martes, febrero 19

Fidel lo deja


Esta mañana he escuchado en la radio algo que ya esperaba hace tiempo. Fidel Castro lo deja; se queda en la cama, convaleciente de la grave dolencia que le hizo apearse del caballo en julio del año 2006. Indudablemente se comienza a pasar una página de la historia; pero probablemente -es mi opinión- no se va a pasar aquella hoja del libro en la que muchos están pensando.
Desde Estados Unidos se ha dicho ya lo inevitable: El bloqueo, la mejor de las justificaciones de la que ha disfrutado el régimen cubano hasta la fecha, seguirá vigente en tanto no se dé otro tipo de pasos hacia la democracia. Imagino que deben estar pensando en las zancadas que dio el Chile de Pinochet, las que da la Guatemala de hoy, o las de la Argentina de hace cuatro días. Todos los candidatos a la Presidencia de "la gran democracia" han dicho lo mismo, menos Hilaria Clinton, que se ha atrevido nada menos que a gritar a los cuatro vientos que ella es la única que puede llevar la democracia a la pequeña isla (por qué no mirará las comisarías de su país).
Europa siempre es la buena en esta película. Europa es la fuerza que apuesta por el diálogo, el entendimiento, la transición pacífica hacia un sistema democrático... Europa se queda siempre mirando a ver qué pasa.
No puedo negar que asisto a todo este espectáculo con cierta tristeza. Cuba fue un breve espejismo para mí hace años. Cuba y Fidel. Fidel y Cuba. Los barbudos y el verde oliva. La Sierra Maestra y los cigarros habanos... Todavía conservo en casa alguna fotografía original del personaje. Y en una ocasión compré otra estampa, también original, con el sello del fotógrafo habanero en el reverso, en una tienda de antigüedades. En eso ha quedado convertido aquel sueño: en una leve mercancía que acaba ocupando su pequeño espacio en el mostrador o la vitrina de alguna tienda gijonesa de filatelia, numismática y otros raros coleccionismos. Ahora, la instantanea en la que aparece un joven comandante sonriente, yace a modo de marcapáginas en algún olvidado libro.
Con 19 años me leí la biografía que escribió Tad Szulk; también las entrevistas con Frei Betto, el cura brasileño; asistí impasible a los interminables discursos, que escuchaba con una infinita paciencia y atención. No puedo decir que me sienta hoy como mi abuela cuando arriaron la bandera roja del Kremlin, que prácticamente se desmoronó como el fatídico muro de Berlín; pero sí hay algo, un leve sentimiento, que no me ha dejado indiferente ante todo lo que ha sucedido y está sucediendo.
Pienso que pocas cosas van a cambiar; creo que toda esta clase de historias, que terminan en agonía hospitalaria o en una apartada cama, lejos del bullicio, tienen siempre un mismo final que pasa por una atadura bien hecha. Atado y bien atado me parece que está el destino próximo de Cuba. Y dudo mucho que el nudo que sostiene todo el aparejo se suelte a la mínima de cambio: Una comunidad internacinal errática; la "gran democracia" mercando con su doble rasero el beneficio de las libertades; una parte de la oposición en manos de la extrema derecha; la otra con una reducida presencia y capacidad de maniobra; bufones convertidos en imitadores, aprendices de estadistas e inventores de un nuevo socialismo que alumbra más de lo mismo por el camino totalitario... Difícil prever qué va a suceder y difícil encontrar una solución al rompecabezas.
No puedo evitar , al pensar en este gallego que hizo fortuna, recordar también las cacerías de homosexuales en Ciudad de La Habana. El pecado se enmendó con "Fresa y Chocolate", dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, el cineasta de la Revolución, pero las cacerías y los campos de reeducación -qué cosa tan del socialismo real- existieron y arruinaron la vida a tanta, tanta, tanta gente... Los cazaban en La Rampa, cerca de la Heladería Coppelia: Llegó Fidel y se acabó la diversión.
Una curiosidad que apunto en estas notas deshilachadas y que siempre llamó mi atención: Tras el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, las fuerzas de la dictadura de Fulgencio Batista detuvieron a gran parte de los compañeros de Fidel Castro. A muchos los mataron a sangre fría. A otros los torturaron. Al propio Fidel lo capturaron para ajusticiarlo en el sitio. Los soldados que iban a asesinarlo fueron interrumpidos por un teniente, Pedro Sarría, que se lo impidió y permitió con su gesto decidido que el futuro Comandante en Jefe fuera juzgado por la dictadura y acabara en presidio. El grito que dio Pedro Sarría fue "¡No lo maten!¡No lo maten!¡Las ideas no se matan!". Pedro Sarría era masón.
En fin, termino como lo hago siempre en mi logia: ¡Viva la democracia!