miércoles, mayo 2

Las misas de Pablo Iglesias

Hace unos días recogía aquí una reflexión sobre la calefacción de la Parroquia de Caldones, pagada por los feligreses del lugar y celebrada con un agasajo al que asistieron dos concejales de la ciudad de Gijón. Me preguntaba acerca del porqué de estas mezcolanzas electorales, políticas y religiosas que tanto abundan cuando nos acercamos a la cita pública con las urnas. El otro día un querido hermano que me ha librado en los últimos días de unos cuantos dolores de cabeza, me comentaba indignado que la candidata socialista a la alcaldía de Avilés, otro pulmón económico y cultural de Asturias, iba a asistir a una serie de actos parroquiales en Llaranes. Hoy me ha llegado el enlace en el que se informa del evento. Una paella solidaria organizada por la Parroquia y una misa de campaña.
El Partido Socialista Obrero Español es, hoy por hoy, el único que puede hacer algo efectivo por la transformación confesional de nuestro país. Es el único que, en la izquierda, tiene capacidad real de gobierno y es el único que puede exhibir esa voluntad de cambio, avanzando hacia la implantación o consolidación del laicismo en nuestra sociedad. No me queda nada lejos el mitin que José Luis Rodríguez Zapatero pronunció en Rodiezmo dos meses después de ser elegido Secretario General y donde, por primera vez, se habló de una España culta y también laica.
Estoy convencido de que a la mayor parte del auditorio aquello de la cultura le entró por los oídos y le quedó dentro. No en vano el socialismo español, en su fundación, estuvo estrechamente ligado a la actividad educativa en las casas del pueblo, y a los programas reformistas de una enseñanza pública que, o no existía, o se concentraba en manos de la Iglesia católica. Pero de la misma forma estoy también seguro de que aquello de la España laica no lo entendieron muchos. Y la prueba de ello la tenemos en la actitud de algunos dirigentes que mezclan sus respetabilísimas posiciones y convicciones personales con actos públicos ajenos a ellas: Un alcalde no debe ir a misa a título de autoridad pública. Un candidato o una candidata a la alcaldía no debe mezclar sus actos electorales con actividades de culto confesional. Y un partido político mucho menos.
Vamos por muy mal camino si los discursos laicistas se quedan en palabras y los hechos contradicen a la teoría ¿Cómo podremos criticar que en ciudades como en Oviedo, gobernadas por una opción política diferente, el Ayuntamiento haga frente a un gasto de 180.000 € para comprar un paso de Semana Santa que luego se regala a una Cofradía? ¿Dónde está la diferencia entre unas posiciones ideológicas y otras si no se es capaz de respaldar con actos reales y efectivos los planteamientos teóricos?
Sería interesante recordar cuáles eran los planteamientos originarios del socialismo español en este punto. Lejos de ser anticlericales tenían una noción muy clara de cómo habrían de construírse las relaciones entre la sociedad civil y las confesiones religiosas. El anticlericalismo, el gran error, vino luego. Pero, al margen de recordar esto sería interesante que no se cometiera de nuevo otro gran error: Decir y hacer cosas contradictorias levantando el puño y llevando a Pablo Iglesias a los altares.
¿Qué pasará el día en que en Avilés haya una comunidad islámica electoralmente interesante? ¿O en Gijón? ¿Se mezclará también a los Ayuntamientos en el Ramadán y se cubrirán nuestras candidatas la cabeza? ¿Habrá que ir a las mezquitas a entregar rosas a los fieles? ¿O acaso ahí diremos que "esa es otra religión" y "no es la nuestra"? ¿Daremos entonces el espaldarazo definitivo a este sistema vigente, que consagra la existencia de religiones de tres categorías en función de sus relaciones -más o menos privilegiadas y financiadas- con el Estado y las administraciones públicas?

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