miércoles, mayo 30

Le petit Nicolás

Un buen amigo me envía desde Francia la fotografía oficial del nuevo Presidente de la República. Es una fotografía evidentemente modificada, quizá para adaptarla a una realidad que en breve se revelará inevitable.
Víctor Hugo admiraba a Napoleón, el primer emperador de los franceses que llenó de cráteres media Europa y fue una pesadilla para los absolutistas del viejo continente. A quien unos cuantos años después sería conocido como Napoleón III, el escritor francés lo llamó "Napoléon le petit", pues no heredó de su tio genialidad alguna sino un gusto discutible por la pompa y la circunstancia en un país que, todo hay que decirlo, tiene mucha predisposición hacia las ceremonias, los entorchados y encajes. Napoléon le petit, ya es conocida la historia, naufragó también entre cañonazos, en la batalla de Sedán, sin más pena ni gloria que haber dejado terminados los grandes bulevares de París y el edificio que Garnier ideó para la Ópera. Algo es algo.
Nicolás Sarkozy, la peor amenaza que la Francia laica ha experimentado en muchos años, viene arropado por un resultado electoral que no se puede discutir: El pueblo ha hablado. Pero el temor, la sospecha, conviven permanentemente con la soberanía popular; y yo temo y sospecho que todas las ínfulas quedarán, como siempre, en nada.
Sarkozy el grande dice que va a moralizar el capitalismo. Una incógnita se abre ante nosotros que, sabedores de lo que significa el capital, desconocemos a qué moral se refiere el nuevo Presidente de Francia. Y desconocemos más: ¿Qué cascabel es el que quiere ponerle este hijo de buena familia a don dinero?
Más de lo mismo. El Napoleón grande de Víctor Hugo lo definió muy bien pensando en uno de sus ministros y con una frase certera y demoledora: "Una mierda en un calcetín de seda". Tiempo al tiempo.

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