sábado, marzo 3

La calefacción

Recuerdo con mucha nitidez el disgusto que me llevé cuando participé en el acto de homenaje a José Artime Fernández. Militante histórico de la Unión General de Trabajadores y miembro del Partido Socialista Obrero Español, este masón de la Logia Toulouse, Gran Oriente de Francia, último superviviente español del campo de concentración de Dachau, encomendó a mi Taller el cumplimiento de una de sus últimas voluntades: Depositar parte de sus cenizas en el mar, frente al pueblo de Luanco que le vio nacer.

La agrupación socialista de Luanco estuvo en aquella ocasión a la altura de los hechos, pues no sólo participó en el acto de homenaje, sino que hizo cuanto estuvo en su mano para que aquél pudiera celebrarse. Pero no puedo decir lo mismo del sindicato al que Artime había pertenecido con tantisimo orgullo: Cometimos el gran error de realizar el homenaje un día 30 de Julio de 2005, coincidiendo con la fiesta que la UGT celebraba en la localidad de Tapia, la famosa "bonitada" que muchos conocerán. No hubo en toda Asturias un militante de primera, segunda o tercera fila capacitado para representar simbólicamente a una fuerza sindical que había perdido a tan ilustre militante. Una llamada que pretendió ser exculpatoria fue la única respuesta a nuestra invitación.

Ahora, pasados ya unos días, me vuelvo a enfrentar a la misma sensación que viví en aquel momento, pues no ha sido necesario esperar mucho para ver al Ayuntamiento de Gijón, tan renuente a acompañar a los hijos del exilio que en enero visitaron de la mano de la Logia Rosario Acuña nuestra ciudad, participar en un acto que se da de narices con eso que llamamos "sociedad laica", y que tanto predica el PSOE en los últimos tiempos llevándolo malamente a la práctica. Y es que en Caldones, pequeño pueblo situado a nueve kilómetros de Gijón, dos concejales del Ayuntamiento, Dulce Gallego y Tino Venturo, asistirán hoy a la fiesta organizada por la iglesia del pueblo para conmemorar a la primera parroquia asturiana que instala una calefección en los altares. El evento es de tal calado que la misa que se celebrará contará con la participación estelar del Obispo auxiliar, Raúl Berzosa.

Si me pregunto qué pinta el Jefe de Estado participando en actos de una confesión religiosa y no a título privado o personal, no voy a dejar de hacerlo al referirme a dos concejales del Ayuntamiento o a la Alcaldesa de la ciudad en la que nací. Podría decirme alguien que a lo mejor es porque el municipio ha costeado la calefacción de marras para que los feligreses ejerzan con mayor comodidad el culto que "libremente", desde su más tierna infancia, han elegido. Pero, aparte de que eso sería indignante, tampoco es buen argumento: La calefacción la han pagado dos donantes que asistirán a la misa y que, a buen seguro, no tributarán por el Impuesto de Donaciones que nos afectaría a todos los demás.

¿Qué pinta entonces un concejal de un Ayuntamiento en semejante celebración? Pienso que, teniendo las elecciones a la vuelta de la esquina y tratándose de la convulsa zona rural de Gijón, la respuesta se torna fácil. Departir con los vecinos, dejarse ver aprovechando una coyuntura ajena a la gestión municipal, puede parecer un buen motivo para arañar un puñado de votos en un momento en que el aliento de la derecha se siente muy, muy cerca. Pero no vale todo. Afortunadamente no sirve cualquier cosa y a algunos nos sigue doliendo mucho el desprecio, el taimado silencio, la deslealtad con la propia historia y el pasado, gracias a todo lo cual nosotros estamos hoy aquí.

Por lo pronto ya sé qué tenemos que hacer la próxima vez que queramos contar con la participación de algún munícipe en nuestros actos: Una "fartucada" que coincida con una convocatoria electoral y con ocasión de la inauguración de nuestra propia calefacción: Porque nadie sabe el frío que pasamos los masones en las logias y la cantidad de electricidad que gastamos en nuestras largas reuniones, conspirando a todas horas para incomodidad y nerviosismo de los concejales, que siempre encontrarán algo mejor que hacer el día en que querramos alzar la cabeza con orgullo, en vez de mezclarse con esas gentes extrañas, adornadas de oropeles, y que van hablando por ahí de una sociedad laica y de los riesgos y peligros a los que se enfrenta la Democracia.

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