miércoles, noviembre 28

Desatinos

Durante la última semana creo que he podido escuchar en los noticiarios disparates de todo tipo cuyo denominador común no es otro que ese ánimo pertinaz de imponer lo propio a los otros, aunque ello suponga arañar los resquicios de la vida privada de cada ciudadano, o aplicar como verdad absoluta e indiscutible aquello que no son sino convicciones personales sobre las que no admiten ningún tipo de controversia ni opinión contraria.
Hace pocos días el dedo acusador se cebaba con Epi y Blas. Los muñecos de Barrio Sésamo con los que se entretuvo la infancia de mi generación, pasan ahora a ser una emisión no apta para todos los públicos. Los niños y niñas podrían desarrollar una peligrosa inclinación hacia la homosexualidad en ese país que todos conocemos y cuyo máxima expresión en materia de defensa de las libertades públicas, parece que acabará reduciéndose a la posibilidad de comprar una automática en un supermercado. Imagínense que de tanto ver a Epi y Blas en las actitudes equívocas que aprecian los censores, sus niñitos terminaran como Wilde, Lorca y otros invertidos e invertidas de mal acabar. A dónde iríamos a parar por ese camino de perdición.
Tras esto he conocido la historia del oso de peluche. Sí, me estoy refiriendo a esa profesora británica a la que le fundirán las costillas en el Sudán si la diplomacia de la Pérfida Albion no lo remedia. Consintió -tiemblo de pavor al pensar en ello- que sus alumnos le pusieran el nombre de Mahoma a un muñeco y, claro está, a los padres de los alumnos no les quedó otro remedio que actuar. En cada país siempre hay gentes de orden. Y en el Sudán, aunque sean unos herejes y profesen una falsa religión, el orden es una constante social. Hambre pasarán, pero orden tienen en abundancia.
Y ya para acabar esta cadena de dolores no puedo evitar la referencia a ese video de Youtube que no he podido localizar, y en el que varios marroquíes celebran una fiesta tras una boda. Los contrayentes eran dos hombres y, es evidente después de lo de Epi y Blas, los hombres no pueden casarse. Y mucho menos en Marruecos, esa democracia... Alá tiene una gran preocupación cada vez que dos hombres se besan. Y cuando lo hacen dos mujeres a Alá le da un terrible dolor de cabeza y por eso comienza a llover y los palestinos se matan entre sí. Y cuando a la gente le da por toquetearse ya no quiero ni contar lo que puede llegar a suceder.
Esto es lo que hay en este loco mundo; desde oriente a occidente; desde el norte hasta el sur; desde las sociedades más "desarrolladas" a aquellas que se desayunan con hambre; la ausencia de la luz de la razón es en todas partes una evidente y lamentable constante.
Dediquemos este video, que espero que arranque alguna sonrisa, a tanto clérigo y almuédano; a tanto meapilas y metepatas; a tanto tonto útil y servil; a todos aquellos que, en suma, no tienen otra ocupación que juzgar la vida ajena porque no les alcanza con la miseria de su propia existencia. Y también a todos los que, en la España democrática de bandera roja y gualda, se han dedicado a recurrir ante el Tribunal Constitucional como si dispararan con una ametralladora contra los avances legislativos que han dado a muchos compatriotas lo mejor que una norma puede aportar: una existencia más feliz.