domingo, febrero 18

Portugal

LLevo muchos años deseando ir a Portugal. No sé si son las imágenes que retengo en la retina de la ciudad de Lisboa, captadas en la televisión o en los libros, los discos de Amalia Rodrigues que mi padre escuchaba cuando yo era niño en aquella radio tocadiscos que se trajo de Francia, o mi gusto por los azulejos o el bacalao. El caso es que desde hace ya tiempo este es un viaje que cobra cada vez más peso en esa lista de asuntos pendientes que, de un modo u otro, todos vamos confeccionando en nuestro fuero interno.
Entre tanto voy y no, el país de José Afonso, el pequeño país que se despertó un día entre claveles rojos gritando "terra da fraternidade", acaba de darme una pequeña alegría.
En los años ochenta se celebró en Portugal un referendum cuyo objetivo era introducir una normativa muy similar a la española relacionada con el derecho de la mujer a abortar y, en consecuencia, a avanzar en la conquista de su libertad y decidir sobre su propia existencia. Aquella primera consulta, en un país con un impresionante tejido rural, todavía atrasado, al que España ha mirado muchas veces como el pariente pobre buscando el consuelo del mal ajeno para evitar la vergüenza del propio, dio un resultado negativo. Las posiciones conservadoras, fuertemente enraizadas a veces hasta en quienes se dicen gentes de progreso, y el peso de la iglesia católica, dieron al traste con aquel primer intento modernizador.
El pasado domingo, sin embargo, los resultados fueron otros. Una amplia mayoría de los votantes respaldaba la iniciativa legislativa para despenalizar la "interrupción voluntaria del embarazo" poniendo así fin a la epidemia de abortos clandestinos que había asolado Portugal conllevando además una alta tasa de mortalidad entre las mujeres.
El Portugal urbano, Lisboa y Oporto, las zonas más industriosas del país, ponían fin al dominio rural y a la imagen de atraso y de dominio eclesiástico. El Portugal laico ganaba una pequeña batalla con la conquista de este derecho de la mujer.
Crítica, muy crítica, ha sido la reacción eclesiástica, interesada en seguir gobernando conciencias con sus criterios desconociendo la existencia de otras posiciones y de derechos ajenos; sin embargo el golpe ha sido certero, dado desde la voluntad democrática de la sociedad civil y dirigido al corazón de la intransigencia y del oscurantismo secular. El Primer Ministro, José Sócrates, ya ha manifestado que, de inmediato, se desarrollará el texto legal, obedeciendo así el mandato popular. Ya no cabe dar un paso atrás.
Queda mucho por hacer no obstante. Ilustro esta reflexión con dos fotografías. Una, con cierto aire romántico, recordando aquel 25 de abril que alumbró la Revolución de los Claveles, símbolo de una época en la que todo un órden construído sobre el dogmatismo político y religioso, se desmoronaba agotado e incapaz de hacer frente a las ansias de libertad ciudadana. Otra instantánea, más antigua, refleja el momento en que una mujer es detenida, en este caso por reclamar el derecho a voto. Son dos lugares diferentes, dos situaciones distintas entre las que he encontrado un punto de conexión: Lo lejos que estamos realmente de tantas cosas y lo cerca que, por contra, pensamos que nos encontramos.
Hoy, el Portugal que fue no hace tanto símbolo de lucha, de rebelión, de futuro, acaba de dar un paso emprendiendo un camino ya realizado por otras sociedades europeas. A pesar de eso, sigue quedando mucho por hacer. Y no hablo ya de las grandes luchas por los derechos civiles, por las libertades públicas. Me refiero a las pequeñas cosas; a los hechos cotidianos que, poco a poco, van haciendo que los grandes cambios sean posibles ¿Cuántos desconocíamos que el aborto era un delito en el Portugal del 25 de abril, de la Europa del Bienestar? Yo, lo confieso, pensaba que el monte todo era orégano. Sin embargo, aquí al lado, a pesar del clavel que enmudece el cañón del fusil, las autovías, los hospitales, las escuelas, las librerías atestadas de volúmenes, los cafés y las tertulias... A pesar de todo eso, aquí al lado, digo, morían mujeres como moscas víctimas de abortos ilegales provocados por el prejuicio religioso, el político y, como siempre, la negación de la libertad individual. Aquí, al lado de nuestras casas, se procesaba a las mujeres por no poder ejercer un derecho elemental. Pensamos pues que la imagen de la sufragista queda ya lejos pero, sin embargo, no cuesta mucho encontrarla en nuestra civilizada burbuja. El paso que se ha dado es, por tanto, gigantesco aunque todavía no podamos guardar determinadas estampas en el baúl de los recuerdos.
Sí, decididamente hay que viajar e ir a Portugal.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

O sea, un asesinato como el aborto te parece un intento modernizador... En fin... No más comentarios...

Ricardo Fernández dijo...

Yo no considero que el aborto, tal y como está regulado, sea ningún asesinato.
Y sí, me parece que las mujeres tienen todo el derecho del mundo a decidir sobre su cuerpo y su existencia.
Sin más comentarios

gilber dijo...

Querido Anónimo:

La desinencia de genero "-o" me clarifica tu postura.....

Leo entre líneas y quiero ver en tu persona ese ejemplo de amor al prójimo, de perdón de las ofensas recibidas, de militancia en la renuncia al yo egoísta, de comprensión y en ese momento en que caigo en la cuenta de toda la bondad que transmites, del magisterio que nos aportas, justo cuando el olor de rosas se expande por todos los rincones, ahí justo, cuando te veo con los talones a punto de despegarse de este mundo perverso y pecador, en ese momento digo, te imagino con una barriga de 7 meses y con un feto que porta malformaciones, que pone en peligro tu vida, que no es ni fue deseado o que es fruto de una violación o de una relación frustrada, entre otras muchas posibilidades que te han ocurrido y que te rompen la vida.

En ese momento es cuando veo con plena carga ideológica tu mirada beatifica, tu cara de felicidad, de comunión con el futuro ser humano que se gesta en tu cuerpo, la ilusión con la que le transmitirías tu bienestar en este momento.

Es en ese momento y no en otro, cuando transmutado a la desinencia “-a” y libremente te considerare cargado de derechos para opinar sobre que hacer con esa protuberancia que te ha salido.

Hasta entonces…. Sin más comentarios.

Gilber

(Por cierto, yo también tengo desinencia “-o” y soy padre de dos hermosas niñas, a las que espero no ver con la duda de si deben abortar o no, pero si lo tienen que hacer, serán ellas las que tomen esa decisión y yo, como padre amantísimo, las apoyaré y las confortaré)

Anónimo dijo...

“Aquí, al lado de nuestras casas, se procesaba a las mujeres por no poder ejercer un derecho elemental”.

Suelo leer con detenimiento este blog, nunca en ninguna parte me había encontrado a gente tan a fin, pero no puedo con las incongruencias. A usted, a ustedes, se les llena la boca defendiendo el feminismo, pero pertenecen a un reducto en el cual, hoy, la mujer no puede entrar en iguales condiciones que los hombres.

Traté de inscribirme en la logia “Rosario de Acuña”, leí que sólo había que llamar a la puerta, pero… había un pequeño detalle (perdón por la grosería, pero no encuentro otra forma de decirlo más exacta), no se me permite formar parte de ella porque no tengo pene, simplemente por eso; puede que pasase todas las pruebas, es posible, pero no tengo pene, me quedaré con la duda de si podría formar parte de un grupo, el más, admirado por mí.

Usted ha tenido la amabilidad de responderme, pero perdón, venerable, no estoy de acuerdo con usted, por mucho que le admire, ni lo estaré nunca. No acepto “paternalismos”, usted me habla de la forma en que Rosario de Acuña, entró a formar parte de la masonería, y me habla de ello, como si eso sucediese en un pasado remoto, como si ahora para las mujeres fuese distinto, “siento” su paternalismo como una losa, y le aseguro que me duele mucho, jamás aceptaré formar parte de ningún grupo que se denomine “femenino”, sólo la palabreja me trae recuerdos que me erizan la piel, usted es muy joven, pero yo tuve que hacer el Servicio Social, en la “Sección Femenina”(quería sacar el carnet de conducir), y le aseguro que jamás formaré parte de un grupo que se califique así. Y tampoco aceptaría realizar trabajos “bajo el techo de una logia exclusivamente masculina”.

Soy consciente de que poco le/les importarán mis comentarios, pero, como en otras muchas cosas, sólo me queda el derecho a la “pataleta”.

Me gustaría comentar, ya para finalizar, que estuve en el cementerio el 20 de enero en aquel emocionante homenaje, por supuesto que lloré, como casi todos, era imposible no “sentir”, era completamente imposible; aquel mismo día oí dos comentarios impresionantes, uno recordaba a aquella mujer negra, que se sentó en un autobús en un lugar, que estaba reservado para blancos y que, tras estar en la cárcel y sufrir muchas humillaciones, consiguió que los negros pudiesen sentarse en cualquier parte del autobús, y, el otro, recordaba a una mujer, a miles de kilómetros de la anterior, pero no menos valiente, que estuvo meses y meses sentada en las escaleras del ayuntamiento de Gijón, pidiendo, exigiendo, que en la fosa común hubiese un símbolo digno, que recordase a quienes habían muerto defendiendo sus ideas. Por supuestísimo, que no osaré compararme con ellas, pero pensé, justo en aquel momento, que ellas sabían que se enfrentaban a quienes sabían, de sobra, que eran sus enemigos, pero yo, al hacer pública esta opinión, me enfrento, a quienes considero “mis maestros”, que tanto podrían enseñarme y que me lo perderé sólo…, ya saben… por no tener pene. Ustedes pueden entrar a cualquier parte, a cualquier grupo del que yo formo parte, y les aseguro que son muchos, yo, sin embargo, no puedo pertenecer al suyo, al que más admiro y me gustaría. Usted, venerable, me ha dicho que hay votaciones “democráticas”, que ustedes son “liberales”, quisiera sólo saber una cosa: ¿Quiénes votan? ¿Cuántas mujeres?

Espero, no haberles ofendido, pero llevo mucho tiempo callada, y creo que tengo el derecho a dar mi opinión, usted habla de que en Portugal se procesaba a las mujeres por no poder ejercer un derecho elemental, yo creo que pertenecer a la logia “Rosario de Acuña” es un derecho elemental “mío”, y como soy muy sentimental, a veces subo al cementerio, hasta planté alguna florecita alrededor de su tumba y le digo: Rosario, ya verás… lo conseguiremos.

Fdo: Rosa Mutábilis




La rosa mutábilis, es una rosa primitiva, anterior a todos los injertos, no es una rosa de esas hermosas conseguidas “en laboratorio”, yo creo que es “mestiza”, cambia de color a lo largo de su vida, como se cambia de opinión, de la misma manera, porque nadie está en poder absoluto de la verdad y a medida que uno va madurando y escuchando a los demás, va rectificando. Es muy sencilla, creo que tiene la hermosura de lo auténtico.

Un saludo

rossamutabilis@gmail.com

gilber dijo...

Para ti, Rosa, mi aprecio, mi reconocimiento y mi respeto.

No soy masón o al menos no los soy formalmente y probablemente mi único freno para llegar a solicitar mi entrada sea precisamente que los masones que conozco, que mas me inspiran a la hora de compartir mi pequeño mundo, que mas ideas me aportan, que mas me enriquecen se encuentran integrados en una organización que impide que las mujeres sean miembros de pleno derecho.

Realmente es una lastima que la punta de lanza del pensamiento sea redonda.

Insisto.

Para ti, Rosa como mujer, mi aprecio, mi reconocimiento y mi respeto.

Y mi lucha.

Ricardo Fernández dijo...

Querida Rosa:

Muchas gracias por su comentario, Rosa.

Lo aprecio mucho y coincido con él en muchas de las cosas que dice.
En lo que no coincido es en la referencia al paternalismo:
Cuando escribo en el blog, escribo aquello que siento y acerca de muchas cosas por las que lucho. Y es público y notorio en todos los sitios que he defendido siempre una concepción determinada de la masonería. Soy joven, pero son también muchos años los que llevo diciendo las mismas cosas y comprometido con las mismas ideas.

Y pensaba como sigo pensando, aunque ello implique que mi planteamiento pueda no gustar a quienes quieren una masonería masculina, a quienes la quieren femenina y a quienes ven en la mixtidad una amenaza a su situación actual. Y, más aún, aunque implique recibir críticas también de quienes quieren un cambio y, no saben, o no quieren saber, cuál es mi posición y qué hago cada día para que las cosas cambien.

Créame, las cosas no cambian solas, motivo por el que siempre expongo mi opinión públicamente.

No se me llena la boca de nada: siempre he defendido lo mismo y siempre he dicho las mismas cosas. Y seguiré reivindicando, con mi propio método, una ley de plazos en materia de aborto y que los seres humanos puedan convivir en los mismos espacios, con independencia de que tengan pene o vagina, entre otras muchas cosas.

Yo también pienso mucho en Rosario y me digo ¡Rosario, lo conseguiremos!