sábado, abril 21

Crónicas Tetuaníes

En relación con el laicismo parece que no estamos solos aquellos que defendemos que esta idea, pilar de la democracia en tan pocos lugares del mundo, avance y se consolide. En este sentido España va incorporando poco a poco este planteamiento a su debate cotidiano, a pesar del interminable lastre que supone el pasado vivido, el soportado y también el padecido.

El Instituto Cervantes en Tetuán ha organizado las Crónicas Tetuaníes, inauguradas al alimón, nada menos, que por Juan Luis Cebrián y Juan Goytisolo. En Marruecos se ha hablado de laicismo o, tal y como ya se dice por todas partes afrancesando innecesariamente la palabra, de laicidad. Ha sido la Alianza de Civilizaciones la que ha permitido enmarcar el debate y la exposición de estas dos figuras de indudable peso; una alianza que Goytisolo prefiere definir como "de valores".

Sean las civilizaciones o los valores los que se alíen, me produce mucha satisfacción el sólo hecho de que el laicismo sea una cuestión más de la que hablar entre los que aspiran a erradicar la fuerza y el dogmatismo como ejes vertebradores de la convivencia ciudadana. Hablar de laicismo, ya sea en Oviedo o en Tetuán, tiene que servir para transmitir una idea clara de lo que éste significa y supone para los hombres y mujeres que integran las sociedades. No se trata de segregar a las religiones o a quienes profesan una u otra creencia; o de sostener conductas antirrelilgiosas como regla general de comportamiento. Se trata sencillamente de aceptar el hecho religioso como un componente más de las libertades individuales, pero evitando que lo que es una convicción íntima y personal pueda ser utilizado como argumento o fundamento de pretensiones totalitarias, estableciendo como verdad universal aquello que no puede ser otra cosa que una respetable "verdad" particular sin más trascendencia para la colectividad.

Desde esta perspectiva -aquí lo hemos escrito en muchas ocasiones- los Estados, que han de permanecer escrupulosamente neutrales frente al hecho religioso y sus múltiples manifestaciones, sí tienen en este momento en el que las culturas y las personas se mezclan casi ilimitadamente, la obligación y la tarea de encontrar los puentes y lazos de unión; aquellos elementos que, dentro de tanta diversidad, permitan el encuentro, el entendimiento, la construcción de estas sociedades nuestras que habrán de afrontar una transformación ya imparable en los próximos años.

Hace dos días escuchaba con cierto espanto a una persona joven , supuesto especialista en alguna materia religiosa, que, en una tertulia televisiva, hablaba con una muy mal encarada Isabel San Sebastián y le explicaba "el peligro" que suponía la proliferación de mezquitas en España. Citaba aquel presunto sabio el ejemplo del proyecto existente para Barcelona, donde se preveía que los soñados minaretes se alzaran orgullosos por encima de las torres de la Sagrada Familia. La preocupación me resultó ridícula; me hizo recordar a aquella pugna entre gallegos y asturianos en Ciudad de La Habana con sus respectivos centros y que, cómo no, ganaron los asturianos con una ocurrencia "grandona": El arquitecto Manuel del Busto edificó el Centro Asturiano y en una manzana próxima se levantó el Centro Gallego. Resultó que la piquilla existente entre las dos comunidades emigrantes encontró en la altura de los edificios una excusa para burlarse de la falta de medios del compatriota, halagando a la par la grandeza propia. Los asturianos, perdedores en la carrera, decidieron modificar los planos del edificio contra todo criterio estético y añadir finalmente, cuando nadie se lo esperaba, una especie de castillete que permitía sobrepasar el horizonte trazado por el tejado de los gallegos. Yo no sé si con los minaretes de Barcelona sucederá lo mismo, pero el programa de televisión, emitido por la cadena de la Iglesia católica, trabajaba en una línea diferente a cualquier iniciativa laica, tolerante o de aceptación de la diversidad. Pretendía advertir sobre la peligrosa implantación del Islam en España y la llegada de dinero de los Emiratos Árabes, fuente de radicalismo religioso.

Hoy he tenido conocimiento por otra parte de un incidente en Burgos con abucheos dirigidos al Cardenal Rouco Varela. Tremendo error éste, tan español y tan universal, de ahogar con griterío al adversario. Nadie sabe el flaco favor que se le hace a los ideales laicos, a los principios de la democracia, con actitudes semejantes; y mucho más cuando ese adversario conoce a la perfección la interpretación del papel de vícitima y perseguido.

Son estas las actitudes que hay que evitar y que, en muchos casos, son totalmente contraproducentes para quienes quieren otro estado de cosas. Son los planteamientos basados en el miedo, en la creación de un antagonismo insalvable donde sólo hay una diferencia, los que nos tienen que preocupar realmente aunque éstos sean los que pasen más desapercibidos; y es el espíritu de las Crónicas Tetuaníes el que ha de animar nuestros pasos mejor que las algaradas callejeras dirigidas a un alto e intolerante mandatario de una confesión religiosa. Nuestro trabajo, por tanto, tiene un claro objetivo: encontrar los puntos de encuentro allí donde el dogmatismo sólo quiere que se vean distancias insalvables.

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