sábado, febrero 16

Guerra de la Independencia


Hace ya mucho que pienso que lo de la Guerra de la Independencia fue una metedura de pata mayúscula. Desde luego no voy a ser yo el que salga en defensa del bestia de Murat; tampoco del general Bonaparte, hecho emperador de la noche a la mañana.
Pero no puedo olvidar que la primera vez que alguien osó prohibir la Inquisición en nuestro país desde que se alumbrara su existencia, fue la Francia imperial y avasalladora.
Francia siempre ha tenido grandes virtudes. Y defectos enormes, entre ellos sus palpables contradicciones: proclamar al mundo los eternos principios que sustentan las más avanzadas democracias para intervenir luego en algún patio trasero a tiro limpio. Ahí está el Chad y la ayuda logística que el petit Sarkozy ha brindado al sátrapa de turno.
Pero dejando al lado esas particulares antinomias que han surgido entre la razón y los hechos, cuando llegue el día 2 de mayo próximo haré como Georges Brassens: En el día de fiesta nacional, me quedaré en mi casa igual... En fin, que siempre preferiré a Pepe Botella -que además era abstemio- antes que al canalla de Fernando VII.
¡Qué error fue aquello! ¡Qué inmenso error! Mejor nos hubiéramos entretenido con otras cosas, por ejemplo, la que cita El Roto en su viñeta de hoy, y hubiéramos recuperado algunos siglos de ventaja en la carrera del progreso y la felicidad ciudadana.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

NO tengo yo tan clara la historia y aún quedan flecos por desvelar sobre la presencia francesa en España y la historia de los afrancesados, a los que siempre se les coloca como traidores...

Al Kaffir dijo...

Pues vaya elección entre "el deseado" ("el rey felón" para el vulgo de Madrid) y José Bonaparte. No me gusta ni a nadie le gustó ese rey ruidoso, záfio y bobo que le engañaron abdicando sobre abdicación por una miseria y perdiendo la corona como el que pierde a los trileros en el tratado de Bayona y luego recuperandola para anular la "pepa" e imponer el absolutismo.
Aunque tampoco me hace gracia "el plazuelas", ese otro reyezuelo del clan de los corsos. Me quedo con Rafael del Riego, liberal y masón, que quiso traer un poco de cordura a este cortijo hasta que los monarcas europeos considerando que habia meado fuera del tiesto le tiraron encima a los cien mil hijos (de puta) de San Luis acabando agarrotado en la plaza de la Cebada. Ademas, es medio pariente mio, que mi mujer es de Valdes y se apellida Bernardo del Riego y a los de la familia ni tocarlos.

Ricardo Fernández dijo...

Coincido contigo, Al Kaffir, me quedo con Riego a ciegas.
¡Qué mala época fue esa!
Y pienso en el pobre Jovellanos, perseguido por los unos y por los otros...