miércoles, octubre 31

Los Miserables


"Ha sido ETA, y quien lo niegue es un miserable". Así de rotundo se despachó Ángel Acebes el 11 de marzo de 2004, con los trenes humeando en Atocha y los muertos desparramados por las vías. Nadie en el Gobierno de entonces cometió un solo error. Todo fue perfecto en la gestión catastrófica de aquellos días. Oímos mal. No entendimos nada porque somos un pueblo iletrado, atontado, seguramente, por tantos años de felipismo que ahora conmemoramos.
Acebes dijo primero que había sido ETA y luego que se abrían diversas vías de investigación. Y durante todos estos meses hemos asistido a la rumorología que pudre las libertades de España y de cualquier país que tenga conciencia de serlo; amanecer y leer El Mundo o escuchar a la emisora de los Obispos, la COPE, nos colocaba a todos en el centro de una conspiración universal, otra, animada por unas oscuras redes que llegaron a hilarse peligrosamente por arañas vinculadas al Gran Oriente de Francia. Los malos no pueden ser sino franceses.
Hoy se ha leído el fallo de la Sentencia que condena a gran parte de los autores materiales y cooperadores del atentado criminal más grave en la historia de España. Ni rastro de ETA. Indudablemente estos jueces nuestros son unos miserables.
Y aquí os dejo, tranquilos, durante unos días. Me voy a Francia. El paraíso en el que el Presidente de la República se sube el sueldo con gran escándalo, se divorcia con gran ruído y se irrita ante la CBS haciendo gala de una sonora pérdida de papeles.
Ay, esa "grandeur".