martes, marzo 6

Educación para la Ciudadanía

A estas alturas casi todos sabemos que en medio del descalabro educativo que se ha ido haciendo carne y dolor en los últimos meses, ha surgido con peso propio y con entidad suficiente para servir de munición una nueva asignatura prevista por el Ministerio y que lleva por nombre "Educación para la Ciudadanía".


Si esto no fuera España, si se tratara de cualquier otro lugar, la consecuencia de tal iniciativa por parte de las autoridades públicas podría ser imaginada por cada uno de nosotros. Pero tratádose de la ancha llanura en la que vivimos es invevitable decir aquello que se le ocurrió a Don Quijonte en una noche oscura: "Con la iglesia hemos topado".


Si a cualquiera de nosotros se nos ocurre lanzar un juicio crítico sobre la confesión en cuestión hemos de saber que el juego victimista está asegurado: nos persiguen, se agrede a los católicos, no se nos resepta, es la dictadura del laicismo radical, esta sociedad sin valores, los nihilistas avanzan peligrosamente, recordemos el ejemplo de quien se sacrificó por nosotros...


Pero por contra, a pesar de que el reino sobre el que predican no es de este mundo, la Conferencia Episcopal española no pierde ocasión de lanzarse a la arena política y servir de brazo articulado de la más rancia intransigencia: En estos días de concentraciones (la gente de orden no se manifiesta, se concentra - recordemos la Plaza de Oriente de otros tiempos-), sólo nos falta ver al lado de las banderas falangistas y carlistas, y del gavilán pollero del imperio, algún alzacuello engordado a base de buenos diezmos. Todo se andará y no será largo el camino.


Lo anterior viene a cuento porque recientemente la iglesia católica española, a través de su órgano máximo de gobierno, ha venido a criticar el proyecto educativo para la ciudadanía: Se prevé por parte del Gobierno que la asignatura se imparta, con carácter obligatorio, tanto en la etapa primaria como en la secundaria. Y en cuanto a los contenidos parece que nuestro alumnado tendrá que saber algo acerca de la democracia, de valoraciones críticas frente a prejuicios sexistas, racistas, xenófobos, homófobos y antisemitas; y algo aprenderán también nuestros escolares y adolescentes acerca de los nuevos modelos de familia que existen.


Crecidos con la reciente sentencia del Tribunal Constitucional que les permite seleccionar al profesorado que pagamos todos con arreglo a los particulares criterios de su convicción religiosa; crecidos con unos acuerdos en materia económica, educativa y cultural que no van a ser revisados al menos en los próximos cinco años, nuestros prelados se han atrevido a decir que la asignatura en cuestión supone un adoctrinamiento por parte de la Adminstración al alumnado y la realización efectiva de una "educación moral", de modo tal que los padres tienen todo el derecho del mundo a decidir la educación moral que quieren darle a sus hijos, de modo tal que el Estado no puede imponer ningún contenido. Si esto es así, si se trata de una "educación moral" al modo en que la concibe y explica la iglesia, nuestros obispos sostienen que no pueden ser impartida en los centros educativos, sino en otro espacio físico diferente. Directamente, entrometiéndose en la soberanía del Estado, invocan y apoyan la "obejeción de conciencia" de los padres y llaman directamente a la desobiediencia
El enfrentamiento de los centros religiosos concertados, con todo lo que hay detrás y los sostiene, con el Gobierno de la Nación es inevitable. Y una vez más sólo hay una salida en el horizonte que es poner punto y final a esta costumbre heredada de otros tiempos con arreglo a la cual una confesión religiosa pretende decidir cómo se ha de legislar y cómo hemos de vivir los demás. Eso, por supuesto, exige terminar con este servilismo religioso a que nos vemos obligados y reordenar el marco jurídico de forma tal que todo este océano de dudas y lagunas se seque definitivamente.


Pensar que el conocimiento de la democracia o el respeto a los Derechos Humanos es una convicción íntima de las personas, supone, desde el punto de vista de quienes defendemos una sociedad laica, equiparar el sentimiento o convicción religiosa con los fundamentos mismos de aquellas reglas que permiten y facilitan nuestra convivencia. Sin embargo, a la hora de reflexionar sobre el particular, no debemos olvidar nunca que quienes lanzan esta crítica furibunda contra una asignatura que conciben como producto del "laicismo anticlerical" que los acomente, no reconocen, ni van a hacerlo nunca, que su creencia religiosa sólo les atañe a ellos y no a la generalidad ciudadana; que sus convicciones, su pensamiento, es algo particular, íntimo, que no guarda relación alguna con el espacio educativo ni se corresponde tampoco con una sociedad plural, multicultural o multireligiosa. Varas de medir diferentes y un enunciado falso:


Democracia, derechos humanos, libertades públicas... Nosotros no hablamos de convicciones íntimas: hablamos de las reglas mismas de juego y de aquello que permitirá y permite que sigamos pensando, hablando, conquistando el legítimo derecho a disponer de nuestra existencia, a no imponer ni que nos impongan. Sí, decididamente unos y otros hablamos sobre cosas diferentes.
Una buena educación ciudadana tal vez lo hubiera evitado... Y no fue hace tanto...

11 comentarios:

Anónimo dijo...

La cuestión no es la Iglesia Católica, sino los padres y el derecho constitucional (at 27.3) a educar a sus hijos conforme a sus convicciones éticas o religiosas, sean católicas, ateas, agnósticas, judías o de cualquier tipo. Pero, claro, el 80% de los padres piden en los colegios Religión católica para sus hijos...Esta inmensa mayoría sociológica inusual del todo en España en cualquier tema prácticamente, debería hacer recapacitar al gobierno del abuso de su conducta y sobre todo de que es manifiestamente inconstitucional.

Ricardo Fernández dijo...

La cuestión sí es la Iglesia Católica, que es la que se está encargando de hacer oposición al Gobierno con este tema. Ayer mismo, día 3 de Junio de 2007, Rouco Varela, Arzobispo de Madrid y ex Presidente de la Conferencia Episcopal, animaba a los padres a hacer eso que llaman "objeción de conciencia".
El Gobierno tiene una legitimidad que no tiene la Iglesia: Gestiona la cosa pública respaldado por las urnas. Y esto es así se trate del PSOE, del PP, o de quien resulte elegido. Lo que está sucediendo no es otra cosa que una confesión religiosa está diciéndonos qué tienen que estudiar los hijos de los españoles y dónde.
Aquí no tiene nada que ver el artículo 27.3 de la constitución ni la asignatura de religión: ese es otro debate muy diferente.
Aquí de lo que hablamos es de "Educación para la ciudadanía"; si esa "educación" es un adoctrinamiento "laicista" -como sostiene el clero-; o si por el contrario el Estado tiene, a través de sus instrumentos, capacidad para decidir el contenido de las materias que se han de impartir en los colegios e institutos. Ése es el debate. Lo de la religión lo has metido, compañero, a calzador, y cuando yo no hacía ninguna referencia a ello.

xito dijo...

El problema no es que la iglesia pida la objecion de conciencia. Lo verdaderamente importante es que la EpC pretende educar en valores que los ciudadanos deberían aprender en casa. Vale que hay familias donde no existen valores ningunos, pero ésto no legitima a esta asignatura a impartir clases sobre temas que sólo conciernen a los padres, porque son éstos los que deben decidir que educacion dar a sus hijos.

Ricardo Fernández dijo...

Democracia, derechos humanos, libertades públicas, esos son algunos de los contenidos de la asignatura.
El Estado tiene toda la legitimidad del mundo mientras esté pilotado por un Gobierno que surja de las urnas, para perfilar los contenidos de la asignatura.
Y sí, el problema es que la Iglesia Católica, que nunca ha admitido objeciones de conciencia para con sus postulados, quiera que el dogmatismo de sus principios sea el que determine qué ha de impartirse en los colegios y qué no. Desde el momento en que la Iglesia entra en la batalla política, actuando como ariete de un partido, forma parte del problema.
El que los padres tengan que dar una educación a sus hijos -la que consideren más conveniente- no quita para que en las escuelas se explique a los alumnos cuáles son las reglas de convivencia y de respeto universalmente aceptadas: Me estoy refiriendo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a los Derechos Fundamentales que reconoce nuestra constitución.
El problema aparece cuando algunos creen tener la verdad absoluta y el único código de valores aplicable. Pero eso no es así.

xamsham dijo...

El respeto a los Derechos Humanos debería venir inculcado ya de casa, pero en absoluto está de más que el Estado haga todo lo posible por defenderlos e inculcarlos a la gente. Si esto evita que se margine a una sóla persona homosexual o a un inmigrante, una paliza a un indigente o que un sólo niño sea en un futuro un neonazi habrá merecido la pena su implantación.

Bienvenida se a esta Ley

Anónimo dijo...

Yo alucino. La Educación para la ciudadanía se debe traer de casa y la religión debe estar en la escuela pública. Esto cada vez està más al revés. Soy valenciano, aquí los parques de ocio, las carreras de fórmula 1 ahora son públicos y la sanidad, la educación y los servicios sociales son privados. Dónde puedo dimitir de todo esto????

Rosa Mutábilis dijo...

El Estado tiene el Derecho y el Deber de protegernos de nosotros mismos, no debe permitir que, amparados en el nombre de sectas fundamentalistas muy poderosas, muchos padres atenten contra los derechos constitucionales de sus hijos. No puedo entender que se imparta educación desde instituciones religiosas, Ciencia y supersticiones no pueden convivir.
El Estado tiene que ser muy claro con esta asignatura, nadie puede hacer un llamamiento a la rebeldía, todos sabemos que quienes lo están haciendo defienden la doble moralidad, la hipocresía; ellos no han conseguido ni uno sólo de los avances de la sociedad española, pero se benefician de ellos después de haberse opuesto con empecinamiento, como por ejemplo al divorcio.
Los niños y jóvenes españoles viven (gracias al sudor, sangre y lágrimas de muchos que incluso han dejado su vida en ello) en una sociedad democrática y como tal deben aprender los valores democráticos, no puedo entender como las leyes no penalizan a quienes manipulan contra este derecho democrático. Es una asignatura imprescindible, pero, por supuesto, tienen que cuidar muy mucho para que no se convierta en una "maría", para que esté impartida por profesionales y de un modo concienzudo.

Educación para la ciudadanía dijo...

Yo entiendo que pueda haber unas reglas comunes pero son mínimas, y desde luego no forma parte de ellas la persecución religiosa, la marginación a los que piensan de otra manera, el odio y la crispación... ¿De qué reglas hablamos? Educación para la ciudadanía es para convertir a l ciudadano en un señor que paga impuestos y no da la coña al gobierno. ¿O hay algo más? Al menos no lo parece. No hablamos ya de que sea el estado, laico o no, quien eduque a nuestros hijos, esto es un atropello propio de Stalin o de Lenin, no de nuestras sociedades democráticas. En fin, que no, al menos como está planteada.

Ricardo Fernández dijo...

Al Sr. o Sra. "Educación para la ciudadanía".
Creo que hay que ver el programa educativo antes de emitir otros juicios: Sí, hay algo más que pagar impuestos (por cierto, la Iglesia ya da formación en este terrreno en la edición de su último catecismo y dice que es pecado). Lo de no dar la coña al gobierno sí que no sé de dónde lo saca.
En cuanto a las referencias a Lenin o Stalin no puedo decirle otra cosa que me deja perplejo. No sé qué tiene que ver nuestro sistema con esos dos sátrapas.
La verdad es que con un nivel de desinformación tan elevado es difícil poder construír nada.

Educación para la ciudadanía dijo...

Ricardo, sin ánimo de que te enfades, la asignatura es una patraña del gobierno para el adoctrinamiento del buen ciudadano, del buen ciudadano que paga y es sumiso y respetuosos al sistema, no hay más. Bueno sí, que los homosexuales tambien se apuntan al adoctrinamiento como terapia. No le veo mucho sentido y el ciudadano es el que pierde. El recorte de libertades es obvio, ya no se puede ni pensar por libre.

Ricardo Fernández dijo...

No puedo enfadarme porque alguien discrepe de mí, aunque estemos en las antípodas uno de otro. Y en este caso estamos, muy, muy distanciados: No entiendo la asignatura del mismo modo que Ud. En mi opinión nuestro Estado tiene la potestad de regular el régimen educativo. La materia es producto de un debate parlamentario y de un procedimiento democrático. Figuraba dentro de un programa electoral. Y ha sido votada como se ha hecho con todas las leyes que nos regulan, nos gusten más o menos.
Aparte de eso, yo no encuentro adoctrinamiento por ningún lado.
Probablemente tengamos una noción diferente de lo que este término quiere indicar.
Salud.