domingo, diciembre 30

La celebración

Anteayer me acerqué a la Iglesia de San Isidoro para coger un pasquín de los que anunciaban una manifestación para el día de hoy, en Madrid, en apoyo a la familia cristiana, que se ve que anda muy acorralada con tanto laicista radical suelto. Desgraciadamente no pude enterarme de mucho. Supe, eso sí, que no se trataba de una manifestación sino de una "celebración". Matiz importante. Los unos "se concentran" (recordad la Plaza de Oriente), estos "celebran"... Sólo el rojerío ateo se manifiesta y provoca desordenes callejeros (no puedo olvidarme de aquel asalto al Corte Inglés de no sé dónde en el que un barbudo "sans coulotte" se escapó con un jamón ¡Qué imagen tan patética! Y seguro que no supo escoger y se escapó con un Navidul de bodega).
Pero volviendo al pasquín, digo que no pude enterarme de gran cosa porque el reverso no decía nada; y en el averso sólo se anunciaba lo de la celebración de apoyo y la actuación estelar, retransmitida vía satélite, de ese hombre al que le gustan tanto los sombreros y gasta unas túnicas carísimas.
Esta tarde he visto varios telediarios y la página digital de algún periódico. Hasta en el sitio de la emisora eclesial he entrado. Pero no acaba de quedarme muy claro para qué era esa manifestación. Según el medio, dicen que había miles, cientos de miles, un millón, millón y medio, y hasta dos millones. Pero no acabo de comprender qué es lo que se quería demostrar ¿Que son muchos? Eso ya nos lo va a decir Esperanza Aguirre, que tiene práctica en recuentos de este tipo.
Tras dedicarle algo de tiempo a la reflexión, la conclusión que saco tras la celebración de todo este aparato neocatecumenal es la de haber presenciado un acto de precampaña electoral. Toca sacar las huestes a la calle dos meses antes de las elecciones; y ya sabemos que en este país nuestro la Iglesia católica nunca se ha metido en política; que su reino no es de este mundo; y que da al césar lo que es del césar y más si hace falta.
Por lo demás no ha habido nada nuevo bajo el sol esta mañana. Me he llevado una grandísima decepción. Los canales informativos insisten en el mismo mensaje: severas críticas al aborto porque la única forma de concebir el orígen y desarrollo de la vida, y del propio ser humano, es la que los señores de negro manejan. Críticas al matrimonio homosexual porque no es matrimonio... Y aquí sí que les doy la razón: el matrimonio homosexual no es tal matrimonio porque no existe. Lo que existe es el matrimonio civil, que puede celebrarse entre dos contrayentes con independencia de su sexo. Y tal parece que la Iglesia admite el matrimonio civil "hetero", pero tampoco; tampoco lo admite. Para ellos sigue siendo un amancebamiento inadmisible. Además ha habido críticas al divorcio, sobre todo al "exprés" (se nota que lo de la economía procesal no es muy del agrado de la jerarquía católica); y al laicismo radical: ése que urden los masones en sus logias.
Y parece ser que la democracia va a desaparecer de continuar José Luis Rodríguez Zapatero en el poder. ¿Conclusión? ¡Hay que votar a Mariano Rajoy!
Por supuesto que esta mañana no se habló de las mujeres que son asesinadas todos los años en el seno del contrato sacramental de convivencia o fuera de él; tampoco de esos adolescentes de pantalón corto y ropajes ceñidos que van por ahí, provocando para que "los abusen"; ni del caso Gescartera, a la espera de sentencia, y las inversiones financieras de las monjitas misioneras; ni de las indemnizaciones millonarias pactadas con los esquimales, ni de... Sólo se habló de la familia. De la familia cristiana amenazada por el bolchevismo internacional.
¿Hacía falta este guateque y las horribles canciones de los kikos, guitarra en ristre, retumbando en la plaza de Colón, para decir las mismas majaderías que llevan proclamando desde hace no sé cuántos años? Supongo que sí, que la necesitan para movilizar a su electorado o, mejor decir, para movilizar al electorado de otros -que ellos no se meten en política-. A dos meses de una cita con las urnas la jerarquía católica pone una vez más sus cartas sobre la mesa y, supongo, también juega a la vez su propia partida interna: En la Conferencia Episcopal empiezan a moverse los peones (estos también son negros) para descolocar a Ricardo Blázquez.
Sigo pensando como pensaba. Hay pasos dados que no admiten una revisión negativa (lo decía ayer con el aborto); pero nada hay conquistado en España (ni en ningún lugar) de forma permanente. Debemos agradecerle al Sr. Rouco Varela y al neocatecumenal Kiko Argüello estos juegos florales que a mí me recuerdan particularmente dos cosas: una, que las hogueras pueden encenderse en cualquier momento por nuestro bien y el de nuestra alma. Y otra, que aunque sea domingo, hay quien no dice que tiene mucho que hacer y está dispuesto a madrugar para pasar frío en Madrid.
Ellos no descansan, nosotros sí.

2 comentarios:

angel gomez dijo...

Q:. H:. los kikos como nos llamas no somos laicistas radicales somos iniciados al igual que tu. El neocatecumenado es una escuela de Iniciacion interna en la iglesia catolica tratamos de reproducir las antiguas Iniciaciones cristianas de los primeros años en las catacumbas de ahi el nombre. T:.A:.F:.

Ricardo Fernández dijo...

Estimado Ángel Gómez:
Me temo que no compartimos la misma noción de iniciación. Pero dicho lo anterior, en el texto que he suscrito no digo en ningún momento que los kikos sean laicistas radicales. No lo digo ni en broma... La referencia que aparece a los laicistas radicales no guarda relación con lo que coloquialmente se ha venido en llamar "los kikos". Un saludo.