sábado, abril 21

Floreal Arnal

A Floreal Arnal le conocí en junio pasado. Había escuchado muchas veces a Víctor hablar de él; y también a Machado, y a José Artime. Pero yo le conocí y le escuché en el mes de Junio, en Moissac, a orillas del Tarn y muy cerca de la confluencia de este río con el Garona.
Era un día de sol; caliente, despejado y tranquilo. Un día lleno de luz, apacible.
Le escuché hablar con una voz tonante, fuerte, segura, sobre la historia de la reconstrucción de una Logia emblemática para los españoles: La Toulouse. A ella pertenecía. Formó, con el asturiano José Artime, parte de aquel equipo que hizo renacer a una Logia que sirvió de refugio al exilio republicano español y que se había ido marchitando.
Explicó cómo el tiempo era el aliado indispensable de todo masón; cómo el trabajo ha de ser hecho con paciencia infinita, con profunda reflexión, sin prisas, hasta llegar a ver algún pequeño y esperanzador fruto.
Floreal me llamó un día por teléfono. Era también una tarde luminosa y mientras hablaba con él, los rayos de sol entraban en mi habitación y su voz se escuchaba igual de sonora a través del auricular. Había recibido unos versos míos dedicados a José Artime y quería saber si podía leerlos en un homenaje público.
Floreal Arnal, cuyo nombre simbólico -esa costumbre masónica tan española- era el de un poeta -Lorca-, llevaba a España en su pensamiento y en su sentir. Cruzó la frontera, niño, en plena guerra civil y perdió a una hermana, niña también, en la huída de la derrotada democracia republicana. Creció en Francia y Francia le acogió. Allí trabajó y vivió. Y allí acaba de apagarse esa luz brillante y cálida a la que asocio su nombre, republicano y primaveral, reflejo de la fuerza, de la vida y del combate de la razón.



Se esconde el sol de la mañana
en el amanecer gris y eterno;
huye el viento arañando las esquinas del día
y el agua del ancho río verde y sereno
se pierde lejos, entre los ojos de un puente nuevo.
Allí, donde todos los ríos encuentran
el lugar que les pertenece,
estarán los cansados huesos,
la mirada clara
y la voz de trueno.
Un verso pequeño,
una palabra breve,
quiere detener un tiempo que se oscurece.
Las sombras heridas.
La razón que no duerme.
El oriente infinito adonde los hermanos vuelven.



En Gijón, un día de Abril, una primavera de España del año 2007, recordando a Floreal Arnal.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Precioso! Sencillamente precioso.