nos planteamos si queríamos seguir así otros 10 o 12 años", decía ayer José Caballer, su presidente, "y pensamos que lo importante era salvar la comunidad, y que El Palmar volviera a ser un pueblo de convivencia. Que al cruzarse por la calle la gente no se mire mal".

No hay comentarios: