jueves, noviembre 22

El tiempo que vivimos

Cuántas veces he oído eso de "...Parece mentira. En los tiempos que vivimos..." Se presupone cuando se pronuncia esto que tenemos una conciencia muy formada de los valores que han de primar; de aquello que es correcto y de lo que no lo es; de aquellas cosas que tienen un grado de inadmisibilidad tal que provocan directamente el vómito de nuestra conciencia.
Y cuando se dice esto también se cae en el error habitual de pensar que vivimos en el mejor de los tiempos. En los tiempos en que el horror es algo tan excepcional que, cuando nos asalta, provoca una desagradable sorpresa. Un pequeño susto que quebranta el remanso de paz en el que creemos desarrollarnos y vivir.
Pero no, no es así. Vivimos el tiempo que nos corresponde con sus achaques. Y no hay, me parece, peor cosa que atribuírle un carácter excepcional a aquello que en tantos lugares es moneda de uso corriente.
Esta mañana escuchaba en la radio una noticia que me dejaba estupefacto y que, he de reconocerlo, me hacía posar los pies en la tierra y volver a poner el reloj en hora: La alta magistratura de Arabia Saudí acaba de condenar a una mujer de 19 años por haber viajado en un vehículo acompañada por un hombre extraño que no era ni su padre, ni su hermano. La condena en un primer momento consistió en la imposición de 90 azotes. Pero la revisión de la sentencia por una instancia superior elevó a 200 el número de golpes. No sirvió como atenuante el hecho de que la mujer, en el trayecto, hubiera sido violada por siete hombres. La dictadura religiosa, la maquinaria opresiva más perfecta que ha creado el ingenio humano, realizó a la perfección su trabajo.
Este es el tiempo en que vivimos. Hace algo más de doscientos años en Occidente comenzó a hablarse de los derechos individuales. Olympe de Gouges se atrevió a formular la declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana y a colocar los primeros cimientos sobre los que se asienta el pensamiento feminista moderno. Pero hoy, doscientos años después, seguimos conviviendo con la opresión incluso en nuestra propia casa: Porque ni podemos olvidar lo que sucedía aquí hace cuatro días, ni tampoco cabe cerrar los ojos a lo que ocurre en el mundo en el que vivimos, y del que ya nada nos es ajeno por grande que sea la distancia que separa a unos seres humanos de otros.
Quizá lo que evita que caigamos en el abismo son las herramientas nuevas que algunos iluminados e iluminadas nos dejaron como legado. Son esos útiles con los que convivimos habitualmente; tanto, que nos sabemos párrafos enteros de memoria y pensamos que esas conquistas han estado ahí todos los días de nuestra existencia; y de las de nuestros padres; y de los que estuvieron antes. Pero no es así. Todos sabemos el riesgo que se corre si no se utilizan estas herramientas; si mellamos su filo; si guardamos silencio; si creemos que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que no nos sucederá nunca en nuestra caja de cristal: Siempre habrá un burka de nuestra talla; y un sastre dispuesto a confeccionarlo para que nos asiente a la perfección.

3 comentarios:

cantall dijo...

mientras a unos presidentes populistas de repúblicas bananeras les queremos dar puñetazos. a los presidentes o reyes elegidos en libertad y democracia el golfo persico les ponemos "perdon por la graseria" nos ponemos a 7 patas.

no veo en los diarios lo qaue había que hacer con regimenes que defienden estos codigos penales.

siempre miramos para el mismo lado que es "el que nos manden"

he dicho, aunque luego quizá me arrepienta

Al Kaffir dijo...

No nos engañemos, vivimos en una sociedad muy frágil, donde ideas que no queremos reconocer que existen, no hace falta irnos a otro pais, están ahí, no más lejos que la idea de tolerancia o de la igualdad. Solo hace falta el caldo de cultivo adecuado para que ese veneno prospere y luego que se produzca un hecho que sea el detonante y ya tenemos el horror servido, llevandose por delante la verdad (siempre la primera victima),los derechos, las libertades...y luego las personas en sí. Nadie se creía, solo muy pocos, que podría producirse una guerra fraticida en medio de la euforia de la república a mediado de los 30. Nadie se creia, solo los menos, un conflicto de exterminación como el de la antigua Yugoslavia en plenas celebraciones por haberse quitado de encima la bota de Tito. Nadie contaba, solo los que les conocían, con que la revolución talibán iva a mandar a gran parte del pueblo afgano a lo más oscuro de la edad media.
Siempre estan ahí, larvados en la sociedad, los apóstoles del horror, esperando su momento adecuado para conducir un descontento, una diferencia, una mentira que convierta a tu amable vecino en un monstruo capaz de terribles actos de los que no te podras escudar exibiendo ninguna herramienta y por mucho que le exijas que respete tus derechos y ,sintiendose plenamente respaldado ,te dejará en una cuneta cubierto de hormigas, te quitará tu derecho a decir o a hacer, te expulsará de tu tierra so pena de lo que te pueda pasar o te pondrá un burka hasta los pies, porque siempre podrán contar con nuestra mezquindad, nuestro "yo soy mejor", nuestro "no te entiendo, ergo te temo y como te temo, te odio", nuestro "perdono pero no olvido"...
No puedo dejar de recordar lo que contó aquel observador de la ONU cuando fue a investigar el asesinato de un musulmán en un pueblecito croata cerca de la frontera con Bosnia a manos de sus vecinos de toda la vida cristianos y un viejito le contó con toda naturalidad que todo eso venía de uno de los musulmanes que habia tirado al rio a uno de los cristianos con una piedra de molino atada al cuello. El yanqui buscó en sus papeles horrorizado preguntandole cuando habia pasado eso. El amable anciano respondió, haciendo memoria, que fue sobre la última invasión turca, en el siglo XVI.
Y seamos serios, 200 azotes...a esa chica la han condenado a muerte.

Rosa Mutábilis dijo...

Quiero recordaos que nuestro admiradísimo rey, al que últimamente tanto elogian se declaró "hermano" de aquel musulmán millonario ¿os acordáis? el que veraneaba en Marbella con sus tropecientas mujeres y que permitía este tipo de prácticas de latigazos, de ablaciones, de asesinatos impunes a mujeres...
Creo recordar que a ese nunca le mandó callar...