lunes, julio 16

Un café con Esteban Greciet

Hace muy pocos días el Sr. Esteban Greciet contestaba a una “réplica” mía publicada en este Diario. No puedo menos que sentir halagada mi vanidad al ser objeto de un artículo en el que mi propio apellido forma parte del título: “Los masones del Sr. Fernández”. Todo comenzó en pleno proceso electoral, cuando la Logia Rosario Acuña hacía pública una proclama llamando a la ciudadanía a votar con el ánimo de apoyar nuestro sistema democrático. Creo que con cierta precipitación, el Sr. Greciet se lanzó a una crítica que ahora ha continuado con la dúplica que me dirige, publicada apenas sin tiempo a respirar, y de la que extraigo una segunda satisfacción motivada por el hecho de que, al menos en lo que se refiere al anuncio que se publicó encabezado con un compás y una escuadra, una y otra parte no tengamos nada que oponer. A salvo quedan pues la Democracia con mayúscula, las posiciones de progreso y el laicismo como valor esencial.
Sin embargo el Sr. Greciet y yo discrepamos felizmente en otras cosas. Él cree que le he atribuido siniestras intenciones al firmar sus escritos y se equivoca; son sus palabras las que dejan entrever que no está cómodo ante determinadas situaciones, y le disgusta sobremanera que haya quien pueda apoyar una España laica frente a un sistema aconfesional o, sencillamente, la exposición de otras opiniones diferentes a las suyas. No pasa nada: Todos somos muy libres de disgustarnos y mostrar contento con aquello que mejor nos parezca.
Pero dicho lo anterior sí creo conveniente atender algunas de las cuestiones que platea don Esteban, que comienza preguntándome por mi parecer acerca de “la memoria de la mayor persecución de cristianos en la historia... en tiempos de la II República”. Le diré que contra lo que piensa, este episodio de la Guerra Civil (no confunda,por favor, las consecuencias del golpe de estado con el período republicano), no es ni mucho menos un anacronismo; ni tampoco todo lo que vino después, palio, dictador y consorte perlada incluidos. Creo que ésta es una “memoria” que ha interesado mantener viva durante décadas a diferencia de otras “memorias”, enterradas bajo el polvo del camino. No comparto, Sr. Greciet, ningún ansia de violencia ni me gustan las persecuciones: ni las que se han hecho a los cristianos, ni tampoco las que los cristianos han hecho a otros y que se apura a calificar como anacronismos.
Siguiendo con el hilo de nuestro diálogo Ud. me pregunta si hay riesgo de que nos gobiernen en algún momento clérigos y mulás. Pues mire, cuando hay alguien que pretende decirnos qué podemos dibujar o escribir, y qué podemos publicar en nuestros periódicos; o cuando la jerarquía de una confesión religiosa pretende poner en duda la capacidad legislativa de los parlamentos democráticos, o definir conceptos jurídicos a los que es completamente ajena como es el caso del “matrimonio civil”, algún riesgo existe. Quizá porque esas tendencias totalitarias subsisten, es por lo que algunos clamamos por una sociedad verdaderamente laica y no aconfesional. Y mire, Sr. Greciet, no es que uno defienda el laicismo concebido como un arma arrojadiza frente a terceros; se trata sencillamente de que la sociedad española todavía no conoce plenamente esa regla de juego previa, neutral e indispensable para la convivencia.
Se toma Ud. a broma aquello que yo comentaba del pago de un paso de Semana Santa por el Ayuntamiento de Oviedo, y también el dato referente a la iluminación de una iglesia del centro de la ciudad costeada también de la misma forma. Si Ud. fuera musulmán probablemente no cultivaría esa faceta del sentido del humor. Y si fuera ateo seguro que no dejaría de preguntarse el porqué de estos usos del dinero público. Yo le propongo algo que sencillamente no le hará mucha gracia: ¿Qué tal si cada uno se paga sus bombillas, su Impuesto de Bienes Inmuebles y todo el gasto que generen sus actividades y establecimientos, y dejamos de recurrir al erario público para practicar el viejo oficio de extender la mano?
Me dice Ud. casi escandalizado que el Gobierno no es neutral y que los masones no son tampoco imparciales ¿Y quién lo pretende? Es el Estado, si es laico, el que ha de ser neutral y marcar la diferencia entre la cosa pública y las cuestiones íntimas y privadas. Además, se equivoca en la apreciación que hace con arreglo a la cual los masones de la Logia Rosario Acuña patrocinan las posiciones gubernamentales. Puede que sostener eso sea útil para perpetuar el eco de la caverna y agitar los viejos fantasmas con cuernos y rabo, pero a la masonería liberal siempre le han interesado aquellas posiciones que permiten el progreso de la humanidad. Nada nuevo. No se puede ser imparcial ni tampoco guardar silencio cuando se pretende que el dogma religioso de unos pocos anule las opiniones del resto y determine, basándose en supuestas verdades indiscutibles, qué es una moral objetiva y qué no lo es; dónde empieza la vida humana y dónde no; cómo se tiene que morir y cómo no.
Faltaría más, Sr. Greciet, que no respetara sus opiniones; las respeto mucho pero no las comparto nada, y no quiero que mi existencia se regule en torno a sus convicciones ni que las mías anulen las de Ud. No se trata de una concesión graciosa que le hago, sino de la postura que defiendo: que cada uno de nosotros tenga el pleno derecho de vivir su existencia sin que nadie venga a anatemizarlo. Si esto es anticlerical o antirreligioso, lo lamento.
Abre Ud. los ojos a la realidad que vivimos y dice que hay que estar en guardia ante las negociaciones con el terrorismo. Quisiera saber si se puso tieso y marcial el día que Aznar autorizó las conversaciones con aquello que él llamó “Movimiento Vasco de Liberación” (¡inaudito!) Sr. Greciet, ¿dónde se impone el adoctrinamiento ideológico? Si se refiere Ud. a la asignatura Educación para la Ciudadanía (EPC) y le echa un vistazo a los libros de texto de la materia que se emplearán a partir de septiembre en los colegios adscritos a la Federación de religiosos de la enseñanza (FERE), observará que los derechos humanos, por ejemplo, están más allá de las discutibles ideologías. Cita también la existencia de una amenaza de retirada de la asignatura de religión. Mire, aquí pienso que ojalá fuera cierto lo que Ud. teme y las cuestiones de fe se impartieran en cada casa y en los establecimientos distintos de las escuelas existentes al efecto, pero sabe muy bien que con los acuerdos del 79 vigentes, que determinan tanto la aconfesionalidad del Estado como el status privilegiado de la Iglesia católica, eso no es posible: puede respirar tranquilo. Tampoco, Sr. Greciet, hay represalias contra quienes objeten a la asignatura EPC. En primer lugar porque no existe tal derecho de objeción. En segundo lugar porque desde siempre los criterios educativos de disciplina y excelencia que tanto parecen gustarle, han aconsejado suspender al alumno que no asista a las clases con aprovechamiento en cualquier materia.
Me ha descolocado Ud. con lo de Navarra ¿Así que estaba prevista la entrega de la Comunidad Foral? ¡Qué barbaridad! Me parece que en vez de estar los dos aquí divagando deberíamos acudir corriendo al Juzgado de Guardia con sus pruebas gritando aquello de ¡La Patria está en peligro!
Existen discrepancias, Sr. Greciet. Es cierto. Pero acepto esa invitación a tomar un café para comprobar que nos separan muchas cosas y podemos sin embargo convivir. A lo mejor, quién sabe, este es el principio de una gran amistad, como dicen al final de esa famosa película mientras suena de fondo La Marsellesa.
No lo supongo, Sr. Greciet: estoy completamente seguro de ello.

3 comentarios:

Rosa Mutábilis dijo...

No puedo resistir la tentación, no apuesto jamás, aprendí a fuerza de perder y perder... pero esta vez... yo pago los cafés, Ricardo, si el señor Esteban Greciet acepta tu invitación, y, ojalá, una vez más, yo pierda, me encantará.

Edmundo dijo...

Me uno a la idea de "esponsorizar" ese café...

Carmela Greciet dijo...

Yo tampoco me lo quiero perder! Y, además, prometo llevar las pastas.