jueves, octubre 11

Von Wernich, cadena perpetua

Von Wernich no es ningún mariscal de campo alemán, combatiente en la Segunda Guerra Mundial. Tampoco el inventor de ningún artefacto volador; ni un noble aviador; o el protagonista de un fantasioso cuento germánico.
Christian Federico Von Wernich es una expresión animada y viviente de aquello, lo peor, que puede llegar a hacer un ser humano. Al margen de eso es sacerdote de la Iglesia católica.
Von Wernich, capellán de la policía de Buenos Aires, participó y bendijo los crímenes cometidos durante la última dictadura militar argentina.
Representa además a esa Iglesia católica que ante el horror calla y bendice; fabrica mártires y señala con el dedo; anima al combate en defensa del totalitarismo religioso; y, si llega el caso, se mancha las manos con sangre.
Lo que pasó en la Argentina fue la voluntad de Cristo, según un prelado. Triste voluntad, así en el cielo como en la tierra.
La Conferencia Episcopal Argentina se desmarcaba de la Sentencia que ayer condenaba a Von Wernich a cadena perpetua por los crímenes de que estaba acusado, y señalaba que todo lo que hubiera sucedido en el pasado, cualquier implicación de cualquier religioso, tendría un carácter exclusivamente personal. A estas alturas no se podía esperar otra cosa.
No puedo evitar preguntarme qué hizo la Iglesia católica con el sacerdote de germánico apellido durante todo este tiempo: Lo trasladó, como a un pederasta. A lo mejor, además, se le recomendó un largo período de oración, como a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y probado responsable de abusos y tocamientos en su corte de seminaristas.
¿Qué se hará con todas estas vícitimas argentinas, cuya muerte fue bendecida por algunos hombres que se dicen "de Dios"? ¿Tendrán un mausoleo? ¿Serán beatificadas? ¿Se entonará un "si te he visto no me acuerdo de ti, oh, anacronismo"? ¿Se mirará, tal vez, en otra dirección?
Curiosa coincidencia esta que se ha cruzado en el océano que separa a nuestros dos países: mártires otra vez; mártires acá y allá; mártires con recomendación y mártires de silencio.
¿Quién dijo que la igualdad alcanzaba a los muertos?

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