domingo, mayo 6

Libertad

Ayer conocí a Libertad. Quiso hacerse una fotografía conmigo al final del acto que la Logia a la que pertenezco realizó en Gijón, recordando a aquella mujer que, además de su nombre, ha dejado también un ejemplo de entrega y trabajo que anima e impulsa muchos de los pasos que vamos dando. El padre de Libertad fue uno de tantos alcaldes republicanos fusilados. Sus restos se encuentran en la fosa común de Gijón. Un instante de emoción en torno a un homenaje que la ciudad recupera. Un instante hermoso, de esos que quedan ya guardados en esa caja invisible donde escondemos los buenos recuerdos, aquello que vidrió un día nuestros ojos...
Libertad escuchó atenta todo cuanto se dijo. Atendió la palabra de Paz Fernández Felgueroso, alcaldesa de Gijón, que también estuvo presente y recordó para todos que aquel rincón pequeño, en el que una losa blanca cubre el sepulcro de Rosario Acuña, quedaron también depositadas las cenizas de su compañero, Daniel Palacio.
Saber que Libertad estaba allí, acompañando a una Logia, preguntándome por lo que significaba aquella "estola" que llevaba al cuello, recordando cómo su familia cuidó de las gallinas de Rosario Acuña en aquella casa suya abierta al gigantesco mar, hizo que por un momento mi cerebro volviera a recuperar las imagenes vividas en el mes de enero. Pensé en su padre. Pensé en la deuda que tenemos con todos aquellos gracias a los cuáles hoy estamos aquí; gracias a cuya lucha y empeño hoy yo puedo escribir, lamentarme, pensar, hablar, soñar... Recordé el homenaje que el Gran Oriente de Francia hizo en Gijón al comenzar este año.
Encontrar también a la alcaldesa en el antiguo cementerio civil, sabedora de que asistía a un homenaje hecho por masones a una masona, me hizo pensar también en las quejas que en alguna ocasión he dejado aquí expuestas, bien por ausencias dolorosas en unas ocasiones, o por presencias en lugares y actos donde yo consideraba que no debía estar. No me retracto de las quejas y no me arrepiento, pues las expuse con respeto, basándolas en mi pensamiento y ejercitando una libertad que me corresponde. Pero también es cierto que ayer estaba allí, a mi lado. Habrá quizás quien intente utilizar una fotografía que electoramente no es rentable para ella. Sin embargo lo importante es reconocer que en Gijón esta mujer ha dado un paso importante: representar en una instantánea fugaz el respeto mutuo de dos entidades diferentes: la soberanía popular de una parte; y de otra una sociedad civil, maltratada durante mucho tiempo, vestida por quienes la combatieron con los harapos del mito, la leyenda negra y la ignorancia.
Yo sé que hay y habrá durante mucho tiempo quien no querrá aparecer cerca de un francmasón o una francmasona; negar eso o permanecer impasible frente a ello es un disparate y una traición a nuestros principios y reglas de funcionamiento: existimos para cambiar las cosas y para nuestro propia transformación. El gesto de ayer de Paz Fernández Felgueroso, sin embargo, hará replantearse a muchas personas el falso fundamento que tienen sus creencias y prejuicios. Ni cuernos, ni rabo puntiagudo, ni olor a azufre. Siempre hay quien necesita meter los dedos en la llaga. A Libertad no le hizo falta.
Quiero darle aquí las gracias a los que nos acompañaron ayer. Hay un sentimiento especial de mi parte hacia Libertad; y también hacia Paz Fernández Felgueroso, Alcaldesa de Gijón, porque en esta ocasión ha estado donde debía. Ayer fue un día hermoso: El encuentro con el amigo que se marchó hace algo más de un mes y que pude volver a abrazar de nuevo; la compañía y la palabra de la genial abogada indignada con la casta formada por los letrados jóvenes; la emoción de mis queridisimos amigos del Cotayu; mi apóstata anarquista y excomulgada que nunca vota; mi navegante navegadora...
Ayer fue un día radiante, sí, pero no me olvido de los que faltaron: os eché de menos.

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