domingo, octubre 29

Una historia de la Masonería en Asturias V. El Gran Oriente de Francia

La última vez que me referí a mis vivencias personales en el resurgimiento de la masonería en Asturias, me quedé en la desaparición de las instalaciones asturianas que habíamos podido montar al tiempo de incorporarnos a la Gran Logia Simbólica Española-Gran Oriente Español Unido.
Los escasos componentes que quedábamos en Asturias comenzamos a buscar una salida a nuestra situación. Así se empezaron a plantear los primeros viajes hacia el lugar en el que encontrábamos más cercano el socorro: Valladolid. Tres horas y media de coche cada mes para encontrarse con un grupo masones que trabajaban en principio bajo el cobijo de los mismos ideales. Nos reuníamos en un hotel. No recuerdo su nombre; pero sí guardo en la memoria parte del trayecto que seguíamos por las calles de la capital castellana hasta llegar a la improvisada logia. Recuerdo la escultura de la pensadora Rosa Chacel, que tocaba, cada vez que pasaba por aquel sitio, en un lugar en el que el bronce ya cobraba un brillo dorado por el desgaste de tantas manos curiosas.
Mi pertenencia a la Gran Logia Simbólica Española fue felizmente breve. Lo único positivo que pude sacar del paso por aquella casa fue haber conocido a Víctor Guerra, hombre leal y sin dobleces, que, con el tiempo, se convertiría junto con otras personas en una pieza fundamental para la construcción de este proyecto liberal en nuestra tierra. Mi regularización se produjo en Madrid -otro viaje más-. La Logia que realizó el "trámite" se llamaba "Gran Atanor"; y de ese taller se desgajó el grupo de vallisoletanos y asturianos que intentaron recuperar un proyecto decimonónico: La Logia Amigos de la Naturaleza y Humanidad, con sede en Gijón y de carácter mixto.
Poco duró la paz. Aquellos amigos de la naturaleza no encontraron un hogar tranquilo, pues dos visiones muy diferentes de la masonería se encontraron y colisionaron con todo el ruido posible. Recuerdo el tedio de los trabajos, crípticos, esotéricos, misteriosos: Una idea muy diferente de las cosas a la que algunos manejábamos, más aproximada a la tradición masónica española liquidada por el franquismo, comprometida con la sociedad de su tiempo.
Cansados de aquella sucesión de "misas dominicales" y fenómenos paranormales comenzamos a plantear la posiblidad de poner fin a los viajes poco a poco, y organizar una línea de trabajo diferente, social, preocupada por el suelo que pisábamos. Aquello no fue autorizado por quien ostentaba la veneratura ni por la mayoría de los miembros del taller, que vieron en la propuesta un intento de quebrar la unidad de la logia, pequeña, débil, errática. La consecuencia fue que el grupo asturiano abandonó el barco. Terminaron así drásticamente aquellas peregrinaciones de las que recuerdo especialmente una en la que Víctor y yo cruzamos el puerto de Pajares de noche, nevando, y con el riesgo de caernos por el precipicio. Yo creo que aquel día comenzamos a inclinarnos por poner fin a algo realmente aburrido e inútil que había liquidado velozmente nuestras esperanzas.
Así llegaron los días en que no había nada que hacer. Y así Víctor se enteró de que en Valencia una Logia, la Blasco Ibáñez, había tomado contacto directo con el Gran Oriente de Francia. Recuerdo que mi sufrido hermano hizo un nuevo viaje, y en Madrid contactó con quien entonces era la voz activa que rompía aquella disciplina nacional y territorial, y trabajaba para que un nuevo proyecto liberal entrara en España: Juan Antonio Sánchez.
La decisión de comenzar a trabajar para implantar el Gran Oriente de Francia en Asturias se tomó en la cafetería del Hotel España, en Villaviciosa. Si no me falla la memoria esto se produjo en el año 2000. Empezamos dos personas, pero casi sin mediar tiempo se incorporó a la iniciativa Paulino Lorences; y luego vinieron los viejos y leales amigos, compañeros, hermanos de batallas y vivencias, que aportaron cuanto pudieron. Indudablemente éramos muy pocos, pero en aquel primer grupo se aunó una voluntad fiel; y en masonería, como en todo proyecto humano, la fidelidad es el primer soporte indispensable para construir, ya se trate de un sueño o de una empresa ingente.
Así, con aquellas piedras y en contacto con Valencia, se formó el Triángulo Rosario de Acuña. La Logia Blasco Ibáñez nos acogió como miembros. Allí se me expidió en el año 2002 el título de Maestro Masón, al que había renunciado en la Gran Logia Simbólica. Y ese título me acompaña desde entonces.
Fueron muchas las complicaciones. Mucho el derroche de paciencia y trabajo para lograr que un día se autorizara la creación de la Logia Rosario de Acuña, al Oriente de Gijón. Y así, el 1 de mayo de 2004, 153 años después de la aparición en suelo asturiano de la primera Logia del Gran Oriente de Francia, nacía nuestro Taller.
Desde entonces hemos seguido trabajando. Cada día un pequeño empujón; aprendiendo a conocer la organización de la que formamos parte. Agradeciendo a tantos y tantos que nos ayudaron en Francia, en Alicante, en Canarias, en Madrid... Para no ser menos y no romper la tradición hasta tuvimos la correspondiente disensión. Pero esta vez la historia es otra. Y la contaré dentro de unos años.
A todos los que leéis esto; a todos los que habéis empujado este pesado carro que intenta recorrer los caminos de Asturias a pesar de los obstáculos, mi agradecimiento. A los que me habéis acompañado; los que habéis soportado mis momentos de desesperación y abatimiento; los que me habéis formado; a todos vosotros de quienes tanto he aprendido: mi agradecimiento.

1 comentario:

Marcos_Mateo dijo...

Sin duda, todo lo vivido, todo lo aprendido te ha llevado a donde estas ahora. Esos viajes de Asturias a Valladolid y viceversa, forjaban el carácter a cualquiera, sobre todo a los conductores. ;-)