miércoles, enero 30

Inconstitucionalidades

Ayer por la tarde me puse muy contento. Este titular fue la causa: "El Constitucional rechaza el recurso del PP contra la paridad en las listas". No es que estuviera yo muy preocupado por las andanzas constitucionales de los diferentes recursos que ha presentado la primera fuerza política de la actual oposición; pero sí aguardaba especialmente el resultado de dos de los pleitos promovidos por el partido del candidato previsible.
Digo que aguardaba "especialmente" el resultado de dos de los pleitos porque en el fondo los que hay planteados con cierto calado son tres. Uno el del estatuto catalán que, la verdad sea dicha, no me quita mucho el sueño: A quien Dios se la dé, que San Pedro se la bendiga. Pase lo que pase Acebes saldrá bramando y Zaplana nos mirará así, de medio lado, reprendiéndonos por nuestra mala conducta.
Pero los otros dos me tocan la fibra sensible. Un litigio ha terminado. La impugnación de la Ley de Igualdad de 2007 a raíz de lo que se ha mal llamado composición paritaria de las listas, ha quedado en nada. Los recurrentes se olvidaron de que la Constitución con la que tanto se llenan la boca obliga a los poderes públicos a promover la participación en al vida política de todos los ciudadanos. En ese plural van incluídas también las ciudadanas de este país, resignadas durante tanto tiempo a quedar entre los pucheros de Santa Teresa y a quebrar la pata viendo pasar los días desde su casa. Y olvidaron también que el Alto Tribunal constituye en sí mismo un verdadero prodigio en la Europa continental, porque desde hace años ha sido este órgano el que ha experimentado una evolución en sus pronunciamientos, desde la igualdad formal a la material, yendo por delante del legislador y sentando las bases que han permitido elaborar una compleja normativa en ámbitos tan diversos como el laboral, electoral, social...
De ayer a hoy he escuchado de todo. Y he leído también de todo. Si hay diez hombres válidos y diez mujeres de las que ocho son una nulidad, la ley obliga a meter en la lista electoral a completas inutilidades... Eso leía ayer en un comentario. Lástima que esta inquietud no haya surgido hace unos cuántos años -y también ahora, en la actualidad-, cuando a las mujeres válidas se las dejaba -y se las deja- al margen por el hecho de ser mujeres. Esa es una realidad que se discute pero que, desgraciadamente, es evidente, palpable e innegable. Incluso cuando se expone el argumentario por los resentidos que ha dejado esta resolución del Constitucional, se olvida que también hay hombres inútiles. Y muchos, es evidente.
Queda además el otro recurso; el que ha promovido el partido del candidato previsible frente a la Ley que regula el matrimonio civil y que permite que personas del mismo sexo puedan también suscribir este tipo de contrato. No gusta el nombre. Y por eso se promueve nada menos que un recurso ante el órgano que vela por la constitucionalidad de las leyes españolas. Aguardo impaciente la resolución de este otro entuerto en la confianza de que nuevamente el Constitucional ponga los puntos sobre las íes. Llegado el día ya hablaremos, pero de momento se puede decir que cosas que no tienen el mismo nombre no contienen los mismos derechos. De hecho ahí está el señor don previsto diciendo que aspira a una ley como la de Francia... Casi nada. Francia está hecha un trapo viejo en esta materia. Está claro que de la "grandeur" no se come y que ser rentista de la historia te acaba abocando a la miseria. Todavía no hace tanto que cesaron al alcalde de una pedanía de Burdeos porque quiso celebrar un casamiento saltándose el Código de Don Napoleón. Menudo modelo previsible.
Hoy me siento satisfecho. Me acuerdo de esa cita de Clara Campoamor que citaba en el Parlamento el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero:"Se trata de que los hombres encuentren a las mujeres en todas partes, y no sólo donde van a buscarlas".
Cuánto mejor estamos así que haciendo sonar la bolsa de los dineros y repartiendo maná entre las clases medias de esta sufrida casa nuestra.
Buen día a todos y a todas; y recuerden que, a tenor de las últimas medidas que se proponen, aquello de hablar catalán en la intimidad va a tocar a su fin.

2 comentarios:

ibirque dijo...

Lo único que ha hecho el PP en toda la legislatura es recurrir y estar en contra de todo y ahora claro le esta saliendo todos los tiros por la culata.

Al Kaffir dijo...

Hay ciertas cosas que hay que tener en cuenta con la ley de paridad. Considero que es positiva en su intención de acabar con ciertas costumbres sexistas en el ámbito político de los partidos haciendo que la mujer, como parte de la ciudadania, esté representada en la toma de decisiones que afectan a todos los españoles. Donde la ley comienza a "rascar" es en su apartado que afecta a la cuestión laboral. Cuando se trata de organización política, donde, como digo, todos debemos estar representados y es pagado con los impuestos de los ciudadanos es una cosa. Pero cuando esa ley afecta a una empresa hay que pensar que esa empresa no está realizando una labor social, ni es una ONG. Está para ganar dinero y eso es lo primordial. Según la ley se "deben crear" (ellos, la empresa) planes de igualdad para promover medidas de acceso al empleo, clasificación y promoción profesional, formación, retribuciones y ordenación del tiempo de trabajo. Eso está muy bien, pero implica que la empresa debe gastar sus recursos en satisfacer los requerimientos de esa ley. Eso es intervencionismo del estado en un ambito privado que puede alterar el orden de prioridades que se ha marcado la empresa, osea, ganar parné, que es para lo que está, aparte de ser un recorte de libertades, con buena intención pero un recorte de libertades. Ya que es una ley a nivel nacional bien podria ser que los empresarios vieran a España como un lugar poco propicio para poner su empresa.
Pero de todo esto, lo que más me molesta es esa fea costumbre que tiene este gobierno de "invitar y no pagar". Cuando sacó la ley de la violencia de genero no aportó los medios físicos para llevarla a cabo con eficiencia, cada comunidad se tenia que apañar como pudiera. Cuando sacó la ley de cines eran los empresarios de salas los que corrian el riesgo (perdidas) por asignar salas a la emisión de cine español y europeo. En ningún caso el gobierno pone nada de su parte, todo el gasto recae sobre el ciudadano. Esta ley de paridad puede causar mucho malestar si no se gasta un duro en promoción y sensibilización u ofrecer ventajas a las empresas que lo apliquen y no limitandose a "ir con lo gordo por delante".