miércoles, marzo 21

Ciudadanas

Hoy, Charo Hevia, magistrada y titular del Juzgado de lo Penal Número Dos de Gijón, publicaba el artículo que transcribo a continuación, y que me ha parecido de un interés que, seguro, contagiará a muchos y muchas.
Yo, que conozco un poco a la autora, me alegro de que dentro de este mundo togado, triste y sobrio, aparezca esta nota de sensatez, de reivindicación y de razón, sobre todo de razón.


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Olympe de Gouges fue guillotinada el día 3 de Noviembre de 1793. Su crimen revolucionario fue exigir la ciudadanía para las mujeres. Si entendemos la ciudadanía como la capacidad que tiene una persona para determinar su destino en el interior de una sociedad, Olympe fue muy consciente de que la declaración de incapacidad de la mujer para ostentar derechos civiles y políticos en la supuesta sociedad democrática que instauraba la nueva burguesía tras el proceso revolucionario francés, limitaba de forma absoluta ese destino. Su declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana selló el suyo bajo la hoja afilada que arrancó su cabeza.
Por eso causa estupor que se hable de objetar en conciencia a la prevista asignatura de educación para la ciudadanía. Renunciar a conocer el alcance de los derechos y deberes que como miembros de una sociedad nos compete; derechos y deberes que desde hace unos años se definen en los textos legales que hemos dado en llamar constituciones; es renunciar a la conquista de la ciudadanía. A la condición de pares unidos por un contrato social que basado en el principio irrenunciable de igualad nos ofrece, a todas y todos, la posibilidad de determinar con libertad nuestro destino en el marco de un Estado.
Como estupor causa la afirmación de que la asignatura de religión educa para la ciudadanía ¿De qué religión y de que ciudadanía hablan? Porque la condición de ciudadanos del Estado Vaticano es un derecho o privilegio del que gozan muy pocos de los que se declaran católicos, y parece poco viable redimensionar su territorio para que acoja a todos los que dicen profesar esa religión.
Cuenta Hanna Arendt que confesó a un rabino su falta de fe y éste le contestó que la religión podía pasar sin ella, tan solo exigía obediencia. La declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano abolió, para los varones, la obediencia como la razón de su identidad social. La Declaración Universal de los Derechos Humanos hizo realidad por fin la lucha de Olympe para la no exclusión de las mujeres de la condición de ciudadanas. Cuesta trabajo creer que la conciencia parental pueda privar a su progenie del conocimiento sobre el alcance del ejercicio de sus derechos y la asunción responsable de sus obligaciones.
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Olympe de Gouges fue guillotinada en 1793, acusada de estar implicada en actividades del ala "girondina". Es la autora de la Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, encabezada con esta frase: "Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta."

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por compartir este artículo. Aprendo mucho en este blog. Doy las gracias a su administrador por su dedicación y generosidad.

Rosa Mutábilis

Jovekovic dijo...

Me parece tan bueno tu artículo que me tomo la libertad de poner un enlace en mi blog.
Una reflexión magnífica, y ciertamente desalentadora, sobre el poco aprecio que se profesa a la libertad y a la dignidad.

sergio dijo...

:-)
Muchas gracias por el esfuerzo con la transcripción!!!!