sábado, diciembre 8

Donde las cosas se tuercen

La semana pasada leía una frase del Sr. Ratziger, cabeza visible del Estado Vaticano, cargada de razón: Las cosas comenzaron a torcerse con la Revolución Francesa. Evidentemente se torcieron para lo que él representa, robándole la tranquilidad del sueño. Y visto desde otra persepectiva, la que a mí me atañe individualmente y con la que nos identificamos muchas personas, también podría decirse que "las cosas" comenzaron a enderezarse a partir del episodio revolucionario del país vecino, con el nacimiento del Estado-Nación, los cimientos de la moderna concepción de separación entre iglesias y Estado, o el desarrollo del humanismo en los ámbitos de la justicia y poder civil, por citar algunos ejemplos trascendentes que molestan a las jerarquías religiosas en general. No puede negar nadie que la posición del actual Papa de Roma encaja a la perfección con lo que la alta dirección eclesiástica ha venido sosteniendo desde sus primeros tiempos, aquellos en los que pasaron de ser perseguidos a covertirse en perseguidores. No debería por tanto extrañar que esto sea así; pero por la misma razón tampoco debe asombrar que el espíritu de la razón, una vez que se alumbró la llama, siga latiendo en alguna parte del mundo, y haya también quien levante la voz en medio del vendaval de ruido para exponer una amarga queja o, mejor, un aullido de protesta.
Afortunadamente, esa posición de resistencia frente a los intentos reiterados de construir una sociedad supeditada a las convicciones religiosas de unos u otros, ya no se reduce a esta o aquella organización; a este colectivo o al de más allá; las cosas han experimentado desde aquel 14 de Julio en que se desmontaron las piedras labradas de La Bastilla una cierta evolución, y son muchas las organizaciones e individuos con reflejos suficientes para echarse las manos a la cabeza cuando hace falta.
No sé si esa pluralidad "protestante" a la que me refiero provoca que los gobiernos de los países reaccionen a veces con acierto frente a esos intentos de imponer a la generalidad de la sociedad la esencia y consecuencia de un credo determinado. A la inversa, el silencio que a veces también resuena, permite que los titubeos se adueñen de todo y podamos contemplar escenas curiosas, como la de nuestra Vicepresidenta del Gobierno en pleno besamanos en la Ciudad del Vaticano, soportando (no sé si porque quiso o no le quedó otro remedio en este impasse electoral) esa monserga clerical según la cual no puede construirse una sociedad al margen de Dios.
Quiero con esto criticar la flojera que en los últimos tiempos le ha entrado a casi todo el mundo en España. Me vienen a la memoria el colectivo de profesores, sindicatos y sindicantes, que apenas si respondieron bajito a los que comparaban la Educación para la Ciudadanía con una roja formación del espíritu nacional; o el colectivo médico, que ha guardado silencio monacal mientras una teledirigida y rancia gallega interponía una denuncia frente a varios investigadores que utilizaban células madre en sus estudios; o el propio Gobierno de este patio de Monipodio, que no para de lanzar desde los medios de comunicación afines, mensajes de renuncia para encerrar en el armario al fantasma del Frente Popular.
Esto último es quizá lo que más me ha molestado: Las renuncias a tratar cuestiones como el aborto o la eutanasia en el próximo programa electoral socialista me producen una desorientación tremenda. Y es que este camino hacia la moderación etiquetada emprendido de forma tan repentina no acaba de convencerme. Menos me motiva aún el hecho de que dentro del catálogo de renuncias se incluya también la denuncia de los acuerdos de 1979 suscritos con la Iglesia católica, cosa ésta que quedará pospuesta por los siglos de los siglos y sin remedio a la espera, quizá, de una mayoría absoluta que permita coger el toro por los cuernos.
No dejo de reconocer un hecho: hay poderes mediáticos que tienen un peso tremendo y que ejercen la función de flautista de Hamelin con notable éxito. Desde los telepredicadores del apocalipsis matutinos, hasta lo que pretende ser prensa seria levantada a costa de titulares de negra falsedad, existe una retahila de instrumentos y libreros que hacen calar sin mucha dificultad en una parte de la población el mensaje de la tragedia y hasta el de la conjura masónica. Frente a eso es difícil luchar cuando los propios útiles afines están más pendientes de los réditos que pueden sacar con la cobertura de determinados eventos deportivos, y se pierden en una algarada mediática: millones de euros gritan su cólera por los aires...
Pero frente a este incansable flautista presente siempre entre nosotros, que no cesa de soplar y soplar, no acaba de surgir una voz con suficiente fuerza: no nos sirven las pequeñas agrupaciones; ni las asociaciones de ateos a las que encima se censura desde un supuesto progresismo más bien cateto; ni tampoco el silencio cómplice de las castas funcionariales o de los elegidos de turno. Nuestros corazones "protestantes" se han quedado adormecidos, muertos de éxito o de miedo, no sé bien; incapaces de agitar las calmas aguas de este estanque por el que navega la historia. A lo mejor el rumbo se vuelve a enderezar y don Benedicto recobra el sueño. Yo confío, sin embargo, en que siga teniendo largas noches de insomnio.

2 comentarios:

Al Kaffir dijo...

Quizá esperamos demasiado de los gobiernos cuando tienen el talante de la renovación y creemos que son la panacea para los problemas que vemos, sean ciertos o particulares. No hay que olvidar que un gobierno es elegido por unas votaciones y programas demasiado avanzados o novedosos causan en la sociedad, sobre todo en la de este país, lo que en electromagnetismo se definen como leyes de Lenz, osea reacciones en contra por la simple razón de causar un cambio. Lo que le ha pasado al partido socialista es una modalidad de miedo escénico. No contaban con reacciones tan duras de cierto sector social, no solo por parte de la oposición sino de grupos politicos historicamente próximos. Secesiones dentro del partido no ayudan a mejorar su confianza, pero sobre todo creo que es el querer satisfacer a todos, el quedar bien con una masa tan distinta y divergente sin esperar recibir críticas es lo que ha hecho que hayan decidido no meterse en debates que podrían resultar negativos de cara a las proximas elecciones. Yo ya he mostrado en este blog mi poca adesión al señor Zapatero. Considero que ha hecho buenas cosas y también, a mi juicio, malas, pero si algo demuestra la altura de un politico es su valentía, sobre todo en los momentos duros. El no haber estado con la ciudadanía en la protesta por el último atentado de ETA ha demostrado que no quiere desmarcarse, permanece en un limbo de autocomplacencia que no ayuda a mejorar su imagen ante una sociedad de la que cada vez está más alejado. Tendría que saber encajar las críticas y aceptar que si no puede contentar a todos hacer lo que quienes le votaron esperan que haga. De momento habrá que esperar a que pasen las elecciones de las que, sin duda, saldrá victorioso aunque dudo mucho que por mayoría. Veremos, entonces, si ha reunido la suficiente confianza para acometer nuevas y controvertidas metas y le empieza a dar igual lo que por ahí digan de él.

gilber dijo...

Ya lo decia Winston (el del tabaco no, el otro): "No hay nada tan excitante como el poder".
La erotica del poder, que le dicen... es algo tan subyugante que no hay politico que consiga sustraerse a su dictadura.
Llegar y permanecer, ese es el lema, esa es la máxima de casi todos los politicos. De cuando en cuando, alguno y contra todo pronostico, abandona el barco antes de que el hundimiento se produzca.
Es tan raro, tan anómalo que nos deja, a algunos que como yo no vemos mas alla de nuestras narices, con la boca abierta.
Que Aznar anteriormente y ahora Zapatero (por voceros) adviertieran que se las piran al cabo de 8 años, es algo que me pone....
¡Que le voy a hacer, soy asi de facil!