sábado, noviembre 25

Orientaciones morales

Me esperaba que estos días en los que se ha reunido la cúpula directiva de la Iglesia española se hablara de la unidad de la patria, una cuestión que a los más radicales de los prelados les parece que alcanza un nivel de tan extraordinaria importancia que pasa a convertirse en parte de la doctrina moral de la propia confesión religiosa.


Pero como parece que no todos los hombres de negro ven el asunto de la misma forma, y que hay una pluralidad obispal que no digiere muy bien eso de la unidad de España al modo tradicional en que esto se ha presentado siempre en nuestro país, el asunto ha pasado prácticamente desapercibido. Aunque deberíamos decir para ser exactos que ha desaparecido de un plumazo del orden del día y del cuadro publicitario con que habitualmente se rodean las reuniones de la Conferencia Episcopal.


En su lugar se ha sacado a la luz un documento que recoge una serie de "Orientaciones Morales" dirigidas al "pueblo del señor" o a toda la ciudadanía española, no lo sé muy bien. Tales orientaciones traen causa de lo que los obispos definen como una situación nueva en España: La amenazadora ola de laicismo que nos invade.


No hace tanto, la derecha catalana a la que pertenece Durán i Lleida, se pronunciaba en contra de ese laicismo que pretendía reconducir el hecho religioso a la esfera privada; y arremetía contra la progresiva "secularización" que estaba experimentando la sociedad catalana y que podía llevar a la "clandestinización" del hecho religioso. Parece que también la sociedad española, atendiendo la preocupada mirada de los obispos, adolece del mismo "mal" y se enfrenta a los mismos insufrible riesgos.


Atendiendo a todo lo anterior podemos extraer alguna conclusión que pienso no puede dejarnos muy felices: En España no hay una política laicista declarada. El laicismo hispánico, que a veces, con más o menos razón se ha definido como laicismo de medias tintas, no existe como tal. Medidas políticas aisladas, que pueden ser un buen modo de hacer en un país que no hace tanto ha salido de la confesionalidad expresa, no pueden ser tomadas como un programa bien estructurado y con entidad propia para construir una España laica, esto es, una sociedad democrática en la que exista y se proteja la libertad religiosa, pero donde el Estado milite activamente en favor de la neutralidad de todas las instituciones públicas en sus relaciones con el ámbito de las diferentes confesiones, con todo lo que eso conlleva, especialmente en los terrenos económico y educativo.


La transformación de la sociedad española en este sentido, pasando de la dictadura polítco religiosa a la realidad que vivimos, ya lo hemos dicho en otras ocasiones, obedece más a la propia evolución de las cosas y a los errores que delata la intransigencia eclesiástica, que a un verdadero esfuerzo o a una clara conciencia política por parte de nuestros representantes públicos. Es más, algunos de esos representantes se compromenten día sí, y día también, con gestos y actos expresos, con la nefasta mezcolanza del hecho religioso y la vida pública.


A pesar, sin embargo, de esa peculiar realidad española, la Iglesia católica dibuja con inteligencia una España que no existe, pues no hay ola ni marea laica que nos invada. Se participa una vez más de la estrategia catastrofista asentada sobre la mentira. Se anticipan a una realidad que no desean; que algunos soñamos, pero que se detesta por parte de quienes basándose en las concepciones religiosas, intentan que éstas desborden el ámbito íntimo que corresponde a cada persona y sirvan para asegurar o mantener el control político que tradicionalmente se ha ejercido.


La realidad, no obstante, es que los cambios existen; y más real es el hecho casi indiscutible de que esos cambios pueden ir a más: Es por tanto el momento de seguir hablando de laicismo en España; de clarificar este concepto explicando que va mucho más allá de lo que puede ser una mera aconfesionalidad; de espantar los temores que surgen cuando interesadamente se confunde este hermoso pilar de la democracia con el anticlericalismo o lo antireligioso: Nada más próximo a la libertad religiosa, a las libertades públicas, a la Democracia, que el laicismo. Y es que hay orientaciones morales y hay mentiras.

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