miércoles, octubre 10

¡Martires!

Ahora llegan los mártires.
Cuarenta años de poder absoluto con Causa General, tijera de papel con la que hizo el traje de dolor la España vencedora, la que levantaba el brazo y repartía pan negro de hambre. Cuarenta años escribiendo los libros de la historia a la medida de sotanas y pistolas. Cuarenta años esculpiendo en los muros de las iglesias los nombres de los "caídos", siempre presentes en el agotado afan colectivo. Cuarenta años de misas madrugadoras en los colegios, en los cuarteles, en los hospitales. Cuarenta años lustrando el marmol en los cementerios donde yacían los héroes. Cuarenta años diciendo qué podía y qué no podía leerse; cómo pensar; cuántos hijos tener...
Y ahora, cuando se abren las zanjas del olvido que cubrieron con el polvo de la humillación y la vergüenza, veinte mil peregrinos acudirán a Roma. El cielo se llenará de mártires a pocos meses de una cita electoral en la imperecedera España, a la que tanto le cuesta sacudir este yugo pesado y nauseabundo.
Tras cuarenta años de triunfo, y otros treinta disimulando en el nuevo medio, se dan cuenta los Obispos de España de que no ha alcanzado apenas el tiempo para que el católico amor enlace los doloridos corazones de la patria, ese valor moral de esencias indiscutibles.
Una peregrinacion a Roma. Un gran establecimiento en Valencia - ¿otro paramo para caídos?-.
A otros, entre tanto, los van sacando de las cunetas sin pompa y circunstancia.
No me molesta que se hable de la persecución hecha durante la guerra a los que tenian un credo religioso. No me ofende que se lance un juicio crítico y de condena hacia unos crímenes cometidos no hace tantos años, en un momento con el que apenas se guarda distancia cultural, de valores o principios respecto a nuestros días. Lo escribía no hace tanto en un artículo dirigido a Esteban Greciet: No me gustan las persecuciones religiosas, ni de ida, ni de vuelta. Ni las que les hicieron a todos esos mártires durante la contienda, ni las que se hicieron en torno a las hogueras o, años despues, en las tapias y zanjas de este pais.
¿Cuándo la iglesia española dejará de ser un contendiente?
¿Cuándo se recordará por parte de esta jerarquía montuna a los curas vascos fusilados por las tropas rebeldes del general Franco? ¿Cuándo se hará un nicho de gloria para aquel cura mártir de Toledo que intentó, sin lograrlo, que la tropa mora y legionaria no ejecutara a los combatientes heridos del ejercito de la Republica, lanzando granadas indiscriminadamente y acuchillando en las camas del hospital en el que yacían?
Muertos de primera homenajeados y glorificados durante décadas, y muertos que ni siquiera son muertos, de los que no puede hablarse porque su fantasma resucita el odio entre las Españas. Muertos que no existieron, que molestan, que ofenden, que destapan la memoria del peor crimen.

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