jueves, noviembre 29

Delincuencia y castigo: un falso debate

Hace ya tiempo leí este breve artículo de Jean Michel Quillardet. Breve pero intenso. Y también aplicable a nuestro país, que acaba de quedarse a las puertas de una profunda reforma, otra, del Código Penal. Salvando las distancias que marcan la referencias republicanas y el importe del salario mínimo interprofesional en nuestros dos países, no deja de ser cierto -y coincido con la opinión manifestada- que una sociedad democrática real debe tener presentes siempre determinados principios. Hay quien se conforma con reducir el régimen de libertades al depósito de un papel en una caja de metacrilato cada cuatro o cinco años. Quienes pensamos que ser libre en una sociedad implica algo más que la destreza en el manejo de una papeleta electoral, encontraremos, creo, algo que nos gustará en el texto que he traducido y que transcribo a continuación. Como siempre, buena lectura.
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Si no se puede menos que compartir el objetivo de todo gobierno en lo tocante al respeto de la paz pública, la represión de los ataques al orden público y la desaparición de la delincuencia, sí podemos preocuparnos ante la reorientación de todo nuestro sistema judicial, que tiende a transtornar todo equilibrio basándose únicamente en el castigo, terapia considerada necesaria para el apaciguamiento de los miedos colectivos.
Bajo la influencia de la filosofía de las Luces, el sistema judicial francés llegó a consagrar el principio humanista que la institución judicial debía trasladar a la sociedad así como a aquellos que se desviaban y no encajaban en la misma.
¿Cuáles son las causas de la delincuencia?
Cada uno de nosotros sabe que hay causas con su origen en la naturaleza humana y que no pueden ser explicadas sino por psiquiatras: Se trata en este caso de transtornos graves de la libertad y de la voluntad que no podrán ser extirpados nunca basándose en la ejemplaridad de la represión, puesto que estos delincuentes, en su mayor parte de carácter sexual, integran un grupo de personas que no son dueñas ni de sus pulsiones ni de su instinto.
Existe otra causa incontestablemente social: Hoy en día ya no se plantea ningún tipo de reflexión en torno a esta inequidad notoria que se manifiesta en torno al dinero obtenido de manera fácil y en abundancia, y el modesto salario obtenido con el sudor de la frente.
Millones de euros ganados en la bolsa, recibidos cada mes como sueldo porque alguien dirige una empresa, o bien porque, a menudo como consecuencia del azar, ese alguien es una vedette de la televisión o del cine, frente a un salario mínimo interprofesional que no llega todavía a los 1500 euros, y que millones de hombres y mujeres se esfuerzan cada día en ganar. Cuando una sociedad toma como valor fundamental el éxito a partir del dinero, no debe extrañarnos que algunos para alcanzar ese triunfo lleguen incluso a la comisión del delito.
Estamos de acuerdo en que hay que combatir las mafias, las redes de tráfico de estupefacientes, la trata de seres humanos y el proxenetismo castigando estas conductas.
Sin embargo no es éste el tipo de delincuencia mayoritario que inunda los juzgados de instrucción y las audiencias.
Existen también otras causas sociales, ligadas a la integración, y asimismo al hecho de que el "ascensor social" ya no funciona, y a que progresar en nuestra sociead hoy es cada vez más difícil.
No es a través de la cárcel, o de la sanción y el castigo que logrará reducirse el volumen de la delincuencia. Por contra: sabemos que la prisión, principalmente para los más jóvenes, contribuye al contagio del crimen y a cerrar un poco más si cabe al individuo en ese ciclo de la desviación social.
Hacer creer al público que la firmeza, la supresión de toda amnistía y de toda medida de gracia, la elevación de las penas, el fin de la "minoría de edad", tendrán el efecto de ejemplarizar y que, en consecuencia, la delincuencia disminuirá es completamente inexacto y tiene únicamente como finalidad hacer creer erróneamente que de una parte existe el bien, y de otra el mal; y que el mal no debe ser reparado sino alejado de esta sociedad bienpensante y llevado a la negra noche de las prisiones, lo cual, evidentemente, no impedirá que la delincuencia siga aumentando.
Así las cosas los humanistas no pueden hacer otra cosa que mostrar inquietud ante una política judicial que responde antes que nada, a la voluntad represiva del instinto popular para hacer frente a su miedo en vez de responder a la única cuestión que, en mi opinión, es digna del humanismo: Luchar contra la delincuencia atendiendo a sus causas estructurales, esto es, aquellas sobre las que se asienta la delincuencia misma.
La individualización de las penas, la humanización de los tratamientos, la prevención y el derecho de defensa son fundamentales en el sistema judicial humanista y republicano. Incluso aunque uno vaya contra la opinión pública, es necesario sostenerlos siempre.


Artículo escrito por Jean Michel Quillardet, abogado y Gran Maestre del Gran Oriente de Francia; publicado en Le Figaro el día 4 de agosto de 2007

miércoles, noviembre 28

Desatinos

Durante la última semana creo que he podido escuchar en los noticiarios disparates de todo tipo cuyo denominador común no es otro que ese ánimo pertinaz de imponer lo propio a los otros, aunque ello suponga arañar los resquicios de la vida privada de cada ciudadano, o aplicar como verdad absoluta e indiscutible aquello que no son sino convicciones personales sobre las que no admiten ningún tipo de controversia ni opinión contraria.
Hace pocos días el dedo acusador se cebaba con Epi y Blas. Los muñecos de Barrio Sésamo con los que se entretuvo la infancia de mi generación, pasan ahora a ser una emisión no apta para todos los públicos. Los niños y niñas podrían desarrollar una peligrosa inclinación hacia la homosexualidad en ese país que todos conocemos y cuyo máxima expresión en materia de defensa de las libertades públicas, parece que acabará reduciéndose a la posibilidad de comprar una automática en un supermercado. Imagínense que de tanto ver a Epi y Blas en las actitudes equívocas que aprecian los censores, sus niñitos terminaran como Wilde, Lorca y otros invertidos e invertidas de mal acabar. A dónde iríamos a parar por ese camino de perdición.
Tras esto he conocido la historia del oso de peluche. Sí, me estoy refiriendo a esa profesora británica a la que le fundirán las costillas en el Sudán si la diplomacia de la Pérfida Albion no lo remedia. Consintió -tiemblo de pavor al pensar en ello- que sus alumnos le pusieran el nombre de Mahoma a un muñeco y, claro está, a los padres de los alumnos no les quedó otro remedio que actuar. En cada país siempre hay gentes de orden. Y en el Sudán, aunque sean unos herejes y profesen una falsa religión, el orden es una constante social. Hambre pasarán, pero orden tienen en abundancia.
Y ya para acabar esta cadena de dolores no puedo evitar la referencia a ese video de Youtube que no he podido localizar, y en el que varios marroquíes celebran una fiesta tras una boda. Los contrayentes eran dos hombres y, es evidente después de lo de Epi y Blas, los hombres no pueden casarse. Y mucho menos en Marruecos, esa democracia... Alá tiene una gran preocupación cada vez que dos hombres se besan. Y cuando lo hacen dos mujeres a Alá le da un terrible dolor de cabeza y por eso comienza a llover y los palestinos se matan entre sí. Y cuando a la gente le da por toquetearse ya no quiero ni contar lo que puede llegar a suceder.
Esto es lo que hay en este loco mundo; desde oriente a occidente; desde el norte hasta el sur; desde las sociedades más "desarrolladas" a aquellas que se desayunan con hambre; la ausencia de la luz de la razón es en todas partes una evidente y lamentable constante.
Dediquemos este video, que espero que arranque alguna sonrisa, a tanto clérigo y almuédano; a tanto meapilas y metepatas; a tanto tonto útil y servil; a todos aquellos que, en suma, no tienen otra ocupación que juzgar la vida ajena porque no les alcanza con la miseria de su propia existencia. Y también a todos los que, en la España democrática de bandera roja y gualda, se han dedicado a recurrir ante el Tribunal Constitucional como si dispararan con una ametralladora contra los avances legislativos que han dado a muchos compatriotas lo mejor que una norma puede aportar: una existencia más feliz.

lunes, noviembre 26

¿Ha pedido perdón monseñor Blázquez?

Cuando tuve conocimiento de las palabras del Presidente de la Conferencia Episcopal, el Sr. Blázquez, en las que dejaba entrever una muy matizada y supuesta petición de perdón por los pecados cometidos, llamó más mi atención el tratamiento dado a la declaración por la prensa y otros medios de comunicación que lo dicho propiamente por el Obispo de Bilbao.
Tuve la impresión en un primer momento de que se lanzaban por algunos sujetos las campanas al vuelo con cierta precipitación. Finalmente, la voz delicada del bilbaíno fue laminada por el discurso belicoso de Don Camino, portavoz de la jerarquía católica en nuestro país, y uno de los actores que participa activamente en la batalla que se libra en la cúpula eclsiástica española entre lo malo y lo peor.
Casualmente, con ese panorama de fondo, llega a mis manos hoy el artículo de Juan José Tamayo que traigo aquí. Me parece que puede aportar algo. Buena lectura y felices sueños.

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El discurso de monseñor Blázquez en la inauguración de la XC Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española ha sorprendido a tirios y troyanos por su distanciamiento de los discursos numantinos y frentistas de otros colegas en el episcopado que no pierden ocasión para atacar al gobierno y condenar a los legisladores. Son los mismos que utilizaron la beatificación de 498 mártires como arma arrojadiza contra la Ley de la Memoria Histórica.
Blázquez no ha ido tan lejos como la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes, de 1971, que sometió a votación la siguiente propuesta: "Reconocemos humildemente y pedimos perdón porque nosotros no supimos a su tiempo ser verdaderos `ministros de reconciliación' en el pueblo dividido por una guerra entre hermanos", y que contó con más del sesenta por ciento de apoyo, aunque no fue aprobada porque el reglamento de la Asamblea exigía la aprobación de dos terceras partes de los votantes. Pero ha recuperado el lenguaje del perdón y de la misericordia, tan evangélico y, al mismo tiempo, tan olvidado por los funcionarios de Dios, que prefieren el lenguaje de la confrontación. Con un matizado y tímido "probablemente" y no pocas cautelas el presidente de los obispos españoles ha afirmado que "ante actuaciones concretas…. debemos pedir perdón y reorientarnos, ya que la `purificación de la memoria'… implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda". No se puede hablar de un discurso de ruptura, aunque sí, ciertamente, de un salto cualitativo que, en medio del actual neoconservadurismo eclesial, no podemos minusvalorar.
Blázquez da todavía un paso más al referirse, junto a los mártires cristianos, "a las personas que han mantenido sus convicciones y han servido a sus causas hasta afrontar las últimas consecuencias". A diferencia de los discursos de la beatificación en Roma, que olvidaron a las otras víctimas de la guerra civil, el obispo español reconoce que aquel acto "no supone desconocimiento ni minusvaloración del comportamiento moral de otras personas sostenidas con sacrificios y radicalidad". Más aún, dice inclinar la cabeza "ante toda persona que lucha honradamente por la libertad de los oprimidos, por la defensa de los pobres y por la solidaridad entre todos los hombres". Es un texto claramente inclusivo, aunque sigue sembrando sospechas sobre la Ley de la Memoria Histórica, aprobada por la mayoría de las fuerzas parlamentarias. ¿Por qué esta Ley abre heridas del pasado y la beatificación de los mártires no?
El discurso refleja las tensiones que existen dentro de la Conferencia Episcopal, dividida hoy en dos grupos con proyectos coincidentes pero con estrategias distintas: el representado por Rouco y Cañizares, que durante toda la legislatura viene optando por la resistencia numantina, y el del propio Blázquez, que no se ha opuesto a dicho discurso, pero tampoco lo ha apoyado explícitamente. Estamos, sin duda, ante una primera toma de posición de cara a las elecciones que se celebrarán en la Conferencia Episcopal en 2008 coincidiendo con las elecciones generales y que, previsiblemente, serán muy reñidas.
En el discurso echo en falta, empero, mayor concreción en la petición de perdón. Me hubiera gustado encontrar referencias directas a actuaciones tan poco loables como la complicidad de la jerarquía con el franquismo casi hasta el final y la legitimación del golpe militar a través de la Carta Colectiva del Episcopado Español de 1 de julio de 1937, que tanto y tan negativamente influyó en la opinión mundial, sobre todo entre los católicos, y que, con un lenguaje claramente maniqueo, presentó a la República como agente del comunismo y enemiga de la Iglesia y a los sublevados como defensores de la civilización cristiana. El lenguaje de Blázquez sobre la guerra civil resulta vago y descomprometido. Se limita a pedir a los historiadores que investiguen sobre lo ocurrido, sus causas y consecuencias. Pero no dirige una sola palabra de condena del golpe militar, ni se distancia del mismo. Creo que es de los pocos episcopados católicos del mundo que no han condenado comportamientos de este tipo.
Igualmente he echado en falta en el discurso una condena del franquismo, de las ejecuciones sumarísimas con nocturnidad y alevosía que se sucedieron en la inmediata posguerra, de la represión sistemática durante los cuarenta años, etc., que los mismos obispos legitimaron, al menos con el silencio, lo que les hace cómplices. La fecha misma del discurso, tan cercana al 20- N, parecía la más indicada para dicha condena. La Asamblea Conjunta fue explícita a este respecto y expresó la necesidad de que jerarquía de la Iglesia española estuviera atenta y se pronunciara con prontitud ante los las situaciones y los acontecimientos contrarios a los derechos humanos nos de la comunidad o de algunos grupos. Se dirá que dicha condena sería hoy puramente retórica y que no tendría efectos de ningún tipo. No es verdad. La denuncia constituye un ejercicio de crítica de los tiranos, de "memoria subversiva" y de rehabilitación de las víctimas. La denuncia profética de las injusticias y de los atentados contra los derechos humanos es, además, una constante en la tradición judeo-cristiana, desde los profetas de Israel, pasando por Jesús de Nazaret, hasta los profetas de nuestro tiempo. La negativa a condenar el franquismo está siendo hoy la tónica general de los obispos, alegando, como monseñor Sánchez, obispo de Guadalajara y ex secretario general de la CEE, que la dictadura no se puede condenar en bloque porque no todo fue malo, también hizo cosas buenas. ¿Es Blázquez del mismo parecer?
El cambio de tendencia al que parece apuntar el discurso debe traducirse en prácticas más tolerantes y menos beligerantes de la jerarquía con leyes y actuaciones políticas que amplían el horizonte de los derechos humanos y mejoran las condiciones de vida de los ciudadanos y ciudadanas, más abiertas a los nuevos climas culturales, más dialogantes con los sectores de base dentro de la Iglesia y más sensibles a los problemas reales de la sociedad. Y pasar del "debemos pedir perdón" a una auténtica declaración pública de perdón de la iglesia católica! Mientras esto no suceda, no será creíble. ¿Ha pedido perdón el presidente de la Conferencia Episcopal? Ciertamente, no. Se ha limitado a expresar un tímido deseo y quizás, una piadosa intención, pero con deseos y buenas intenciones no se corrige el rumbo errático de la historia ni se construyen alternativas. Ése es el gran desafío.



Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y de Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid; también uno de los exponentes intelectuales de la Teología de la Liberación y autor, entre otras obras, de "Adiós a la Cristiandad"

domingo, noviembre 25

Castidad

Recorriendo el espacio inmaterial me entero de esta ridícula iniciativa puesta en marcha por la Iglesia católica polaca, tan empeñada como la nuestra en regir las vidas privadas de las gentes y en enseñarnos la verdadera senda por la que hemos de transitar todos los terrícolas. Afortunadamente, cierto tipo de discursos, aparte del susto inicial, terminan provocando hilaridad.
La cosa es como sigue:
La Iglesia polaca promueve usar un anillo de castidad para que las chicas se “aguanten” hasta llegar al matrimonio. Es plateado con una azucena, que es símbolo de la pureza y ya está a la venta (seguro que por un módico precio, pienso yo. Desde luego la criatura de la foto parece contentísima; y no negará nadie las ventajas de este procedimiento frente al burka y otros adminículos ideados por falsas religiones e invenciones paganas).
La Iglesia Católica de Polonia pretende fomentar la castidad entre las jóvenes polacas y para ello ha ideado un anillo con el que las chicas podrán presumir de su virginidad ante la mirada atenta de los hombres al pasar.
Los anillos ya se pueden adquirir en el Santuario de la Bendita Karolina Kózka, en Tarnów (al sur del país), un templo dedicado a la joven Karolina Kózka, asesinada en 1898 (en otras fuentes he leído que la criatura feneció en 1914) cuando sólo contaba con 16 años y trataba de evitar que un soldado ruso la violase (un ruso zarista ¡Hay que ver!) Juan Pablo II beatificó a Karolina hace veinte años y, desde ese momento, se la consideró en Polonia como símbolo de la pureza de las jóvenes, un concepto que cada vez cobra más importancia en este país, donde la Iglesia tiene todavía una presencia fundamental en la sociedad.
Un artesano local fue el encargado de diseñar el anillo de la castidad, que pronto también podrá ser adquirido en el resto de parroquias polacas y a través de internet, según informó hoy la radio pública de Polonia.
Las críticas no han faltado: mucha gente opina que el anillo será simplemente una moda que no logrará cambiar los hábitos sexuales de las jóvenes polacas. "La mayoría lo harán como una simple moda, nada más, seguro que seguirán comportándose igual", aseguró Agnieszka Nowak, estudiante de sociología en Varsovia y con la que yo coincido plenamente: Qué cosa hay más católica que hacer lo contrario de aquello que se predica...
Me pregunto yo ¿por qué no les regalarán unos anillos de estos a los jesuítas americanos? Nadie podrá negar que se hubieran ahorrado una millonada en indemnizaciones por abusos sexuales a la comunidad esquimal.

La batalla de los obispos

Hoy me he encontrado en la edición dominical de El País con un reportaje firmado por Juan Bedoya, al que me atrevo a darle la categoría de herramienta útil para conocer un poco mejor qué está pasando en el seno de la Conferencia Episcopal Española; ese órgano de gobierno eclesial desde el que se hace tanta política terrenal para atormentar a la sola y desierta llanura , por la que cabalga el caballo cuatralbo.
No he podido evitar al leer el texto, dejar escapar una leve sonrisa: Por fin descubro que no sólo los masones perdemos el tiempo en cuitas y revolturas internas... Aunque, claro, estos muchachos de la camisa negra nos llevan un poco de ventaja; y tengo la impresión de que entre codazo y codazo obtienen, utilizando la clásica terminología marxista, una jugosa plusvalía. A nosotros, por contra, creo casi siempre nos queda un regusto amargo: el sabor de la envenenada imperfección humana.
En todo caso, feliz domingo y mejor semana.

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REPORTAJE: La Iglesia católica española

La batalla de los obispos
Los cardenales Rouco y Cañizares batallarán para arrebatar a Ricardo Blázquez, prelado de Bilbao, la presidencia de la Conferencia Episcopal Española

Cinco cardenales -los de Madrid, Barcelona, Toledo, Valencia y Sevilla-, el nuncio del Papa y el obispo de Bilbao, además del portavoz/secretario general con voz pero sin voto. Ésta es la composición, desde el viernes pasado, de la mesa de honor que preside las asambleas de la Conferencia Episcopal Española (CEE). El órgano principal del catolicismo español agrupa a 78 prelados en activo y a 40 eméritos. El 3 de marzo del próximo año están convocados para elegir una nueva dirección.
Las divisiones internas, casi siempre soterradas, son en esta ocasión muy visibles desde que el lunes pasado el presidente de la CEE, el obispo Ricardo Blázquez, se alejó, en un sonoro discurso, de las tesis oficiales de la conferencia sobre cómo asumir responsabilidades por el golpe militar contra la II República, la calificación de la Guerra Civil como "cruzada" y el apoyo de la Iglesia de Roma a la larga dictadura del general Franco.
Blázquez también matizó la visión del episcopado sobre la reciente beatificación de 498 católicos asesinados en aquel enfrentamiento fratricida e, incluso, sobre el rechazo de la llamada ley de la Memoria Histórica. Además, calificó de "decisivo" y "don de Dios para la Iglesia y la sociedad española" el trabajo del cardenal Vicente Enrique y Tarancón durante la transición de la Iglesia de Roma hacia la democracia, y como impulsor en España de las numerosas reformas del Concilio Vaticano II.
A la mayoría de los obispos actuales -quedan sólo seis que lo eran cuando el mítico cardenal se jubiló-, la figura de Tarancón les resulta ajena, cuando no antipática, por haber pilotado una transformación que hace años que les resulta incómoda. Un ejemplo es el juicio que el líder del catolicismo español entre 1971 a 1981 tuvo sobre el franquismo, un asunto que siempre ha envenenado las relaciones entre el episcopado moderado y el conservador. La discordia ha vuelto a surgir esta semana.
Frente a la tesis del sector afín al cardenal Antonio María Rouco de que la Iglesia fue "sujeto paciente y víctima" de la Guerra Civil, y que, por tanto, el episcopado no tiene por qué disculparse ante la sociedad por implicaciones en aquella tragedia, Tarancón sostuvo que la Iglesia fue, efectivamente, víctima, pero también verdugo. Fue él quien, en 1971, apadrinó la idea de pedir perdón. "Si decimos que no hemos pecado, hacemos a Dios mentiroso y su palabra ya no está con nosotros", remachó.
Blázquez sostuvo el lunes pasado algo parecido, aunque con palabras alambicadas, como si temiera provocar un cataclismo si decía en noviembre de 2007 lo mismo que proclamó su ilustre predecesor 37 años atrás.
Elegido hace tres años contra pronóstico, el obispo de Bilbao vuelve a tener rivales de postín: los cardenales Rouco (Madrid) y Antonio Cañizares (primado de Toledo). Ya lo fueron en 2005, pero desde entonces han fortalecido sus posiciones, Rouco en Roma, donde tiene responsabilidades, por ejemplo, en la designación de obispos; y Cañizares en España, elevado al cardenalato en el primer consistorio de Benedicto XVI. Blázquez, en cambio, sigue siendo obispo, como si Roma no hubiera tomado nota de su liderazgo en la CEE.
Los otros tres cardenales españoles, Carlos Amigo (Sevilla), Lluis Martínez Sistach (Barcelona) y Agustín García-Gasco (Valencia) -estos dos tomaron ayer en Roma posesión de su alta dignidad-, dividen sus preferencias, sin descartar al prelado catalán e incluso a Amigo como alternativa de los moderados si fracasa la opción Blázquez.
No es descartable, tampoco, que Rouco no quiera volver a liderar a los obispos y facilite el camino a prelados emergentes de perfil moderado y más dialogante, como el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro.

La revuelta del jesuita

Lo que no consiguió Tarancón de su amigo Pablo VI -la mitra para José María Martín Patino, el vicario del cardenal en Madrid-, lo ha obtenido Rouco para Juan Antonio Martínez Camino. Es una demostración de poder. Martín Patino, ya jubilado, no llegó a obispo porque es jesuita. Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, prohibió a sus seguidores aceptar cargos eclesiásticos salvo en tierras de misión o excepciones de relevancia mundial. Fueron las razones del Vaticano para no aceptar los deseos del cardenal Tarancón.
Martínez Camino también es jesuita y ha sido nombrado la semana pasada obispo auxiliar de Madrid. El nombramiento es obra de Rouco, que es miembro de la Congregación vaticana que propone al Papa el nombramiento de prelados.
Jamás había habido un obispo jesuita en España, pero estaba cantado el ascenso de Martínez Camino. En 2003 ya aceptó ser portavoz/secretario general de la Conferencia Episcopal, solicitado también por Rouco. La Compañía de Jesús opuso entonces gran resistencia, pero también fracasó aquella vez. A cambio, su díscolo miembro dejó de vivir en residencias para jesuitas. Hoy le dan posada, como capellán, las monjas Cruzadas de Santa María.

Un momento en la historia

Esos días, cuando salgo de casa, tengo la oportunidad de ver unos carteles ya desgarrados que recuerdan que nos encontramos en plena conmemoración (por quienes tengan algo que festejar, claro está)del noventa aniversario de la Revolución que liquidó a la vieja Rusia y alumbró aquello que conocimos como socialismo real.
También, durante esta semana, en el escaparate de una librería vi varios libros dedicados al sátrapa soviético. Recordé las imagenes del funeral que aquí reproduzco, más que nada como una curiosidad histórica. No puedo evitar hacer un paralelismo con los funerales de otros dictadores: la exhibición de medallas; la voz medio desgarrada y trágica del locutor; el cortejo de aduladores camino de la última morada... Seguro que a todos, sin necesidad de mucho esfuerzo, nos llegará a la memoria algún retazo, alguna mínima fracción de un recuerdo.

jueves, noviembre 22

El tiempo que vivimos

Cuántas veces he oído eso de "...Parece mentira. En los tiempos que vivimos..." Se presupone cuando se pronuncia esto que tenemos una conciencia muy formada de los valores que han de primar; de aquello que es correcto y de lo que no lo es; de aquellas cosas que tienen un grado de inadmisibilidad tal que provocan directamente el vómito de nuestra conciencia.
Y cuando se dice esto también se cae en el error habitual de pensar que vivimos en el mejor de los tiempos. En los tiempos en que el horror es algo tan excepcional que, cuando nos asalta, provoca una desagradable sorpresa. Un pequeño susto que quebranta el remanso de paz en el que creemos desarrollarnos y vivir.
Pero no, no es así. Vivimos el tiempo que nos corresponde con sus achaques. Y no hay, me parece, peor cosa que atribuírle un carácter excepcional a aquello que en tantos lugares es moneda de uso corriente.
Esta mañana escuchaba en la radio una noticia que me dejaba estupefacto y que, he de reconocerlo, me hacía posar los pies en la tierra y volver a poner el reloj en hora: La alta magistratura de Arabia Saudí acaba de condenar a una mujer de 19 años por haber viajado en un vehículo acompañada por un hombre extraño que no era ni su padre, ni su hermano. La condena en un primer momento consistió en la imposición de 90 azotes. Pero la revisión de la sentencia por una instancia superior elevó a 200 el número de golpes. No sirvió como atenuante el hecho de que la mujer, en el trayecto, hubiera sido violada por siete hombres. La dictadura religiosa, la maquinaria opresiva más perfecta que ha creado el ingenio humano, realizó a la perfección su trabajo.
Este es el tiempo en que vivimos. Hace algo más de doscientos años en Occidente comenzó a hablarse de los derechos individuales. Olympe de Gouges se atrevió a formular la declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana y a colocar los primeros cimientos sobre los que se asienta el pensamiento feminista moderno. Pero hoy, doscientos años después, seguimos conviviendo con la opresión incluso en nuestra propia casa: Porque ni podemos olvidar lo que sucedía aquí hace cuatro días, ni tampoco cabe cerrar los ojos a lo que ocurre en el mundo en el que vivimos, y del que ya nada nos es ajeno por grande que sea la distancia que separa a unos seres humanos de otros.
Quizá lo que evita que caigamos en el abismo son las herramientas nuevas que algunos iluminados e iluminadas nos dejaron como legado. Son esos útiles con los que convivimos habitualmente; tanto, que nos sabemos párrafos enteros de memoria y pensamos que esas conquistas han estado ahí todos los días de nuestra existencia; y de las de nuestros padres; y de los que estuvieron antes. Pero no es así. Todos sabemos el riesgo que se corre si no se utilizan estas herramientas; si mellamos su filo; si guardamos silencio; si creemos que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que no nos sucederá nunca en nuestra caja de cristal: Siempre habrá un burka de nuestra talla; y un sastre dispuesto a confeccionarlo para que nos asiente a la perfección.

En el recuerdo

Fernando Fernán Gómez
falleció en Madrid el día 21 de noviembre de 2007

miércoles, noviembre 21

Ecos de sociedad


Estos han sido días propicios para seguir los ecos de sociedad eclesiásticos y dar algún salto que otro. Sin ir más lejos, durante el fin de semana me enteré de la nueva buena del premio extraordinario concedido por Don Rouco a Don Camino. Ya es Obispo Auxiliar el jesuíta asturiano, tan triste él porque los hijos habidos en los matrimonios civiles y fuera de ellos, tienen derecho a recibir el maná estatal que reparten los despiadados laicistas que nos gobiernan.

Me quedé de piedra al enterarme de que España vuelve a ser un territorio "martirial"; un país de misión. Es lo que ha dicho otro de los rostos más famosos del entorno clerical, el Príncipe de la Iglesia, Sr. Rouco Varela. En eso del martirio y de la misión debe residir la causa de este ascenso en el cuartel general de lo más florido, granado e intransigente de la Conferencia Episcopal española.

A la vez que Martínez Camino exhibía con regocijo sus nuevos galones, el Cardenal Rouco participaba en la reunión que durante el fin de semana celebraban los Propagandistas españoles.

En alguna ocasión hemos dedicado en este espacio una referencia a la Asociaciación fundada por el Cardenal Herrera Oria, y que a día de hoy tienen un importante peso en la dirección de la Cadena de Ondas Populares de España, así como una ingente presencia en el sector educativo. Ahí está la Universidad de San Pablo y un rosario de centros privados, de los que se sostienen gracias a este estado aconfesional en el que hasta los ateos encendemos el fuego de los cirios. Precisamente uno de esos centros está a punto de saltar a la fama por aguantarle el pulso a la Generalitat de Catalunya, negándose a cumplir la ley y "objetando" a la hora de impartir la nueva asignatura de "Educación para la Ciudadanía".

El caso es que en este animadísimo fin de semana a partir del cual contamos con un nuevo Obispo, el Sr. Rouco ha vuelto a llamar la atención sobre la tragedia que vive España: inundada por el laicismo militante y radical; angustida por la traición que se ha cometido con "la ley natural"; y con la divinidad expulsada del seno de la sociedad. Pobrecita España. Pobrecita y católica España, desgajada de sus raíces íntimas cristianas. A punto de romperse en mil pedazos. Llena de mártires de hoy y de beatos de ayer a mayor gloria de los amores fraternos y de las ansias de reconciliación nacional.

Es sabido que el problema que plantea este discurso que lleva a la práctica la alta jerarquía de la Iglesia católica, no es otro que la incompatibilidad con una socidad laica. Ha interesado en todo momento confundir los términos y, ya lo hemos dicho muchas veces, hasta se puede decir que la estrategia ha tenido éxito. Hay quien piensa , ingenua o interesadamente, que vivimos una materialización plena de la separación entre Iglesia y Estado; hay también quien cree que el laicismo es el nombre que se da a las cenizas humeantes después de que las llamas devoran los cimientos de los lugares de culto. Y, creo que se trata del peor error, también hay quien piensa que existe una cosa que se llama "laicidad", y que identifica con este estado de cosas con el que convivimos: dinero, financiación, subvenciones, convenios... ¡Siempre el poderoso caballero de por medio! Con confusión de términos incluída, lo único que interesa a nuestros clérigos es mantener la buena salud de la caja de caudales. Y el poder. El dominio que sobre tantas cosas han tenido en este reino que no es de su mundo. Ese es el eco que queda en mis oídos arrullado entre los pliegues de las sotanas.

viernes, noviembre 16

Noticia en L´Express

Me llega de Francia esta noticia, publicada ayer, 15 de noviembre, por el diario L´Express , en su página 70. El artículo aparece ilustrado con una fotografía del actual Gran Maestre del Gran Oriente de Francia en la que se declara que es partidario de la iniciación de mujeres. El texto no tiene desperdicio aunque el periódico no sea de los que mejor trata en Francia a la Francmasonería; me he atrevido no obstante a dedicarle un tiempo para traducirlo y difundirlo en castellano. Son los pequeños empujones que uno, muchos, podemos dar. Ante nosotros se levanta un muro solemne, imponente, arropado por una dureza de siglos. Pero es todo fachada: un golpe, un tirón aquí, otro allá, y acabará cayendo.
¡Viva la mixtidad!


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Los francmasones se resisten a las mujeres

La mayoría de los hermanos del Gran Oriente rechaza todavía la iniciación de mujeres. ¿Podrán algunas logias pioneras romper bloqueo?
"La respetable Logia Combate iniciará a una mujer en este curso masónico y no seremos los únicos: ¡otras logias lo harán también!" Quien se expresó así es el venerable de esta logia parisina, Jean Jacques Mitterrand, el pasado seis de septiembre de 2007. ¿Cuál era su público? Solamente hombres, representantes de 956 talleres del Gran Oriente de Francia (GO), primera obediencia masónica en Francia con 48000 miembros, reunidos con ocasión de su Convención en La Rochelle.
En Combate, una mujer a pasdo las primeras etapas iniciáticas: Las tres aplomaciones (relativas a su personalidad, ideas y espiritualidad, y vida social); el "pase bajo venda", donde, con los ojos cubiertos por una venda, tuvo que responder a las preguntas de una treintena de hermanos, que aprobaron su intregración votando cada uno con una bola blanca o negra. Queda una última formalidad: La logia debe obtener de la dirección del GO una confirmación con arreglo a la cual esta mujer no ha sido rechazada previamente. En esas estamos, aunque los altos dignatarios del GO tienen retenido el expediente.
Aunque es partidario de la iniciación de mujeres en el GO, el Gran Maestre, el abogado Jean Michel Quillardet, no quiere chocar con aquellos que rechazan la mixtidad, una mayoría que, sin embargo, se reduce progresivamente. En la Convención de La Rochelle, quienes se oponían a la iniciación de las mujeres no eran más que el 57.7%, en lugar del 70% existente el principio de la década. Y tratándose ya de mujeres iniciadas en otras obediencias, esto es la afililación de hermanas, ésta fue rechazada únicamente por un 50.3% de las Logias.
"No sé que decir a quienes nos acusan de discriminación", reconoce Quillardet. Para explicar las reticencias de los hermanos, no encuentra más que un término: La tradición. Esto es, la costumbre que deriva de las Constituciones de Anderson de 1723, que prohibían la entrada en las logias "a los esclavos, a las mujeres y a los hombres inmorales y escandalosos" ?
Si la francmasonería ha contribuído ampliamente a la liberalización de la contracepción y del aborto, los talleres apenas han acogido la mixtidad y la paridad. Las tres principales obediencias están formadas únicamente por hombres, y sólo el 17% de los miembros de la francmasonería son hermanas.

Los transexuales también actúan

¿Por qué los hermanos "tres puntos" mantienen la costumbre de encontrarse sólo entre hmbres aun a riesgo de parecer retrógrados o misóginos? Porque les gusta la fraternidad viril, el ambiente "boy-scout, como en una habitación colectiva o en un vestuario deportivo, donde la gente se toca, se abraza, o se cuentan historietas licenciosas lejos de los oídos femeninos. Las comidas que celebran los maestros, los ágapes, acaban convirtiéndose en comilonas picantes. Algunos hermanos sostienen incluso que el encanto femenino afecta a la calidad de sus intercambios filosóficos en las "tenidas" rituales. En este sentido un antiguo Gran Maestre de una obediencia masculina hacía referencia a la falta de libertad de algunos hombres, sometidos a sus "pulsiones hormonales", sus "pulsiones de mamífero"!. Pero, si la seducción fuera imcompatible con el camino iniciático, las logias "unigénero" deberían rechazar, valiéndose de las bolas negras que se emplean en las votaciones a los homosexuales!
La situación de los transexulaes también alcanza a la masonería. En el taller parisino "Université", un hermano del GO acaba de convertirse médica y legalmente en una hermana, sin mostrar el menor deseo de unirse a una obediencia mixta o femenina. "No vamos a caer en el ridículo excluyéndolo", ha respondido Quillardet, con la esperanza de que este acontecimiento permitirá evolucionar a algunas mentes.
François Koch

Cristales rotos, cuchillos largos

En alguna ocasión he escrito sobre la especial configuración de la extrema derecha española, diluída en el silencio tras la muerte del último dictador, y que de vez en cuando deja entrever la lengua bífida según sople el viento, o late animada en el corazón de algún partido político mayoritario. La nuestra es una situación un tanto especial: España es un país de centro, todo el mundo lo sabe. La derecha no existe y la izquierda anda un poco perdida, dando cabezadas y bostezando, o echándole un capote al bufón nuclear de las Américas. Somos una nación civilizada, en la que los extremos apenas sí existen y, en consecuencia, aborrecen tocarse. Esta que acabo de apuntar es, claro está, la versión que desde los editoriales de la prensa bien pensante ha llenado nuestras retinas y cabezas durante los últimos años.
Cierto es que el espectro político visiblemente violento y radical apenas sí existe o se manifiesta. Pero cuando lo hace, deja una huella indeleble que hace recordar a lo peor de lo peor de cuanto hemos vivido. El último fin de semana quedó un joven de dieciséis años muerto en el metro de Madrid, acuchillado por un matarife metido a soldadito de plomo que asistía a una manifestación convocada por "Democracia Nacional". Tiene gracia macabra el nombre.
Ahora, al ruído de los cristales rotos, acuden los vecinos y la portera de la centrada España. La militancia antifascista sale a la calle a reventar las cabinas de teléfono y los escaparates del centro de la capital del reino, métodos éstos que todos conocemos como un conjuro muy útil para lograr el establecimiento de la paz social, la eliminación de cuantos odian al diferente y la erradicación del fascismo en este suelo nuestro, empapado de caliente hemoglobina. Se anuncian nuevas manifestaciones en Madrid. Unas del gremio de cristaleros con conciencia revolucionaria -guardias rojos y esas cosas-; otras de los discípulos de José Antonio e Ynestrillas, que aspiran a llenarlo todo con el color cañí y la gallina imperial presente en el afán de sus pendones. Y con apenas media hora de diferencia y casi el mismo recorrido, un escalofrío recorrerá el espinazo de muchos ciudadanos este sábado y los días que nos quedan hasta el 20 de noviembre, jornada que debería ser festiva a todos los efectos por conmemorar el combate heróico en el que la biología se impuso a los sables, pistolas y sotanas.
La Delegada del Gobierno madrileña ha recogido la patata caliente titubeando como no era de esperar. Primero lanzó un discurso de pretendida firmeza que dejó entrever su voluntad de prohibir estos nuevos desfiles de la victoria en los que lo único que se hace es vociferar y sembrar la discordia racista y xenófoba. Pero la fiebre lúcida duró escasamente un día y en el momento actual estamos a punto de ver en vivo y directo las camisas azules, las banderas al viento, las boinas rojas, las cabezas peladas y huecas...
Hasta en Izquierda Unida ya ha habido quien se ha planteado la conveniencia de "ilegalizar" a todos estos partidos políticos que pervierten el órden constitucional; y ello a pesar de todo lo que se chilló en su momento frente a la normativa aprobada en el último mandato de aquel "estadista" nuestro que tenía acento mexicano. Un debate se ha abierto, por fin, en esta equilibrada sociedad, donde se plantea abiertamente la cuestión de qué ha de hacer el sistema democrático frente a quienes se sirven de él para llenarlo de agujeros.
No es difícil comprobar cuál es el mensaje político que desde la extrema derecha y los partidos de corte fascista se está lanzando: odio, racismo, confesionalidad católica del Estado, nacionalismo exacerbado, violencia... Ha sido necesario un muerto en el metro de Madrid para que los interrogantes llenen las cabezas ilustres que nos gobiernan. Un muerto. Otro más. Y tal vez haya quien necesite además una "jornada particular" para tener una conciencia cierta de qué es eso a lo que nos enfrentamos.
Hasta aquí hablamos de las camisas pardas, negras, azules... Da igual. Merecerían también un pensamiento todos esos "autores intelectuales" que cobijan sus sádicas reflexiones en la moderación; que disfranzan la alimaña a la que alimentan con una domesticidad interesada y que son, qué duda cabe, demócratas de toda la vida.
¿Son galgos? ¿Serán podencos?

lunes, noviembre 12

Aspirinas asesinas

Leía hace unos días que Jefe del Estado Vaticano recomendaba vívamente al menestoroso gremio de farmacéuticos -entiéndase para mayor precisión que me estoy refiriendo a la Federación Internacional de Farmacéuticos Católicos-, que éstos desarrollaran una política mercantil consistente en el boycot a la venta de determinados fármacos calificados como inmorales.
La cosa ya viene de antiguo; el anterior ocupante de la silla que nunca conoció Pedro andaba empeñado en la misma batalla. Y el objeto de esta preocupación farmacológica no es otro que la píldora abortiva RU486 y similares.
Fiel a su trayectoria, la Iglesia católica se empeña, como lo ha hecho siempre, en imponer a partir de los resortes que controla, una determinada forma de concebir la realidad y hasta de entender la propia existencia humana. Católicos o no, tendremos que soportar que, como sucede en dos de las farmacias de la Calle Uría de la invicta Oviedo, nunca haya condones y tampoco se expenda un fármaco que contraviene las creencias del diplomado tendero de bata blanca que las merca.
Me pregunto a estas alturas si los que obtienen una licencia para la venta de fármacos a la ciudadanía en general, pueden gozar de este pretendido derecho con arreglo al cual nos restringen a los demás la compra de determinados productos. Esta es la Europa laica que se va construyendo, en la que en función de las creencias religiosas de quien nos toque al otro lado de la ventanilla o del mostrador, podemos salir más o menos esquilmados, o con peor humor.
Como sucedió en otro tiempo con la Educación en nuestro país, donde la firma de los conciertos con la Administración Pública fue útil para la construcción de toda una teoría jurídica en torno al supuesto derecho de elección del centro por parte de los progenitores -centro privado pagado con fondos públicos-; ahora nos encontramos en los albores de un nuevo milagro: el nacimiento del derecho de objeción de conciencia ante determinadas situaciones conflictivas con el credo religioso de cada cual.
Así, la profesión médica no tiene empacho en declararse objetora mayoritariamente en el sistema público en cuanto a la práctica de interrupciones de embarazo se refiere, mientras que en el ámbito privado la objeción se difumina y desaparece. Con los farmacéuticos comienza a trabajarse en la misma línea, atesorando una licencia emitida por la Administración que les permite trabajar, para negarse luego a servir al ciudadano que reclama sus servicios amparándose en su credo particular y supuestamente lesionado.
Curiosamente en España no existe más objeción de conciencia que la que reconoce el texto constitucional para el desarrollo del servicio militar. Nada se dice respecto a otras "objeciones", que no son sino supuestos de abierta, descarada e insolente desobediencia llevada a cabo por sectores a los que es difícil toserles. Estoy seguro de que el real gremio de albañiles tiene muchas razones para objetar, pero que ni encuentra el tiempo, ni el espacio, ni tampoco el auditorio. He ahí el milagro, con panes, peces y lo que haga falta.
Llegados aquí queda ver dónde se meten todos estos defensores de la cosa pública que tanto se indignan delante de los micrófonos en bien del interés general, pero que luego callan ruidosamente cuando hay que poner el "güevo" de verdad. Estoy esperando; y esperando me quedaré por lo menos hasta que el Santo Padre declare a los supositorios fuera de la ley de Dios por aplicarse "contra natura". Supongo que entonces nuestra paciencia alcanzará el punto de ebullición y alguien se atraverá a decir "¿Por qué no te callas?".
Buena tarde. Y compren sus preservativos en una gran superficie; a lo mejor hasta los tienen colocados en la caja, al lado de las golosinas para uniformados y tiernos infantes; y de los bonos de "ayuda" de alguna organización ultracatólica.
El que no se consuela es porque no quiere. Y los mercaderes ya hace tiempo que se han adueñado del Templo.

viernes, noviembre 9

Rosario Acuña

Ayer, sentado en el pasillo del Juzgado de Primera Instancia Uno de Gijón, alguien que me aprecia y a quien aprecio, me entregaba un recorte de periódico en el que se recogía un artículo que transcribo a continuación. Firma Juan M. Junquera; y apareció publicado en la sección de "Cartas Gijonesas" del diario El Comercio del pasado día uno de noviembre.
Buscándolo en este proceloso mundo lleno de informaciones para ahorrarme el mecanografiado manual, me he encontrado con una frase atribuída a Rosario Acuña que me ha dejado tiritando : "La guillotina fue el primer signo de igualdad de la historia". Algún delicado beato le ha dedicado un análisis superficial al pensamiento. En fin. No puedo evitar recordar a algún apreciado colega de mandil que sólo percibe de nosotros el cálido sol y el exotismo, olvidando que esto fue y puede volver a ser; que un día Clara Campoamor logró el derecho de voto para las mujeres anticipándose a la "grandeur"; y que Rosario Acuña sabía de carretilla las lecciones de la vieja historia.

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Casa de Rosario Acuña en El Cervigón, Gijón


Rosario Acuña (1851-1923)
01.11.07 -

JUAN M. JUNQUERA

COMO te decía: Un halo de intenso misterio surgía de aquella casa que solitaria recibía el amanecer por encima de sus tejas. Esa casa que aún se ve erguida como hito de referencia gijonesa lo era aún más en aquel despoblado entorno de La Providencia cuando las grises nieblas invernales añadían leyendas a la vida y milagros de aquella señora de rancio abolengo y nobles apellidos. Y esas misteriosas sensaciones se acrecentaban cuando por los difuntos nos acercábamos al cementerio en visita educativa y para algunos devoción por familiares muertos. Por aquel tiempo, a otros jóvenes insolentes buscando explicación a supersticiones nos llamaba poderosamente la atención aquel adosado y extraño lugar denominado cementerio civil, separado y repudiado del camposanto, que albergaba a quienes, por propia voluntad cuando no obligados por las autoridades, civiles, militares y clericales, a causa de sus manifiestas creencias o descreencias, eran allí enterrados. Tiempos en los que aún resonaban en nuestros infantiles oídos los tremendos desgarros envueltos con el horrísono grito en la paleta de un silenciado Picasso hacedor del má elocuente documento del desorbitado dolor si antes Goya no hubiese ya retratado la tragedia de nuestros continuos enfrentamientos. Pero aquellas esquelas que adornaban las tumbas donde yacen significativos nombres del Gijón incipiente y hospitalario para hacerse ciudad moderna, añadía, al sepulcro de aquella pionera mujer en latines y afanes de igualdad, la sutil bruma de orfandad de cuanto estaba mas allá de lo correcto. Su ejemplo de mujer libre, denostado y duramente castigado por cuanto lo que representaba, entre tantas otras manifestaciones ajenas a lo establecido, fue entendido y juzgado después como causa de la posterior tragedia. Allí, nuestra imaginación dejaba sin sentido lo metafísico de aquellos mausoleos para volar en busca de espacios recónditos sin respuesta, hasta que años más tarde irían, poco a poco, haciéndose tangibles los resultados de las ecuaciones de responsabilidad femenina quedando superado aquel su feminismo y sufragismo militante, obsoleto hoy en su manifestación literaria. La realidad de la nueva moral y el crecimiento urbano que cerca el entorno disipa en olvidos el áura etérea y la onírica y luminosa atmósfera que envolvía la Casa de Rosario Acuña, al tiempo que Jehová y Dios unificaban criterios mortuorios.

miércoles, noviembre 7

Comunicado del Gran Oriente

El Gran Oriente de Francia, organización masónica europea a la que pertenece la Logia asturiana Rosario Acuña, acaba de emitir el siguiente comunicado oficial al que, con una gran satisfacción personal, quiero contribuír a dar la máxima difusión.


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« Apoyo a la democracia española »

En el momento en que España se prepara para llevar a cabo con coraje el examen sobre uno de los períodos más sombríos de su historia, el Gran Oriente de Francia (G.O.D.F.) quiere dar su apoyo a este necesario trabajo de memoria.

Al mismo tiempo, sólo podemos asombrarnos al ver al Vaticano dar un paso simbólico, excepcionalmente importante beatificando a cerca de 500 religiosos víctimas de la guerra civil española. La elección de un gesto como este no es baladí ni genera ambigüedad. En tanto que el paso dado por el Gobierno español debería ser motivo de satisfacción general, algunos -los más reaccionarios- solo pretenden reafirmar la vigencia de una ideología que no puede provocar en nosotros otra cosa que no sea una gran inquietud
El G.O.D.F. constata -por este hecho- que el Vaticano produce así una fractura real con el espíritu del Concilio Vaticano II, en contradicción con los pasos emprendidos por Juan XXIII como por Pablo VI, hostiles siempre hacia el General Franco.

El G.O.D.F. quiere expresar su inquietud cuando este gran país supo vivir una transición democrática ejemplar encarnando los valores humanistas y laicos que fundan la Europa moderna. El G.O.D.F. llama a la vigilancia a todos los que - en Europa - se esfuerzan por ver progresar estos valores hoy amenazados por la vuelta de viejas ideologías que hicieron tanto mal a los hombres de progreso y de buena voluntad.

Paris, 31 de Octubre de 2007