sábado, septiembre 29

Breve cronología de majaderías

Por fin, tras no sé cuántos días de inanición informática y literaria, vuelvo a retomar el pulso de las cosas o, al menos, a intentarlo utilizando la vieja maquinaria que me ha permitido llegar hasta aquí.

He visto que, a pesar de la lentitud con la que se ha ido renovando el contenido de esta página, todos los días unos cuantos visitantes se acercaban por aquí. Y alguno incluso me ha preguntado por el estado de salud de mi viejo ordenador que, una vez convenientemente recauchutado, gozará de una prórroga vital que, espero, me permita llegar hasta las elecciones dando una leve y sostenida guerra.


Me he perdido en este tiempo de silencio varias oportunidades de vocear mi "disconfort" con la España heredada y el nuevo mundo. Hoy, sin ir más lejos, me enteraba de la materialización de esa majadería anunciada ayer por Ibarretxe tras la lectura de sus treinta y un folios de mala baba. Me he cansado de escuchar ¡otra vez! a Rajoy, a Acebes y a Zaplana, estos sismógrafos de la catástrofe, anunciar una quiebra económica que, combinada con un derrumbe del mercado hipotecario y un ataque de las fuerzas libertarias vascas y la morisma, provocarán el incendio y desintegración de la patria. De todo ello, Zapatero será el culpable ¡Quién lo iba a dudar!


He escuchado a Chávez, ese estadista de talla intergaláctica, anunciar que él era muy macho. Es lo que tiene que hacer un político; para eso le pagan: Para decir que él es muy macho. Así se acaba con la miseria en el mundo. Así se pone punto y final a la desigualdad, a la ignorancia y al dogmatismo. Así, diciendo majaderías y extendiendo la chequera para tener a las bocas bobas contentas. Y entre tanto, en España, el demócrata de toda la vida, Luis María Anson, pedía explicaciones al presidente venezolano sobre sus devaneos de "mariconsón", que diría el ahora agonizante Fidel Castro. Me he quedado a la vez boquiabierto con el clavo remachado de Mamud Amadineyad, sátrapa electo del Irán, que, ante el auditorio de la Universidad de Columbia -que poco nivel educativo-, recordaba entre risas que en Irán no tenían homosexuales: Los cuelgan.


Y pongo fin a este pequeño comentario de la misma forma que he terminado la semana -o la he empezado, no sé bien-, con otro ilustre entre ilustres: Martínez Camino, portavoz del régimen obispal, que nos ha explicado a todos en qué tiene que gastar el Gobierno de la nación el dinero de la asignación estatal para el nacimiento de nuevos hijos. Eso que han llamado baby cheque o cheque baby. Está muy bien, ha dicho con vocecita y sonrisa incorporada; pero no se puede animar a determinadas personas a tener hijos: No se puede subvencionar a niños de familias monoparentales; ni tampoco a niños adoptados por familias integradas por personas del mismo sexo. Un niño ha de tener un papá y una mamá, que se quieran, que se amen, que mantengan un compromiso permanente de fidelidad. Al resto que lo zurzan, eso sí, con mucho amor. Muchísimo. La Iglesia se construye sobre un mensaje de amor ¡Menos mal!

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