sábado, abril 28

Bayonetas laicas

Hace ya mucho tiempo me entretenía mirando las fotografías de las revistas y periódicos que mi bisabuela guardaba en una alhacena. Rebuscaba y podía encontrar verdaderos tesoros que habían quedado sepultados en la montaña de papel. Entre todo aquel desorden aparecían los ejemplares del "Mundo Obrero", que en tantas ocasiones repartía mi bisabuelo, y recuerdo de aquella época un titular: "El marxismo no viaja en tanque". La fotografía de la portada estaba tomada en Polonia. Eran los años en que el sindicato Solidaridad desafiaba el sistema totalitario soviético y emergía por contra aquello que se llamó Eurocomunismo; unos soldados aparecía en la estampa al lado de un vehículo blindado. Una mancha negra en una nevada superficie blanca.
El recuerdo de la infancia ha resucitado otra vez gracias al pronunciamiento que acaba de hacer el ejército turco, guardián de la república laica. No he podido evitar el paralelismo con aquel titular, porque tampoco el laicismo viaja en tanque ni necesita del brillo de las bayonetas para establecerse.
Fue Mustafá Kemal Atatürk quien fundó la moderna República de Turquía. Una Turquía muy diferente a aquella de los Sultanes que se convirtió en el primer país que dio el voto a las mujeres, mucho antes que algunas civilizadas naciones de nuestra órbita. Sin embargo, la historia de este país que ahora suscita tanto interés ante el auge del islamismo por una parte, y su petición de entrada en la Unión Europea por otra, tiene en sus pliegues verdaderos instantes de oscuridad protagonizados por un ejército que ha entrado en juego siempre que lo ha considerado conveniente. Ésta de ahora parece ser una nueva ocasión para blandir la espada y que todo el mundo sepa a qué atenerse.
Son tiempos convulsos: No hace tanto el islamismo radical se ha atrevido a apretar el gatillo de sus pistolas contra intelectuales turcos que, probablemente, son quienes pueden aportar algo de riqueza y contenido a ese razonamiento colectivo que para la modernidad y el progreso ha de afrontar la sociedad de este país. Las bombas estallan en Estambul llevándose por delante la idílica imagen que brindaba hasta hace poco el exotismo oriental al alcance de la mano. Hace un par de semanas una masa ingente se manifestaba en Ankara y se concentraba ante el mausoleo en el que reposan los restos del fundador de la moderna Turquía; reclamaban el carácter laico de la nación, amenzado por la presencia en el gobierno de lo que se ha venido en llamar islamismo moderado.
Echando la vista hacia atrás, se sabe con certeza de la militancia masónica de muchos comtemporáneos de Atatürk, que se embarcaron con él, tanto en el ejército como en el partido Unión y Progreso, en la tarea de refundar Turquía. Del propio Mustafá Kemal se cree que fue iniciado en la Logia "Macedonia resorta et veritas". Y es un hecho cierto también que a principios del Siglo XX un gran número de oficiales pertenecientes a la masonería se enfrentaron con los islamistas radicales capitaneados por Abd-Al- Hammit, hasta que por las armas lograron expulsar a aquel y a sus fuerzas de Estambul. La Masonería fue entonces, como siempre, el enemigo a batir por los radicales islámicos de entonces.
Los tiempos hoy, sin embargo, son otros. También diferente es la situación. Turquía tiene pendientes un gran número de asignaturas: Un régimen penitenciario y penal todavía extremadamente deficiente y escasamente respetuoso con los derechos humanos; una resistencia incomprensible al reconocimiento del genocidio armenio; una relación brutal en ocasiones con la comunidad kurda; y un ejército omnipresente en un país que se tensiona fácilmente ante otros como Chipre o Grecia.
Llama la atención la existencia de una gran masa de población consciente de lo que es la libertad religiosa y los riesgos que entraña la filtración del dogmatismo en el tejido social. Es este un fenómeno interesante que debería ser observado con mucha atención desde Occidente, pues es a esa población, preocupada por la irrumpción en la vida pública de un partido para el que la religión y la política mantienen un sólido nexo, a la que hay que sostener y la que debe de servir de punto de apoyo si se quiere que determinados valores, que en nuestros sistemas democráticos son fundamentales, tengan eco en un lugar que puede convertirse en una puerta abierta a una cultura y un mundo diferentes. Sin embargo, la concienca laica de una ciudadanía no necesita de la fuerza de las armas para establecerse o ser aplicada. El laicismo no puede ser entendido sino como un avance de la democracia; forma parte de la democracia misma. Cualquier recurso a la amenaza velada, esto es, lo que acaba de suceder con el ejército turco, no guarda relación alguna con el laicismo: Eso es otra cosa. A los ejércitos no les corresponde otra misión que la que les encomiende el poder civil que surge de las urnas; no corresponde a ningún uniformado preocuparse o manifestar inquietud. Y no le corresponde tampoco erigirse en guardian de nada. En Turquía asistimos a una experiencia muy interesante; en estos tiempos que corren sabremos pronto si, en función de los pasos que se den, nos encontramos ante un país en el que su sociedad es capaz de administrar una profunda transformación, o si, por el contrario, nos encontramos únicamente ante un decorado de cartón piedra tras el que se esconde una verdadera dictadura. Si esto último es lo que sucede, Europa deberá decir "no". Pero si a pesar de todo y los malos presagios, la razón, el diálogo, el intercambio de posiciones diferentes,son los elementos que acaban ocupando el espacio público, entonces esta vieja y digna Europa nuestra deberá estar lista para aprender una buena lección.


Artículo publicado en De Igual a Igual

2 comentarios:

::Alejandro:: dijo...

Primero, disculpa mi mal manejo del castellano, que no es mi idioma, pero me pareció tan interesante lo que escribiste que me atrevo a poner un comentario. Como tú, me incomoda la idea de que el ejercito turco juega algún papel en la situación actual que vive Turquía, pero mis amigos turcos (amigos laícos que he conocido por internet) me lo explican de esta manera: nosotros en occidente tenemos un privilegio del cual ellos no gozan, que es un trayectoria histórica de democracia, pero para ellos, la democracia y más aún el estado laíco es mucho más reciente y va contra los corrientes de la sociedad y la cultura musulmana en el cual se encuentran. A veces, tiempos difíceles requiren de soluciones difíciles, y de repente es esa amenaza del ejercíto turco que marca la línea en la arena ante las pretensiones de los islamistas turcos. Me ha provocado mucha emoción ver tanta gente hoy en las calles de Istanbul, saliendo a defender sus derechos ante una ameneza que ni tu ni yo que vivimos en sociedades sumamente distintas podemos imaginar. Creo que si algo así pasara acá, me sentería reconfortado, de cierta forma, al saber que por lo menos cuento con el apoyo de mis fuerzas armadas para garantizar mis derechos ante cualquier amenaza.

No sé si me explico bien, pero espero que lo tomes a bien mi comentario.

¡Que viva Turquía democrática y laíca!

Saludos.

javierlunaro dijo...

Q.·.H.·. Un saludo de Javier de la R.·.L.·. Heracles del G.·.O.·.D.·.F.·. Te escribo desde Jaén y me encanta leer tu blog. Recibe mi T.·.A.·.F.·.