viernes, febrero 2

Nuevo Amanecer: una historia conocida

Una casa de acogida a mujeres maltratadas dependiente de la Comunidad Autónoma de Madrid es gestionada por una entidad religiosa. En este caso, si no me equivoco, los Evangelistas son los beneficiarios del negocio llevado a cabo, seguramente y como en tantos otros casos, por amor al arte y al prójimo. Apréciese cierta ironía en la descripción anterior, especialmente en lo referente a la cariñosa estima hacia nuestros semejantes y a la gratuidad en el esfuerzo y entrega.
Estas cosas, que conozco bien, funcionan siempre de la misma forma: Ya se trate de discapacidades varias o de colectivos como el de las mujeres maltratadas, cuando no es la Administración la que gestiona directamente el servicio público - que al fin y al cabo es de lo que se trata - ésta tiene la feliz idea de encomendar el asunto a un tercero. Normalmente ese tercero es una organización dirigida por personas comprometidas con sus semejantes, con las ideas claras y con la voluntad firme; en otros casos, el colectivo en cuestión está administrado por individuos que necesitan, al menos, ser presidentes de la comunidad de vecinos en la que viven para conocer la felicidad. Esto abunda en gran medida y ahí fracasa el sistema de gestión indirecta en el que confía la Administración Pública, desbordada en tantas ocasiones, y que desperdicia recursos a mayor satisfacción de gerentes, vanidosos, y vivos, vivas y vivales que necesitan sus momentos de gloria, así como sentirse importantes llenando de paso los bolsillos con dinero público.

En el caso madrileño la organización evangelista Nuevo Amanecer acaba de apuntar su definitivo ocaso: denuncias por humillación a las usuarias del servicio, acoso y explotación laboral a las trabajadoras, vienen a marcar la puesta de un sol que apuntaba alto. Otra empresa, otro chollo, otra historia mal montada, barnizada además con la pátina religiosa y embebida del siniestro ánimo de cazar la subvención a costa de lo que sea. En este caso, las sacrificadas han sido, ni más ni menos, las mujeres a las que se trataba de acoger.

Y digo yo, ¿no hay en España comunidades religosas suficientes, de acreditado arraigo y prestigio, en las que apoyar la gestión de estos asuntos?


Tanto Estado del Bienestar para terminar de esta manera.

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