sábado, diciembre 9

¡Viva la Humanidad!

Mañana se celebra el Día Internacional de los Derechos Humanos. Y hoy me he despertado con la noticia de los sucesos de Moscú, en los que cuarenta y cinco mujeres han muerto en un centro de tratamiento de drogodependencias y alcoholismo que no reunía las mínimas condiciones de seguridad; y que se convirtió en tumba al producirse un incendio, parece que provocado, que comenzó en el interior del edificio.
Entre tanto cada día se producen miles de violaciones; mueren hombres y mujeres por muchas causas entre las que conviven el hambre, la enfermedad y el dogmatismo; se esclaviza a niños y se les utiliza como mano de obra barata o como fuerza de choque en conflictos bélicos en una y otra parte del mundo; y las potencias occidentales, las bienpensantes democracias del mundo que luchan por aquello que es justo, provocan una sangría en Irak que ha arrancado de una gigantesca mentira, o miran mil veces para otro lado lavándose las manos en una y otra parte del planeta.
La tiranía soviética ha caído. Ahora la sustituyen los herederos de la mafia creada en torno a aquel Comité de Seguridad del Estado que conocimos como KGB, y que se dedican como buenas gentes de orden a la realización de negocios lucrativos bien vistos, o más bien necesitados por las economías dependientes de los que se rasgaban las vestiduras ante la dictadura del proletariado burócrata. En China uno puede pasear por una ciudad de Pekín llena de policías de tantas clases que pierdo hasta la cuenta de los tipos de uniforme que llegué a ver; pero éste es ese gigante dormido del que hablaba Napoleón, que empieza a despertar llevándose por delante lo que sea, incluído el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas del que forma parte junto con Arabia Saudí.
El país que confía en dios según reza el reclamo de su billete verde, llena, a nombre de la libertad -tal y como predijo Simón Bolívar-, de odio y opresión al mundo: Ahí está Guantánamo y los artefactos jurídicos creados ex profeso en la gran democracia americana para justificar lo que no tiene justificación.
Hace dos días podía leer un correo en el que una persona conocida y que, todo hay que decirlo, me sorprendió gratamente, reflexionaba sobre la gran tragedia que vivimos en estos días; cúmulo de desgracias que surgen de un totalitarismo camuflado dentro de nosotros mismos. Debe tratarse de esa bestia inmunda de la que le he oído hablar a Jean Michel Quillardet, tantas veces derrotada pero siempre dispuesta, una y otra vez, a renacer. El escrito, sin embargo, terminaba diciendo ¡Viva la Humanidad!
Me queda, siempre que hago un repaso sobre todas las desgracias vividas y por vivir, la duda de si realmente conseguimos avanzar en algo; si realmente todo lo que hacemos sirve para algo. Y no puedo evitar tampoco preguntarme ¿qué estoy haciendo para que este estado de cosas cambie?
Creo que la cuestión, en un día como este colocado en el calendario supuestamente para llamarnos a la reflexión, debería formularse en plural ¿qué estamos haciendo? Y no se trata de ser crítico con nuestra pasividad, o con nuestra inutilidad, o con la locura de sistema o antisistema en el que habitamos. Se trata, verdaderamente, de saber si estamos haciendo algo más que marcar con cruces un calendario, por pequeño o insignificante que pueda parecer, y que nos permita seguir diciendo, a pesar de todo ¡Viva la Humanidad!
Gracias Gilber.

No hay comentarios: