domingo, mayo 20

Los masones de Esteban Greciet

Esteban Greciet, con quien muchas veces me encuentro por Oviedo los domingos por la mañana, dedicaba hace pocos días unas reflexiones críticas y ácidas en La Nueva España a los masones de la Logia Rosario Acuña, que se han atrevido a publicar, nada más y nada menos, que una proclama en el periódico más leído de Asturias animando a participar activamente en las elecciones del próximo domingo. Deduzco por el tono de su artículo que el Sr. Greciet debe preferir los ecos abstencionistas pues, olividando el contenido del texto masónico, se ha perdido en disquisiciones variadas y en críticas a la candidata a la Alcaldía que presenta el PSOE, a la que parece considerar destinataria de las bendiciones del Gran Arquitecto, y que, por lo que se ve, no es muy de su agrado.
Se preguntaba mi respetado articulista cuáles serían las "opciones de progreso" que causarían satisfacción a los hermanos de esa Logia que, día sí, y día también, parece que va enlazando su existencia con aquella masonería que hubo una vez en España, con los pies pegados al suelo y que tanto molestó a las gentes de sable y sotana.
No he podido resistir la tentación de unir mis reflexiones a las del Sr. Greciet en torno a esos conceptos que cita: Progreso, laicismo, Democracia -así, con mayúsculas-. Y cierto es, como él dice, que en muchos casos las palabras disfrazan realidades contradictorias, aunque discrepo en que eso quiera significar que los conceptos son elásticos; más bien se trata en la mayor parte de los casos de una utilización fraudulenta de los mismos al servicio de algún sátrapa, o de alguna curia decidida a confundir los reinos sobre los que gobierna ¿A qué Democracia se referirán los masones? ¿Será la de la extinta R.D.A. la que les seduce? ¿Será el colorado populismo sudamericano regado con petróleo barato el que nubla sus peores instintos?
Es muy posible que, aunque el Sr. Greciet no lo haya pensado, exista todavía quien escribe la palabra Democracia con mayúsculas y exprese, no devoción, sino su cariño hacia ella tras haber vivido la última experiencia no democrática autóctona ¿la recuerda? Sí, me refiero a aquel reino que no tenía rey y que arruinó la vida a miles de españoles, encausados por un tribunal especial que procesó en España a más infelices que masones había en todo el continente europeo. Quizás, por elástico que se quiera dibujar el concepto, los masones hayan querido pensar en esta Democracia joven, todavía de huesos tiernos y que, seguro que en esto estamos de acuerdo, hemos de construír entre todos.
Los masones del Sr. Greciet también aman el laicismo. Lo decían el otro día en su solemne anuncio y también lo dijeron en Enero, en Oviedo, cuando organizaron una conferencia pública en el Auditorio pronunciada por Jean Michel Quillardet. Recuerdo que se titulaba "Laicismo y Democracia" ¿Y qué será el laicismo? ¿Tendrá algo que ver con una opción militante cuyo siniestro fin sea la eliminación de los católicos del juego político y social? Repaso mentalmente y no encuentro ningún ejemplo que ilustre este fatal propósito que sostiene el articulista de La Nueva España. Pienso en las hogueras y autos de fe y no veo a laicistas enfurecidos encendiendo las pilas de madera húmeda. A lo mejor me voy muy lejos en el tiempo, y estoy recurriendo a una "antigualla" histórica por la que ya se han pedido excusas. Entonces me vienen a la memoria esas fotografías en las que hombres de respetada jerarquía, hábitos y oropeles, levantan el brazo y cubren con el palio el lento caminar de un uniformado asesino y de su sonriente y arrugada consorte. Tampoco son los laicistas los que persiguen a los ciudadanos indefensos. ¿Será en el día de hoy que la laica turba descamisada amenaza a los católicos?: El Ayuntamiento de Oviedo compra con el dinero de todos pasos de Semana Santa y los regala a una cofradía; paga con el dinero de todos la iluminación de una Iglesia; hablemos de las exenciones fiscales, de los ingresos que por un concepto u otro recibe esta confesión privilegiada; hablemos también del llamamiento al voto de extrema derecha por parte de algún obispo... No, decididamente no nos encontramos ante signos sensibles de persecución ni de eliminación de los católicos de la vida política y social.
Lo cierto es que hasta que leí el artículo del Sr. Greciet yo pensaba que el laicismo identificaba la separación existente entre la cosa pública y las creencias íntimas y privadas de los individuos; esto es, que a nosotros, ciudadanos de a pie, nos gobiernen nuestros representantes, elegidos con arreglo a las reglas de juego que nos hemos dado, pero no los mulás, los rabinos, popes o sacerdotes de la confesión que sea. Creía, y sigo creyéndolo, que en este mundo de diferencias, todos los mulás del mundo, los rabinos, popes y clérigos han de poder creer, ejercer su magisterio y ser respetados por ello... Pero nunca gobernar, ni a mí ni a nadie, con arreglo a esas creencias asentadas siempre sobre religiones verdaderas. Pensaba, y sigo haciéndolo, que el laicismo implicaba neutralidad de los poderes públicos, respeto mutuo entre éstos y las confesiones religiosas, y no ingerencia mutua, ni directa ni indirecta. No puede ser nunca una religión la que defina qué es el matrimonio civil ni quiénes pueden ser los contrayentes. No puede ser tampoco un criterio religioso el que defina qué comportamiento es o deja de ser delicitivo; y ello por la sencilla razón de que son muchas las creencias, las ausencias de credo, las religiones; y todas ellas son igualmente dignas de respeto, sin que quepa que unas se impongan a otras y mucho menos que el Estado se entrometa en este complejo entramado.
Tampoco la noción de progreso que manejan los masones satisface al Sr. Greciet. Me da la impresión de que piensa que con el progreso ha sucedido lo mismo que con el liberalismo, que ha pasado de ser un término que cobijó a un nutrido grupo de ciudadanos comprometidos con las libertades individuales, en un mundo en el que éstas eran negadas y discutidas por una selecta parte de la sociedad, a dar un barniz de escaso brillo a las posiciones más reaccionarias y que encuentran en el mercado salvaje la solución a todos los males, cuando no en el dogmatismo religioso. Pero no, ni ha sucedido lo mismo, ni se trata de ninguna bandera de la que se haya apropiado nadie: Será progreso todo aquello que permita que el Sr. Greciet no pierda ninguno de los derechos que como ciudadano le corresponden, y que le hacen medianamente feliz en este mundo viviendo con arreglo a sus creencias; y será un avance mucho mayor el que exista la posibilidad de que otros ciudadanos también puedan administrar su dosis de felicidad, aunque ello se haga sobre la base de otras convicciones diferentes y el Sr. Greciet considere que son auténticos sofismas. Hay más opiniones que la suya y la mía, y entre todas se ha de construir este mundo.

4 comentarios:

andabao dijo...

Estimado Ricardo

Estoy totalmente de acuerdo contigo en tu comentario, ahora mismo voy a leer la nueva españ.
Sabes que es lo peor de todo?. Que no se ponga en contacto con la logia para conocer y contrastar los planteamientos que tenga sobre la masonería.
Como dice el refrán: "no hay más ciego que el que no quiere ver"

Gracias

Anónimo dijo...

Me indigna que sofistas como el abuelete este anden por ahí contando milongas, estos meapilas no tienen limite. Que desperdicio de papel en la Nueva España.
Khana

Anónimo dijo...

Desperdicio es tu comentario. No creo que sea oportuno criticar así a una persona que ha dedicado su vida al periodismo.

Anónimo dijo...

Básicamente difiero con este hombre ontológica, hermenéutica y -sí- también a nivel sofrológico. Esto es, que debo tener "una cara de epistemólogo" que no se la salta un egipciano arquetípico, suá quil suá. Soy algo más notable en mi imago, pero no voy a tener una vida luenga al estilo Greciet; demasiadas maldiciones superyoicas pesan en mi sangre masónica... Desde el respeto, y desde la ínfima cultura libresca que he podido reunir, creo que la ingerencia obsesiva del poder por parte de los contrarios al Biothánatos imita clara y sádicamente al Demiurgo-Astaroth, y no a un Dios que... ¿Y quién es Él, en qué lugar olvidó a Atanasius Pernath? No a un deus que... ¿Y quién es Él, en qué lugar se hizo phalangistus y adoró la Muerte de... sus "enemigos"? Tengo muy clarinete que, en caso de enfermedad física grave que implique amputación orgánica y-o menoscabamiento salutífero, al único deus al cual voy a rezar -y tampoco, porque es un cabrón- es al Doctor Hills, el cual también es un sadista ortodoxo, pero cuya aportación a la Medicina -guérir la vie avec la mort, etc.-, juramento hipocrático devenido jumento hipocrítico, es poner en negro sobre ario que el objetivo de la medicina, no solamente el de la psiquiñuela -a mí me torturaron en Oviedo los doctores del Mal bajo llave y humillación- es precisamente aplicar la carnicería de las ocas con los seres humanos debilitados. La Nueva España será la de Maiakovski y Ferrater. Muchos se alegrarán de mi óbito -dirán que estaba "loco"-, pero ¿saben qué? Biblias y vademécums nosotros, los Ungidos Esenios, nos las pasamos por el forro loh cohones... Y sí, antes que matar o perjudicar a terceros, desapareceremos -con la Máxima Dignitas posible o hacedera- por el túnel metacarpiano -no falangista- de la Lux Aeterna. El suicidio es sagrado, y quien ha sufrido acoso escolar y laboral por parte de sofistas, tocones y cobardes intimidadores tiene derecho a construir un ánimus y un espíritu, y a dejar -oh, muy atrás- groseros corpos y ánimas inferiores. Dixit, oh yeah...