miércoles, diciembre 27

Otras víctimas y otra memoria

Ahora que anda todo el mundo dándole tantas vueltas a la rueda de la memoria histórica, y que ha aflorado un producto legislativo que, de tan medido y comedido, nos ha dejado a muchos mudos por la decepción, no me resigno a hacerme eco en este ventanal de otra pequeña y sórdida historia de lo que fue la dictadura del general Franco.

No hace mucho leí un libro -El látigo y la pluma- que trataba sobre la represión sufrida por el colectivo de personas homosexuales; y hoy me he encontrado en la prensa con un sonoro recordatorio de lo que sucedió en España no hace tantos años. Las detenciones efectuadas por la policía secreta o por los "grises" eran una práctica habitual, en aplicación de aquella ley que se conoció popularmente como "La Gandula", esto es, la Ley de Vagos y Maleantes. No puedo evitar recordar ahora a algunos de mis profesores de la Facultad de Derecho que, cuando impartían su ciencia y saber, eran tan críticos con los legisladores modernos, lamentando la pérdida de aquella tradición de buenas redacciones y de leyes perfectas entre las que destacaba el Código Civil. Pienso hoy, viendo el nombre que recibió aquella ley funesta, que quizá la buena tradición legislativa se rompió en aquellos años en los que la Democracia se ahogó con el humo de la pólvora y del incienso.

"La Gandula" cambió de cara en el año 1970, y pasó a llamarse Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social: Ni qué decir tiene que las personas homosexuales eran declaradas "seres peligrosos", y que se les aplicaba todo el peso de la ley a los efectos de lograr su "reeducación". No puedo evitar pensar en la doctrina científica comunista cuando oigo la palabra "reeducación"; pero esto no sucedía en la China de la Revolución Cultural, ni en la gélida estepa siberiana, o en La Rampa de Ciudad de La Habana. Sucedía en la triste España, a la que tanto le pesaban sus alas de plomo.

Cuatro mil ciudadanos fueron engullidos en aquel momento por la maquinaria represora. Cuatro mil entre tantos miles de miles. Y la reeducación, combinada con las violaciones continuadas en el presidio, pasaba por el envío de los reclusos -muchos de ellos sin juicio (aunque bien mirado tampoco sé para que habría servido un juicio entonces)- a centros especializados en los que recibían supuestamente tratamiento regenerador. La terapia aversiva con descargas eléctricas, el terrible electrochoque, fueron el eje central de aquella "política" a la que se unió la doctrina católica impartida en las cárceles. Dos eran los centros creados para administrar esta especial tortura: El penal de Badajoz para "pasivos" y el de Huelva para "activos": Una visión simple y estúpida de la sexualidad humana. A las mujeres les tocaba, una vez más, quedarse sin la fatídica especialización terapéutica y eran remitidas directamente al manicomio. Así como suena.

Me animo ahora a colocar un enlace en esta página, el de la Asociación de Ex.-presos Sociales, con el ánimo de contribuír a que cierta noción de Justicia se consolide entre nosotros: Se plantea ahora por este grupo de ciudadanos y ciudadanas, obtener las indemnizaciones que compensen, aunque sea simbólicamente, aquel desatino llevado a cabo desde las más altas instancias administrativas de la época. Y espero que así sea. No hace tanto leía que, reconocidos ciertos derechos, era necesario pasar página y dejar de hablar tanto de homosexuales, adopciones, matrimonios... Pero tengo la impresión de que a veces hay un interés en recorrer este libro que es la pequeña historia de las miserias humanas con demasiada prisa; quizá porque algunas personas no han asimilado tan bien como quieren hacer creer las nociones de libertad y democracia con que en ocasiones se llenan la boca.

Reproduzco también el texto que figura en la placa colocada en Junio del año pasado en el penal de Huelva, placa excepcional en este país tan poco dado a recordar su historia para dejarla en manos tantas veces sucias y en bocas de las que no sale otra cosa que la mentira:


Para una generación de españoles, este establecimiento penitenciario fue símbolo de castigo y exclusión social hacia quienes decidieron ejercer su libertad y desarrollar una orientación afectiva diferente. Quede esta placa como reparación de la sociedad democrática a una injusticia histórica en recuerdo de los homosexuales que fueron encarcelados y como compromiso de que ninguna otra generación tendrá que pasar por nada semejante.
19 de Junio de 2005

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