lunes, noviembre 12

Aspirinas asesinas

Leía hace unos días que Jefe del Estado Vaticano recomendaba vívamente al menestoroso gremio de farmacéuticos -entiéndase para mayor precisión que me estoy refiriendo a la Federación Internacional de Farmacéuticos Católicos-, que éstos desarrollaran una política mercantil consistente en el boycot a la venta de determinados fármacos calificados como inmorales.
La cosa ya viene de antiguo; el anterior ocupante de la silla que nunca conoció Pedro andaba empeñado en la misma batalla. Y el objeto de esta preocupación farmacológica no es otro que la píldora abortiva RU486 y similares.
Fiel a su trayectoria, la Iglesia católica se empeña, como lo ha hecho siempre, en imponer a partir de los resortes que controla, una determinada forma de concebir la realidad y hasta de entender la propia existencia humana. Católicos o no, tendremos que soportar que, como sucede en dos de las farmacias de la Calle Uría de la invicta Oviedo, nunca haya condones y tampoco se expenda un fármaco que contraviene las creencias del diplomado tendero de bata blanca que las merca.
Me pregunto a estas alturas si los que obtienen una licencia para la venta de fármacos a la ciudadanía en general, pueden gozar de este pretendido derecho con arreglo al cual nos restringen a los demás la compra de determinados productos. Esta es la Europa laica que se va construyendo, en la que en función de las creencias religiosas de quien nos toque al otro lado de la ventanilla o del mostrador, podemos salir más o menos esquilmados, o con peor humor.
Como sucedió en otro tiempo con la Educación en nuestro país, donde la firma de los conciertos con la Administración Pública fue útil para la construcción de toda una teoría jurídica en torno al supuesto derecho de elección del centro por parte de los progenitores -centro privado pagado con fondos públicos-; ahora nos encontramos en los albores de un nuevo milagro: el nacimiento del derecho de objeción de conciencia ante determinadas situaciones conflictivas con el credo religioso de cada cual.
Así, la profesión médica no tiene empacho en declararse objetora mayoritariamente en el sistema público en cuanto a la práctica de interrupciones de embarazo se refiere, mientras que en el ámbito privado la objeción se difumina y desaparece. Con los farmacéuticos comienza a trabajarse en la misma línea, atesorando una licencia emitida por la Administración que les permite trabajar, para negarse luego a servir al ciudadano que reclama sus servicios amparándose en su credo particular y supuestamente lesionado.
Curiosamente en España no existe más objeción de conciencia que la que reconoce el texto constitucional para el desarrollo del servicio militar. Nada se dice respecto a otras "objeciones", que no son sino supuestos de abierta, descarada e insolente desobediencia llevada a cabo por sectores a los que es difícil toserles. Estoy seguro de que el real gremio de albañiles tiene muchas razones para objetar, pero que ni encuentra el tiempo, ni el espacio, ni tampoco el auditorio. He ahí el milagro, con panes, peces y lo que haga falta.
Llegados aquí queda ver dónde se meten todos estos defensores de la cosa pública que tanto se indignan delante de los micrófonos en bien del interés general, pero que luego callan ruidosamente cuando hay que poner el "güevo" de verdad. Estoy esperando; y esperando me quedaré por lo menos hasta que el Santo Padre declare a los supositorios fuera de la ley de Dios por aplicarse "contra natura". Supongo que entonces nuestra paciencia alcanzará el punto de ebullición y alguien se atraverá a decir "¿Por qué no te callas?".
Buena tarde. Y compren sus preservativos en una gran superficie; a lo mejor hasta los tienen colocados en la caja, al lado de las golosinas para uniformados y tiernos infantes; y de los bonos de "ayuda" de alguna organización ultracatólica.
El que no se consuela es porque no quiere. Y los mercaderes ya hace tiempo que se han adueñado del Templo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ojalá te hubieran abortado para saber que le pasaría a la humanidad sin tí...jaja nada, por que en sí nada eres y nadie es indispensable en esta suciedad que lucha por imponer sus ideas...y supuestamente libertad de ideas...que tal la tontería....recuerden que el hombre es libre y ustedes..el mundo los corrompen...buscando aclarar ideas...ven como imponen otras...o no te has dado cuenta?jaja la muerte es la libertad

Ricardo Fernández dijo...

Pero, hombre, si es el mismísimo MIllán Astray...
Todo un alarde intelectual.
¿Y esto lo has escrito tu solito o te han ayudado los alienígenas?