sábado, marzo 17

Eutanasia: La ley necesaria

Mientras en España celebramos la recientísima aprobación de la Ley de Igualdad, sabiendo de su importante trascendencia para aquello que venimos defendiendo desde hace años; otros nos alegramos también de la anhelada entrada en vigor esta semana la Ley de Identidad de Género, que hará la existencia feliz a muchos y muchas transexuales de nuestro país; y otro número importante de ciudadanos y ciudadanas vemos cómo, a pesar de los riesgos a que se enfrenta el Fuero navarro -cosa que nos tiene a todos preocupados- y los problemas de Mariano Rajoy con los masones, a los que quiere prohibir por ser secta secretista, nuestra sociedad comienza a dar signos de madurez en torno a una cuestión en la que resulta siempre inevitable entrar en debate con las confesiones religiosas; espcialmente con la católica, que estos días alumbra la tea para incinerar fotógrafos, incita a la desobediencia de la normativa educativa del Estado, y reza fervorosamente por los sufridos desahuciados que no se resignan a esperar a la muerte aunque éstos no lo pidan.

Sí, Inmaculada Echevarría, la mujer que llevaba diez años en una cama afectada por una distrofia muscular, sin poder respirar por sí misma, ha muerto. Había pedido que se le retirara la máquina que la mantenía con vida y reclamado respeto a su decisión. Incialmente solicitó que se pusiera fin a su existencia inyectándole algo; pero cuando lo que planteó fue la retirada del respirador artificial al que estaba unida, las cosas cambiaron.

En España la Ley de Autonomía del Paciente permite que éste pueda decidir cuándo no quiere continuar con un tratamiento médico. El colectivo "conservador" -Foro Español de la Familia, Fundación Bioética-, han venido a decir que en este caso se ha suprimido una medida de soporte vital, pero no un tratamiento médico; es decir, se habla desde las cavernas de eutanasia encubierta.

Para tener las cosas un poquito más claras creo que merece la pena diferenciar algunos conceptos que, como siempre, intentan mezclarse para que al final nadie tenga una referencia concreta ni un conocimiento exacto de la materia. Así, hablamos de eutanasia pasiva en aquellos supuestos en los que, dentro del respeto a la Ley de Autonomía, se desiste de mantener con vida a una persona por medios artificiales cuando no hay posibilidad alguna de recuperación. Es el caso de Inmaculada Echevarría.

Pero existe también lo que se ha venido en llamar suicidio asistido. Sería el caso conocido de Ramón Sampedro, retratado en la película "Mar adentro", calificada por algún extremista de catacumba como apología de la eutanasia: El paciente recibe en este caso la ayuda necesaria de un tercero para quitarse la vida. En España la conducta está sujeta al correspondiente castigo previsto en el Código Penal.

Existe el suicidio no asistido, fórmula de todos conocida que impedía enterrarse en sagrado y que no sé si lo sigue impidiendo; también la sedación terminal, donde no se provoca por el médico la muerte del paciente, sino que se medica a este para evitar su sufrimiento.

Y finalmente nos encontramos con aquello que genéricamente se define como eutanasia y que, con más precisión, vamos a llamar "eutanasia activa": El médico suministra al paciente terminal los fármacos necesarios para poner fin a su vida.

Inmaculada Echevarría ha renunciado a aquello que la permitía mantener una existencia que para ella, a tenor de sus manifestaciones, no aportaba nada más que sufrimiento. Su voluntad era la de morir dignamente y ése fue el objeto de su lucha en los últimos años. Qué duda cabe que su caso ha hecho despertar y revivir un debate que permanecía apelmazado.

Lamentable ha sido la obstinación sacerdotal en este caso: Inmaculada se encontraba ingresada en un centro de titularidad eclesiástica, el hospital de San Rafel, perteneciente a la orden de San Juan de Dios. Y a pesar de que el parecer del equipo médico que la trataba era favorable a respetar su voluntad, las presiones de la jerarquía eclesiástica impidieron que su deseo fuese atendido. Ha habido que trasladar a la paciente a un centro sanitario de titularidad pública para poder hacer real su voluntad y, en definitiva, alcanzar el respeto de las leyes vigentes en este Estado nuestro, tan soberano para unas cosas y tan de medias tintas para otras.

Antonio Cañizares, Arzobispo de Toledo, ha pedido un rezo de la milicia católica por el alma de Inmaculada ¿le habrán preguntado a ella, quienes tanto respeto piden, si su deseo era ese? ¿Tenemos que ser todos católicos, apostólicos y romanos? ¿No podemos ser otra cosa diferente? ¿Por qué siempre caen los príncipes de la Iglesia y algunos de sus seguidores en la nauseabunda tentación de querer imponernos a todos su credo, su forma de ver las cosas, su sentimiento más o menos trágico de la vida?

España empieza a madurar. A pesar de la cerrazón de tantos; de la dureza del verbo de muchos; del dogmatismo hipócrita de las sotanas, los cambios son imparables y pronto veremos, estoy seguro, un debate serio, sin demagogias , que alumbre un camino hasta la fecha oscuro, y que es ese por donde transitan nuestras existencias en busca de la felicidad.

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