lunes, julio 2

Bárbaros y mártires

Después de tener por primera vez en meses un fin de semana para mi solito, hoy vuelvo a tomar la lanza y a poner el pie en el estribo para recorrer los calores de la estepa hispánica y seguir haciéndome cruces -es un decir- con las cosas que pasan y pasarán.
No hace tantos días me santiguaba perplejo ante la ocurrencia de un juez sustituto de Alicante, que se amparaba a la hora de dictar una resolución en la sombra de Dios, con mayúsculas, el único y verdadero. Tantos años de carrera estudiando en la facultad, de examenes orales, de estado aconfesional, de teorías laicas y laicistas, para terminar dictando un auto en el nombre del Altisimo. Así va la Justicia, esa dama boba, ciega, muda y sorda, pisoteada por la Juez de Denia y algún otro sátrapa con puñetas, al que le molesta que las lesbianas puedan adoptar y las hace pasar por la "turmix" de la desigualdad ante la ley, quedándose tan pancho.
Y hoy me he vuelto a santiguar ¡qué cosas tremendas llegamos a hacer los ateos! Me he enterado de que El Valle de los Caídos se ha quedado pequeño. Los mártires de la fe ya no caben allí, en aquel agujero oscuro y eterno, abierto en las entrañas de la roca del Guadarrama por mandato del viejo dictador. Dice la Iglesia que este gobierno nuestro de rojos ha vuelto a abrir con su Ley de la Memoria Histórica las heridas que desangraron a España. A los pobres prelados no les queda más remedio que promover beatificaciones en masa de tanto mártir ibérico, muerto, matado, por sostener sus firmes convicciones religiosas.
A mí no me gusta que maten a nadie. No profeso creencias belicosas, ni tampoco albergo animadversiones tan agudas como para justificar o cerrar los ojos ante tanto descerrajamiento y ejecución sumaria. Pero me molesta un poco, sólo un poco, lo justo y necesario, que pretendan hacerme pasar por el ojo de la aguja con billete de ida y vuelta. Me molesta que no exista equidistancia entre quienes fueron golpistas y quienes defendieron la legalidad democrática; y me molesta que ahora se crispen los blanquecinos dedos de los obispos, clamando al cielo por la resurrección de los rencores, cuando durante sesenta años las cunetas y fosos en las que media España arrojó a la otra media, permanecieron ocultos por el silencio cómplice de la jerarquía católica. Recuerdo cuando hace algunos años, no muchos, visitaba la Mezquita de Córdoba. En el centro, algún soberbio hortera tuvo la ocurrencia de plantar una construcción barroca, derribando parte de la estructura y sustituyéndola por recargados recovecos y dorados. Había dos placas añadidas siglos después del desatino arquitectónico, honrando la memoria de los clérigos perecidos por la acción de la "revolución marxista" de 1936. La cosa no está exenta de gracia e ironía: Ellos dan el golpe de Estado, lo bendicen, y, sin embargo, los que hacen las revoluciones marxistas son otros, llevándose por delante a todo bicho viviente. Recuerdo que este último octubre, visitando la catedral de Granada, me encontré con algo parecido. Y sigo recordando las beatificaciones sucesivas y parabienes eclesiales desde Pío XII, el Papa cómplice del nazismo, hasta el actual sombrerero mayor de la Plaza de San Pedro.
La Iglesia católica no reabre heridas. Los demás, los que nos vamos a tener que aguantar con una ley de aire comprimido para evitar que se rompan las costuras de la Patria, somos la canalla a batir que no anhela otra cosa que la destrucción de España, el fin de la familia, la implantación del laicismo radical, la colonización islámica, el relativismo y el establecimiento de la dictadura masónica a través de la propagación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, una auténtica tela de araña elaborada en la oscuridad de las Logias francesas que, poco a poco, lo van inundando todo. Por eso, los hombres de negro, han tenido que salir a la calle y enseñar sus dientes amarillos, recordando que todavía pueden morder las blancas, tiernas y jugosas carnes de los monaguillos, perdón, de los descreídos que nos gobiernan a golpe de decreto, siguiendo las instrucciones del arácnido que teje y teje la desgracia de nuestros días.
Una nueva Iglesia se levantará tal vez en Valencia. Rememorará a los mártires de la fe del 36 y será pagada con el dinero que todos ponemos en el tronco eclesial merced a los pactos que este gobierno marxista no se ha atrevido a demoler. La hazaña, impulsada por el Arzobispo Agustín García Gasco, contará con el respaldo de la Alcaldía de Valencia, pilotada por Doña Rita Barberá (¿sabrá el Papa lo suyo?), que hoy participaba enlutada en una misa callejera en recuerdo de las víctimas del accidente de metro de hace un año.
Mientras tanto, los de siempre tenemos que seguir conteniendo la respiración para que el recosido sea capaz de soportar tanta presión, y el pus no se derrame poniéndolo todo perdido de nuevo. Bárbaros, mártires, todo queda igualado en esta batalla que no persigue otra cosa que mantener las cuotas de poder conquistadas a costa de la libertad ciudadana de nuestro país; todo vale con tal de que nada se mueva; y somos nosotros los que tenemos que hacer el gran esfuerzo, y hasta pedir perdón cuando nos matan o nos humillan. Mártires, bárbaros: Les da lo mismo, lo que importa es poder tener la mano extendida mientras con la zurda sostienen el báculo amenazador.

2 comentarios:

andabao dijo...

Estimado Ricardo

Gracias por tu vuelta, sabes que se te hecha de menos.
Sólo decirte que estoy totalmente de acuerdo contigo. Gracias

Rosa Mutábilis dijo...

A mí, este post me parece, sencillamente, magistral; ¡ojalá llegase a mucha gente! creo que, a veces, estamos tan acostumbrados a seguir al rebaño...que nos es difícil, muy difícil ir contracorriente y no nos damos cuenta que al ir a favor de la corriente estamos yendo, justamente entonces, en contra de nuestra corriente. Es un alivio abrir esta ventanita y oler LIBERTAD, no sé como agradecerlo.