miércoles, noviembre 1

Religión en las escuelas de España

Acaba de hacerse pública la propuesta del Ministerio de Educación, que dirige Mercedes Cabrera, en relación con la enseñanza de la asignatura de religión en las Escuelas Públicas. Cuando escuché las primeras noticias en la radio, la primicia se ofreció de tal forma que parecía que el la Administración Pública había dejado las cosas peor de lo que estaban con los anteriores gestores del Partido Popular. Para evitar especulaciones diremos que la letra del borrador del Decreto contiene estos dos artículos que reproduzco literalmente:

"3.Los centros docentes dispondrán las medidas educativas para que los alumnos cuyos padres o tutores hayan manifestado su voluntad de no cursar enseñanzas de religión reciban la adecuada atención educativa, a fin de que la elección de una u otra opción no suponga discriminación alguna. Dichas medidas deberán ser incluidas en el respectivo proyecto educativo del centro para que padres y tutores las conozcan con anterioridad".

"4.Los padres o tutores que manifiesten la voluntad de que sus hijos o tutelados reciban enseñanzas de religión podrán elegir entre las de religión católica, las de aquellas otras confesiones religiosas con las que el Estado tenga suscritos Acuerdos Internacionales o de Cooperación en materia educativa, en los términos recogidos en los mismos, o la enseñanza de historia y cultura de las religiones".

Durante todo este tiempo, desde que se paralizara la ley educativa de la derecha en 2004, el debate se ha mantenido con cierta incertidumbre por un lado; pero por otro también con la esperanza de que el Gobierno no acabaría plegándose a las resistencias de la Iglesia Católica. Finalmente sí se ha arrugado un poco. La satisfacción de la Confederación Católica de Padres de Alumnos me resulta hiriente ¿por dónde andan los defensores de la laicidad que existen dentro del Partido Socialista? ¿Dónde se habrán escondido los guardianes sindicales de la escuela pública? ¿Hasta cuándo tanta pasividad de nuestro lado?


Aunque soy partidario de su denuncia, asumo que existen acuerdos suscritos con el Vaticano en 1979 que hacen obligatoria la oferta de la materia de religión en los centros públicos. Nada se dice sin embargo en tales pactos respecto a quienes no quieran ser adoctrinados confesionalmente. Y de ese punto partió el Gobierno en sus primeras declaraciones sobre el particular: Habría religión, pero no habría asignatura alternativa a la religión y además ésta no puntuaría. Ahora, por contra, sí habrá una especie de historia de las religiones aconfesional para quienes no siendo católicos, judíos, protestantes o musulmanes, quieran recibir formación religiosa. Seguimos pues utilizando a las escuelas como plataforma para la enseñanza religiosa y haciendo de la religión una materia especializada para su enseñanza.
La Iglesia Católica, a través de sus diferentes instrumentos (Federación de Centros Educativos Religiosos, CONCAPA, etc.), y con el apoyo directo y expreso del Partido Popular, se ha opuesto siempre a esa idea inicial, pues es bien conocedora de que una asignatura de religión que no puntúe y que no tenga una alternativa para los "hijos de ateos", acabará irremediablemente con una pérdida de clientela en los pupitres. Si hay religión para unos, y para otros hay otra cosa diferente que les impida irse a sus casas, el fondo de comercio escolar, la clientela escolar, seguirá manteniéndose unas cuantas generaciones más. El borrador del Decreto deja en manos de cada centro educativo qué hacer con los estudiantes que no quieran recibir formación religiosa: Una ocasión perdida para marcar claramente una línea política en la materia, dando los primeros pasos para ir soltando amarras en materia de pedagogía religiosa.

Historia de las religiones es el nuevo invento educativo al que asistimos en un país no confesional y no laico. ¿Por qué tiene que haber una especialización histórica religiosa? ¿Por qué si caminamos hacia un estado laico seguimos admitiendo que la religión siga teniendo un hueco en las aulas? No hace falta responder quién resulta beneficiado con este bandazo anunciado silenciosamente el Día de Todos los Santos.

Siento una decepción grande que sólo la puedo indentificar con una ofensa al ideario socialista y con una lamentable flojera por parte del Gobierno, incapaz de sostener un pulso que, previendo este final, hubiera sido mejor no echar o evitar: Hay derrotas de las que es difícil recuperarse. Una vez más, al igual que sucedió con la Ley de Memoria Histórica, la montaña ha vuelto a parir otro ratón... Y van... No sé si mis días como militante socialista empiezan a tener fecha de caducidad y cuenta atrás; es lo que me sucede cuando en vez de sentir una sensación de fatiga por el trabajo realizado, experimento un hartazgo insoportable. Para colmo, estos días me he atragantado con la presencia de cierto personaje que camina con el carnet rojo en la boca, a la búsqueda de que llueva el maná en el campo... Bueno, de esto no tienen la culpa ni el Gobierno, ni el Partido, pero me duele tanto...
Y mira qué cara se le ha quedado a la monja... Señor ¡Qué tiempos!


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