martes, junio 5

Entre todos la mataron

Sí. Entre todos la mataron. Y por supuesto, como suele suceder, ella sola se ha muerto. Atrás quedan en este día de reanudación formal de hostilidades por parte de E.T.A., las concentraciones multitudinarias, las invisibles banderas imperiales, las montañas nevadas y el haz de flechas prendidas de rosas horteras, los ademanes impasibles y las escuadras, recias, marciales, que van y vienen por las anchas avenidas de Madrid, sin rubor que delate la mínima e imprescindible vergüenza de quien desfila victorioso.
Hoy ha habido un anuncio formal de los criminales que forman eso que alguien llamó Movimiento Vasco de Liberación, en el que tienen la delicadeza de avisar de que, a partir de esta madrugada, todos volvemos a estar de nuevo en el punto de mira. Me acuerdo de aquellos dos trabajadores ecuatorianos que quedaron sepultados en Barajas el día 30 de diciembre el pasado año. A ellos no les dirigieron una misiva solemne ¡Somos afortunados hasta cuando llega la hora del cirmen! La lucha, dicen los de la caperuza blanca con boina, se impone en todos los frentes; el chantaje vuelve a cabalgar por la desierta llanura... Y lo peor de todo es que estoy seguro de que hay quien ha lanzado un suspiro de alivio.
Entre todos la han matado. La esperanza ya apesta, putrefacta, sin que nadie la llore en el velatorio. Pero a mí este día me pesa como una enorme losa de tristeza. Me queda el consuelo de que Navarra sigue siendo española y se correrán de nuevo los Sanfermines este mes de julio; me queda el feliz gozo por España, esta casa sin letra en su himno, que seguirá siendo una invicta unidad de destino en lo universal.
¡Cuántas metiras nos han contado los que sólo han sabido contarnos metiras! Pero eso no es lo peor. Lo más trágico de todo es que en este gran solar siempre habrá alguien dispuesto a pegarle un tiro a otro, o un corifeo preparado para envenenar el ambiente con la pestilencia del odio, seguido por un rebaño descerebrado y ciego. Esto es, ha sido siempre, la inevitable naturaleza de España; su lamentable tragedia.
Entre todos la mataron y no nos queda otra cosa que hacer que aguatar. En ocasiones hay quien calla y agacha la cabeza, humillado por la resignación. Aquí, sin embargo, seguimos jugándonos la democracia de cada día; esa herramienta tan valiosa y difícil de adquirir, que una vez más escapa de nuestras manos. Resistir, persistir hasta alcanzarla definitivamente, en cada pequeño gesto, en cada acto cotidiano, en cada pensamiento. Llegará el día en que no la puedan matar.

2 comentarios:

El último Canalla dijo...

Yo, humildemente, siempre he sabido, que los señores vascos cn boina y pistola, no tendrán mas remedio que marcharse a su casa, el dia que los señores vascos con boina y sin pistolas, y los señeres vascos en general quieran. Lo que ocurre es que la minoría vasca con boina sin pistola que manda, tiene bastante, pero no suficiente.

Mientras no sea un señor vasco quien se plantee esto en serio, y decididamente, haciendo que los demás vasqitos den un golpe sobre la mesa... ese día en el que no la puedan matar, no llegara si no es así.

Una mujer desesperada dijo...

hola. me gustó tu comentario en el blog de xito. así que me he venido a saludarte. y resulta que eres masón. y resulta que es un tema que me apetece muchísimo conocer. ¿podrías enviarme info? o contarme tú, vaya, lo que te venga mejor!