viernes, febrero 2

Revisión de precios

El «Boletín Oficial del Arzobispado de Oviedo» publica en su último número la nueva tabla de estipendios y ofrendas que regirá en las parroquias de la diócesis asturiana durante este año. Los estipendios corresponden a la celebración de misas y las ofrendas a bautismos, bodas, funerales y entierros. En la tabla del presente año las tarifas registran un incremento del 4,5 por ciento, bastante por encima del incremento del coste real experimentado por los precios de mercado. Así, la misa ordinaria pasa a costar 8 euros, y 250 euros las misas gregorianas. Para el bautizo se estipulan 15 euros y 60 para el matrimonio. El funeral sin entierro cuesta 40 euros y con entierro, 75 euros. El entierro en distinta parroquia se fija en 35 euros. Los aranceles a aplicar por documento son los siguientes: expediente matrimonial, 22,30 euros, y certificado literal de partida sacramental, 11,48 euros. Los ingresos que las parroquias reciben por todos estos conceptos se distribuyen en tres partes: un 20 por ciento se destina a la propia parroquia y otro 20 por ciento al fondo común diocesano. El 60 por ciento restante se asigna al sostenimiento del clero.

La noticia que reflejaba esta tensión inflacionista en los precios eclsiásticos y que aparecía hoy en la prensa asturiana, venía amortiguada con otro titular: La Iglesia católica asturiana ha donado un millón y medio de euros en el año 2006 a la organización "Manos Unidas", entidad afín a la confesión, y que en principio trabaja por la erradicación del hambre y la pobreza en lo que conocemos como Tercer Mundo.

No pude menos que volver a acordarme de Evita Perón arrojando pesos a manos llenas por la ventanilla de un tren. Y digo esto por aquello sobre lo que tantas veces he apuntado acerca de la financiación de la Iglesia: ¿Por qué les cobran a los fieles católicos si ya estamos pagando todos los españolitos de a pie los estipendios y las ofrendas?

Habría que preguntarse cómo se ha de llamar a esta beneficencia hecha a costa del esfuerzo de todos. Lo publicado hoy revela, a mi modo de ver, una enorme contradicción de todo el sistema. Nada tengo que criticar respecto al destino de los dineros eclesiásticos; nada hay que decir más que alguna ironía sobre las fórmulas recaudatorias que se empleen con los propios fieles. Pero sí hay mucho que decir cuando todos somos los que en realidad pagamos esos desvelos caritativos; ese sustento del clero. Y mucho más hay que decir cuando se observa que no existe un control real sobre el origen, tránsito y destino de todos los ingentes recursos económicos de los que nunca más volveremos a saber. Es fácil ser caritativo cuando los dineros que se usan para tal fin no son los propios. Eso es realmente lo que está sucediendo, y ello a pesar de esa falsa imagen recogida en la prensa que apunta a una autofinanciación o a un esfuerzo solidario desmedido. No me tome nadie a mal este apunte: No soy capaz de olvidar a dónde iba a parar el dinero de muchas organizaciones misioneras ¿Alguien se acuerda del escándalo de Gescartera? Quizá aquel fiasco económico me marcó de por vida y me hizo más descreído de lo que era hasta ese momento. La culpa no es mía. Sean indulgentes.

1 comentario:

Cesar dijo...

Que se les cobre, que se les duplique, triplique o lo que sea menester, que se les exija el diezmo si fuera necesario.. pero a los demás.. que nos dejen en paz.
Mi dinero (y el que dejo que gestione Hacienda) que no se vaya para fomentar una particular creencia.